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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Chanthaburi, "El viaje es lo de menos" y fin de ciclo

Cuando el corazón gobierna la ruta, el placer se acurruca en una esquina, acojonado, como un crío travieso castigado al “rincón de pensar” de Montessori. Siempre fue así. En mi caso fue así. Desearía contar, a estas alturas, que llegar a Chanthaburi no suponía más allá de recuerdos imborrables con destellos de topacio azul y rubí estrella, más allá de un sol en almíbar que en Tailandia acaricia. Que el vértigo no ha hecho mella y que el mezcal de México nunca había entrado tan suave como hace un mes, ni siquiera brindando con mi madre en aquella tasca deliciosa y demencial de Guanajuato. Que no soy de cera y sí del acero que bruñe las espadas de mejor filo. 

Pero la puta realidad, mi corazón desbocado, ahora gime de dolor y grita que el mundo ya no pasa de pañuelo al albur de mis antojos. Y los buenos recuerdos arañan de un modo tan intenso que me refugio dos días seguidos en una habitación de hotel barato para poner en orden todo lo vivido en los últimos años, todo lo que el destino me llevó a trasladar a papel, y dar forma a un prometido nuevo libro. Al cuerpo de mi madre lo besé en la frente, y a mi padre ya le vi enfundado en la caja de su funeral. Entre texto y texto la parca seguía a lo suyo. Y Chanthaburi, que no hace ni tres años ofrecía todos los topacios y zafiros más brillantes del mundo, ahora es una lápida de granito jaspeado ante la que el escriba afila el punzón, una metáfora de todo lo ganado y perdido dando tumbos por el planeta. Por eso decidí acabar el nuevo libro aquí, en este preciso lugar que tanto me dio, en este preciso día que festeja Loy Krathong y que conmemora el segundo aniversario del fallecimiento de mi madre cuando viajábamos por la ciudad de Cuenca, en aquel lejano Ecuador que se mimetiza cada día en mi cerebro. 

He vuelto a perder horas frente a un teclado, olvidadizo de karaokes que muchas veces me dieron una vida que ahora es el aliento y susurro húmedo de Maitane. Ya no hay más sueños, ni en ésta ni en ninguna otra habitación, que no pasen por su miel. Y también he podido regresar al templo, da igual el nombre porque son todos idénticos cuando se busca el recogimiento interior, a poner una ofrenda frente a Buda por mis padres. Hace dos años, en Nakhon Si Thammarat, fue por mi madre; hoy, en Chanthaburi, ha sido por padre y madre. Las lágrimas, en ambos casos, han sido las mismas. 

Con el ocaso del día ha vuelto a asomar esa luna pecosa que anuncia Loy Krathong. Festival en el que tantísimo he vivido, entre ofrendas que se lleva el río, no he dejado de rogarle que les regale a mis ancestros un poco de querube. Y éste, generoso, me ha devuelto mi reflejo atenuado en sus grandes ojos acuosos, me ha mecido con mimo como antes hicieron todos los demás ríos tailandeses y me ha hecho sentir, por un instante, la naga más dichosa. Hundido entre la sociedad Thai, le agradezco a ésta con ternura que me haya regalado el aliento que necesitaba para acabar este libro en el que, nuevamente, vuelvo a reivindicar que el único viaje es el que sigue la senda del corazón. En este mundo en que estamos abocados a vivir sumergidos en estériles combinaciones de turismo y marketing, grito en soledad que no existe ruta, por miles de kilómetros que se recorran, que se salga del interior de uno mismo, que no incite a sacar a relucir emociones que la rutina capitalista se empeña en subyugar. 

Myanmar asoma tras la próxima esquina con nuevas vivencias e historias que escarbar en lo profundo del alma; detrás queda la parte superior del blog, actualizada con el nuevo libro de título, era previsible, “El viaje es lo de menos”. Ojalá te regale un rato de lectura agradable y te ayude a comprender cómo he vivido este planeta en los últimos años, por momentos tan cruel como maravilloso. A mi krathong, como a mi estirpe, se lo llevó la corriente. Ojalá mis sueños de mundo puedan encontrar nueva luz en futuros textos. Es el mejor homenaje que les podría dar a ese padre y madre que nunca dejaron de creer en mí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizás sería conveniente que leyeras lo que escribes para corregir las faltas de ortografía y las tildes...vaya maestro!! Pero en fin; lo tuyo es viajar. ¿No?. Y además lo importante es el mensaje... B.M.

Botitas dijo...

Celebro que te haya gustado, jejeje.