LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 31 de marzo de 2018

Eucalipto y granito: Guimaraes

Cuando uno se aburre de contar eucaliptos a través de la ventanilla del tren, cuando duda de si habrá superado la frontera política para regresar a tierras gallegas siempre inundadas de este tipo de árboles, sucede que un castillo en lontananza se dibuja en lo alto de un otero y Guimaraes, imperio de roca granítica, cobra forma. Varios minutos han estado los vagones del tren escupiendo a turistas tras un viaje de poco más de una hora donde te sentías sodomizado por momentos. Tampoco es que aquello sea la panacea del viajero pero, vistas las (malas) referencias que traía, ha conseguido animarnos el día entre estampas de casonas blasonadas, casi castellanas, tal y como suele suceder siempre que las expectativas sestean en el congelador. 

Una iglesia potable, un palacio y un castillo de visita imposible por la huelga de funcionarios de museos, cuatro callejas de adoquín salpicadas por las necesarias tiendas de recuerdos y otra iglesia cerrada a cal y canto porque mañana es Domingo de Pascua (¿?), justo cuando ese debería ser el principal motivo para tenerla abierta de par en par mientras repican las campanas sin cesar. De los restaurantes paso de hablar porque basta decir que, viajando en estas fechas donde media España se concentra por estas esquinas (ayer de cada seis grupos de visita al Palacio de la Bolsa de Oporto, cinco eran en castellano), estaba cantado que iba a ser cosa muy difícil pillar un sitio no petado en el que la comida fuera reseñable. 

Mañana rumbo a Coimbra con el regusto agradable de Guimaraes y la percepción de que, a poco que aquello y Lisboa redondeen, Portugal va a habernos merecido la pena, lo contrario suele ser el mayor anatema del viajero.

 

viernes, 30 de marzo de 2018

Mil gaviotas en Oporto

Tiene la ciudad de Oporto un punto en común, difícil de calibrar, con la magia negra de Sao Luís de Maranhao, en Brasil. Salvador de Bahía es distinto, Río de Janeiro ni te cuento, diametralmente opuesto, pero aquí la capital maranhense parece encerrada a brochazos dentro de muchas imágenes y sensaciones. En esencia reflejan un tan angustiado como alicaído barrio de pescadores en épocas de tifones, cuando su único sustento se queda varado en la orilla y el alcohol es una tentación suficiente por necesaria para evocar días de vino y rosas. Puede que sea la decrepitud asociada al paso del tiempo, las cuestas, la mera existencia en la desembocadura de un río, llámese Mearim o Duero, las fachadas de azulejos que bien podrían olvidar su etimología árabe y centrarse en su azul de lejos porque, desde la distancia, ése es su color,… La decrepitud asociada al paso del tiempo. Básicamente. Abunda esa impresión, acentuada al tiempo que Maitane afirma que aquí todo huele a casa de la abuela. Y no le falta razón. 

De un modo constante te devuelves a las calles deseoso de aroma a salitre, humedad, de demostrarnos que quizá esté equivocada, y a panorámicas fugaces los azulejos viran a colores más vivos pero en murales no menos quebrados. Todo, hasta el ánimo de sus habitantes, como beodos suicidas en espera de salir a la mar, está trazado por una infinita línea en zigzags. Los adoquines del suelo, las fachadas de azulejos partidos o directamente perdidos, las rampas y cruces de calles, la sierra que es la panorámica de la ciudad desde su adusta catedral, casas altas, hombres bajos, dobladas, herrumbrosos, desahuciadas, olvidados, melancólicas, melancólicos. Se concentra la imagen en la colada que tiende una anciana en plena reja demacrada y a la que un par de turistas se aprestan a fotografiar. Lo genuino contra lo esperpéntico. La añeja Oporto, de moño plateado y movimientos renqueantes, como metáfora de un turismo que todo lo enfoca y dispara. 

Se dice en la Red que el Palacio de la Bolsa es de lo más potable para visitar por aquí. En realidad es un recordatorio cariñoso de aquellos tiempos en que te veías reflejado en los ojos de una madre, en ellos te consolabas, lamentando que el hecho de tener tanto mundo visto conllevara que casi nada os pudiera provocar admiración. Hay allí un salón árabe de pitiminí, de ese gris zigzag recto de pronto transformado en colorido curvo; pegando una iglesia notable llamada San Francisco con repujados altares en oro marchito; tres cuartos de lo mismo en El Carmen y Carmelitas, una catedral despojada de eso, desnuda piedra fría, y una torre famélica que domina la ciudad como un faro abandonado en la isla más insignificante del mar Austral, bien al sur de la Tierra de Fuego. 

Batido entre natas esporádicas que, como piezas de tetris, cubren agujeros de la tripa, no poco suspiras por aquellos otros del alma que Sao Luis se bastaba para alicatar hasta el esófago. Lo hacía sin mil gaviotas pero con un clima tropical, caipirinhas y un mar turquesa que se fundía con unos azulejos más machacados y olvidados, solo por ello perdidamente más entrañables. Aquel rumor de añoranza destapa ahora el rincón propio de infantil alma viajera, patrimonio de éste que llevaba demasiado tiempo sin recrearse en el placer de escribir desde una habitación de hotel añejo, paredes desconchadas, lamparones de humedad en la rada moqueta, sábanas gélidas y, exacto, olor a casa de la abuela. Como en todo lo demás de un Oporto donde el rostro de sus hombres rezuma desolación y dichas mil gaviotas no dejan de graznar su desdicha.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Vídeo sesenta y siete + ruta sudamericana

Queda listo, justo antes de partir a Portugal, el último vídeo por esta temporada que resume el paso por el sudeste asiático en Otoño de dos mil dieciséis. Un viaje complejo, marcado por la reciente muerte de mi padre, en el que me tuve que abandonar al consuelo de una región que, con el paso de los años, se ha hecho hogar. La ruta me llevó por Myanmar central, desde Mandalay hasta Bagan, antes de pasar a Yangon. Vía Bangkok alcancé después Luang Prabang y desde allí, por tierra, llegué a Chiang Mai. Los últimos momentos de aquel viaje los invertí entre vestigios jemeres de Khorat, puerta de Isaan, donde revisité Phimai y alcancé hasta el modesto Phanom Wan. 

De todas formas aquello ya es pasado porque lo más inmediato llega mañana en Portugal, ruta desde Oporto a Lisboa en una semana, y después con otra batalla compleja por Patagonia y Perú. La idea de primeras, ya en continente sudamericano y como adelanto en la foto de ruta, es hacer El Chaltén, Perito Moreno y Torres del Paine una vez dejados atrás Buenos Aires y Colonia del Sacramento. Desde allí regreso al norte para pasar unos días entre Puerto Varas de Chile o Bariloche de Argentina antes de, siguiendo dirección norte y vía Santiago, pasar a Perú para hacer la clásica ruta Arequipa-Cuzco-Lima. Más allá República Checa y un otoño de escritura con un proyecto ambicioso que ando rumiando para el cuarto libro. Gero gerokoa, esaten den bezala.
 

jueves, 15 de marzo de 2018

Yangon (vídeo Sudeste de Asia 2016 & 17 W.I.P.)

Yangon, más allá del resplandor de Schwedagon, también es conocida por otra serie de lugares de interés, pagodas básicamente, que no suelen atraer a las multitudes de turistas que de un tiempo a esta parte se apiñan en Myanmar. Por un par de ellas pasé en mi última visita, en dos mil dieciséis, y, junto al lago Kandawgyi, se incluyen en un nuevo vídeo que está casi acabado en su apartado visual y que durante la próxima semana completaré con los comentarios. Tras ello toca pausa al ordenador y vía libre para centrarme en Portugal y Sudamérica, hora de viajar y escribir.
 

jueves, 8 de marzo de 2018

Cuevas Po Win Daung

Dado que no me va a dar tiempo de organizar el vídeo del sudeste asiático 2016 & 2017, al menos voy a procurar hacer el de 2016 con Luang Prabang, algo de Khorat (Tailandia) y un Myanmar central en el que me sorprendió mucho, por positivo, este lugar cerca de Monywa, el conjunto de cuevas y arte budista de Po Win Daung.
 

jueves, 1 de marzo de 2018

Alrededores de Mandalay

Suma Mingun, Ava o Amarapura y de cociente tendrás millones de estatuas del iluminado, de mármol, teca, jade o qué sé yo... millones de experiencias en forma de pagodas caprichosas, monasterios y hasta cuevas desconocidas. Es el poder sutil de un Mandalay que siempre, desde el primer viaje allá por 2007, ha sido mi favorito en Myanmar.