LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

jueves, 28 de enero de 2016

Apuntes perdidos de Bangkok (W.I.P.)

Al perro le pusieron Pepsi, y hasta tiene su lógica visto el pelaje castaño que le cubre todo menos la blanca tripa. Eso y las patas es lo único níveo, como si calzara calcetines. El gato se llama Chinni, que no sé qué demonios significa en tailandés pero sí que es de una envidia brutal verle tumbado sobre la barra forrada de chapa de cumen del bar, fatigado y huidizo de un sol que, siendo negro, le ataca más que a nadie. Fatigada y huidiza, una vez que la miro bien. 

Ahora supongamos que ni ellos son animales callejeros o calificables por sinónimos de Chanel ni esto un bar al uso. Va la trama de seres abandonados y unas cervezas que se derriten entre montoneras de neumáticos alisados por el asfalto o el tiempo, entre ocasionales bramidos de atornilladores eléctricos. Todo en uno. En la confianza que da un Bangkok donde lo más extraordinario se convierte en un nuevo nudo de cordones traviesos, algo que transita paseándose por las pupilas a cada hora en punto, un extranjero semi-borracho duda, pleno de certeza etílica, sobre quién dudaría en estas latitudes de lo usual de la mezcla de animales, gomas y unas apuestas ilegales que, por supuesto, tampoco se asocian a la sorpresa. 

Me siento anónimo pese a la multitud en este antro disfrazado de bar y taller mecánico repleto de neumáticos gastados a partes iguales, con todos los vecinos enfrascados en el combate de boxeo Thai de la tele. Fumo, tomo tragos y observo cómo Bangkok, en puridad, es estéril capital de neón en las alturas y deliciosa cloaca nauseabunda en el sótano. 

De súbito, un lustro de metros más allá, sucede que los billetes cambian de mano con celeridad mientras aquel de pantalón rojo celebra su victoria. Antes hubo aplausos, gritos, carreras a y desde el baño, y hasta júbilo final de unos que empañaba la tristeza de otros. Quiénes habían ganado las apuestas era fácil de deducir. Lo de los derrotados era un párrafo aparte porque no hay nada más descriptivo del entorno en que te mueves a nivel social que percibir lo unidireccional de la desesperación del ciudadano tailandés. En occidente conviven la rabia, el llanto, la ira. Allí solo la resignación percibida como la nada y el silencio. Si un atasco, el silencio. Si una crisis de pareja, el silencio. Si una discusión, el silencio. ¿Viste alguna vez discutir a dos tailandeses? Fuiste afortunado, entonces. Y si lo hiciste, pudiste comprobar a buen seguro cómo grita el silencio y la vista humillada. Si una mirada reprobadora Thai porque estás meando detrás de un poste escondido (¿quién no siente la necesidad en un momento dado?), solo confrontarla con la tuya y allí la humillación, el silencio; aquí la soberbia, el pasotismo. El tipo occidental se ve en la necesidad de escupir su odio y rabia a toda prisa, desbocado; allí todo lleva su tiempo. Enfundado como en metálicos, oxidados y gruesos barrotes de la norteña cárcel capitalina de Bang Kwan, no se sabe muy bien qué demonios encierra el corazón tailandés cuando se agita. E incluso en la despedida, tristes de haberse dejado el salario de unos días, no pierden la compostura. Mañana cambiará la fortuna. 

Lo sorprendente del lugar aquél, retornando al tema, es que la dueña, de nombre Wilaiwan, se ha empeñado en montar un geriátrico de gatos por allí. Ella no apuesta ni cambia ruedas, y has de caerle en gracia para que te alargue una cerveza de una nevera portátil con envoltura de plástico tan descolorido como agrietado. ¿Geriátrico? Hospital de campaña casaría mejor, porque no hay ni uno solo entero. Al que no le falta una pata le falta un ojo, y a los pocos que disfrutan de esto hace tiempo que les mutilaron el rabo. En una tele diminuta solo para sus ojos, sin muay-thai, suele tener siempre puesto un canal de animales por el que desfilan documentales de perros, gatos, elefantes y demás. Todos lustrosos, nada que ver con su zoológico de gatos cicatrizados que al menos aquí disfrutan de un tiempo de asueto. Pacientemente, Wilaiwan suele llenar los cuencos de los gatitos, y allí se arremolinan todos sabiendo de sobra cuál es el suyo. En esta idea permanente de reencarnación que es el budismo, ¿quién sabe si alguno de ellos no fue cierta vez parte de los tuyos que ya marcharon? Ella juega con esa idea y alimenta su karma con el cuidado de los mininos. Le pregunto de dónde los saca y ella, feliz, responde que los perros siempre encuentran acomodo en los templos, pero de estos gatos nadie se ocupa. Que alguien tiene que hacerlo y que, sencillamente, espera a que asomen sus desdichas por allí en cualquier momento del día o de la noche. Es en ese momento cuando los adopta, les lava y les da el cuidado que necesiten. No le importa llevarlos al veterinario si las heridas son muy profundas, que para sacar el dinero necesario trabaja vendiendo cervezas y licor Lao en aquel desmoronado garaje donde los neumáticos se apilan en un Himalaya. Los moribundos son los que más le apenan. Y luego deja que vayan cayendo poco a poco, felices en el ocaso. 

… 

Las últimas horas en Bangkok son siempre un nuevo matiz cuando, a estas alturas, ya se sabe que todo lo perceptible se resume en la sensación anímica que de ti irradie más que en la certeza de calor, humedad, humos tóxicos y edificios derretidos que son cristales en añicos y hierros tubulares o en rejillas. Después una joven, de rasgos mongoles, se afana por impedir que un perro ralo, asumamos que de extinto pelaje canela y pústulas cuarteadas excepto en los ojos, sea atropellado por unos seres que no entienden de nada más que el ahora como prisa. Sucede en un punto x de la ciudad, y en el fondo qué más dan las coordenadas. Sin conseguirlo, otro cadáver caliente se va a perder en un cubo de basura. El criminal, por descontado, ni paró. Llevaba prisa y, por si le acusas de desalmado y eso no te sirve, Bangkok como chute en vena. Partir de este axioma es algo que siempre da más margen de comprensión a todos los patibularios que nos enterramos cada cierto tiempo en estas trincheras de desesperación. ¿Y la joven? Puso cara de pena, fingida o no, se montó en un taxi y se piró. Llevaba prisa y, por si le acusas de indolente y eso tampoco te sirve, siempre te quedará el axioma citado que a cada panorámica se justifica más: Bangkok entendido como patología crónica, para locales y foráneos por igual, se lleva mejor. 

Parapetado por escondido del sol que fulmina junto a la sombra de un letrero, parada de bus, se tiene la placentera sensación de que nadie es capaz de percibir esta presencia ajena, la mía como Némesis de muy corto recorrido una vez que el aeropuerto ha dejado de esconderse tras destellos borrosos en mi futuro inmediato. El asfalto se derrite, los cauchos en rueda se funden en él, los perros jadean, la comida sigue caliente, el sudor se escurre en las axilas, la polución gobierna con decretos de muerte; te tima uno, te timan dos, te timan tres, y solo se puede suspirar, incredulidad al poder, por volver lo antes posible mientras el cadáver de un chucho se descompone desde ya porque, no lo dudes, en Bangkok hasta la muerte corre acelerada.

viernes, 22 de enero de 2016

Breves apuntes históricos de Phonsavan y Laos (extracto de "Río Madre")

Hay un detalle terrorífico que asoma por doquier una vez en Phonsavan, un negro recordatorio al uso de esas tarjetas “In Memoriam” que se reparten en los funerales, una macabra llamada de atención que, paseando por sus calles, entre vainas de latón de obús y casquillos de calibres diversos que han acabado tanto como llaveros como maceteros, nos recuerda el absurdo, injusto y demoledor legado que dejaron los norteamericanos por aquí con su implicación en la guerra de Vietnam. Es la más clara definición del infierno hecha realidad. 

Entrando en la historia de la región el primer aspecto que llama la atención es la presencia de la gente Phuan, una variante Lao y que, no en vano, dio nombre a esta región que originalmente era conocida como Muang Phuan. La historia de la región es una sucesión encordada de turbulentos episodios históricos, de guerras intestinas e influjos externos en los que sufrieron la dominación tanto del poder emanado del Reino de Lang Xang, como de los reinos annamitas del actual Vietnam e incluso del Reino de Siam, a los que tuvieron que pagar tributos. 

Fue curiosamente durante el dominio de la región por parte de un reino annamita con base en Hué, en el siglo XV, cuando se vivió la época de mayor prosperidad ya que la zona fue parte de una importante ruta comercial que generó riquezas en una ya de por si plana y fértil llanura para el cultivo de arroz. La capital Xieng Khouan (la actualmente devastada Muang Koon) era una ciudad con importantes y suntuosas pagodas que resplandecían al sol. 

Con el paso de los siglos la región se empezó a ver fuertemente influenciada por el poder que iba adquiriendo Vientiane y se fue progresivamente eliminando el influjo annamita. Así se pasó a decidir en Vientiane quién era el monarca de la región, se empezó a gravar con fuertes impuestos a una población que aún seguía nadando en la abundancia y subsecuentemente, bajo el mando de Chao Anou en el comienzo del siglo XIX, el reino de Xieng Khouan pasó a ser una mera provincia del poderoso reino de Vientiane, a su vez controlado por Siam que entendía que esta región era clave para poder mantener controlado al reino annamita con base en Hué. 

Pero Chao Anou se reveló contra la influencia siamesa en 1828 con lo que las tropas de la actual Tailandia se vieron obligadas a intervenir y capturarle para, a continuación, proceder a una nefasta política de despoblación general ya que pretendían que, caso de ser la zona capturada por los reinos de la zona de Annam, al menos no dispusieran de recursos de hombres, comida o transporte. 

La influencia siamesa, por el contrario, se desvaneció rápido y para mediados del siglo XIX la zona volvía a ser un “totum revolutum” debido al de nuevo poderoso influjo de Annam, Luang Prabang (que seguía siendo estado vasallo de Siam) y la llegada de los Haw, hordas de bandidos que procedían del sur de China y que eran conocidos como “Bandera Negra”. La llegada de estas hordas supuso la destrucción de bellos templos y milenarias ciudades que fueron calcinadas hasta los pilares y supuso un grave quebranto para el gobierno siamés que, en la creencia de que la gente Phuan estaba ayudando logísticamente a los invasores (lo cual era cierto, aunque se debía a la amenaza de muerte que recaía sobre estos ciudadanos por parte de los “Bandera Negra”) mandó tropas que expulsaron temporalmente a los Haw y regresaron a Siam con miles de personas Phuan que pasaron a ser esclavos de los Thai, entre ellos el último príncipe de Xieng Khouan, Kamti. 

Y llegamos a los trágicos años de mediados del siglo XX, en plena guerra de Vietnam, cuando toda esta región fue duramente bombardeada por las tropas norteamericanas. Se considera que cerca de 450.000 personas perdieron la vida en Laos, cerca de un millón se vieron forzados a emigrar y, lo peor, el uso indiscriminado de agentes tóxicos defoliantes ha dejado un reguero de problemas de salud pública vigente aún en nuestros días. Pero empezar por el principio es la única manera de darle un sentido histórico y efectivo contexto a esta aproximación a una pesadilla inherente a los tres países que formaban mi ruta. Y, en mi opinión, hay una excelente recapitulación de datos históricos a cargo de Nicholas Lombardi, que considero clave para comprender el devenir turbulento y atroz en la región Lao. 

Partiendo de las incursiones destructivas Haw, no exclusivas de Xieng Khouang sino generalizadas también en Luang Prabang, Francia, ya con un peso colonialista efectivo, se ofreció a combatir las mismas prestando para ello su apoyo al gobierno Lao que de este modo veía también, en cierto modo, una pequeña liberación del yugo siamés. 

Francia había iniciado su colonialismo tomando Saigón con un ridículo argumento de defensa de la minoría católica de la zona, reprimida por Minh Mang, un emperador Nguyen, y de allí colonizó todo el actual Vietnam de sur a norte. Fue este apoyó a Luang Prabang una magnífica oportunidad de expandir su, hasta el momento, desbocado afán colonialista. Pero la diplomacia francesa cometió, entre sus muchos errores, el disparate de considerar a todas sus posesiones como un único ente, Indochina, lo que aceleró la creación de grupúsculos independentistas y comunistas como el Viet Minh en Vietnam o, su extensión Lao, el Phathet Lao, que pretendía expulsar a los franceses que controlaban en este país a los gobiernos títeres de los mini-estados derivados del antiguo Lang Xang: Champassak, Vientiane y Luang Prabang. 

Toda esta ebullición dio como resultado la primera guerra de Indochina que se remató con el asedio y conquista de Dien Bien Phu por las tropas del Viet Minh lo que significó, de facto, la expulsión de las tropas francesas en 1954 y la organización de la llamada “Convención de Ginebra” en la que se estipulaba la partición e independencia de Vietnam en dos estados: Vietnam del Norte y Vietnam del Sur y la independencia de Laos y Camboya (técnicamente era ya un hecho desde 1953). Además, en lo que nos ocupa, estimaba la total prohibición de presencia militar foránea en Laos, incluyendo tropas de Vietnam, Estados Unidos, China o URSS. Pero, obviamente, esta normativa en un contexto de guerra fría como el que prevalecía entonces, difícilmente iba a ser cumplida y Estados Unidos se puso manos a la obra para tratar de limitar la amenaza que suponía en la zona un estado de corte comunista como Vietnam del Norte. 

Así, en 1955, los norteamericanos se propusieron “comprar” Laos y para ello, entre otras medidas, compraron millones de moneda Lao, el Kip, que luego quemaban y facilitaron al gobierno Lao dólares americanos con un cambio tan beneficioso como hinchado artificialmente. Es decir, lisa y llanamente, les estaban comprando el país. El gobierno yanqui también se hizo cargo de la totalidad de salarios de los militares laosianos haciendo de este país el mayor destinatario de su programa de ayuda internacional. El Departamento de Estado, en lo que a vertiente militar se refiere, decidió la creación de un proyecto secreto (Proyecto 404) para mantener en Laos consejeros militares con identidad civil en un estado de latencia lo que, a todas luces, violaba los acuerdos de Ginebra. Así, con un poder fáctico occidental en el país, se convocan unas elecciones de las que se excluye al Phathet Lao lo que genera que los vietnamitas del norte, en respuesta, comiencen a infiltrar tropas en el este de Laos. 

El periodo de 1956 a 1958 vivió la elección como Primer Ministro del neutral Príncipe Souvanna y la pretensión de éste de crear un gobierno de coalición entre seguidores monárquicos y seguidores del Phathet Lao, algo que por otra parte también derivaba de los acuerdos de Ginebra. Su plan consistía en integrar al Pathet Lao en la Armada Real Lao y la convocatoria de nuevas elecciones en las que estos últimos pudieran participar libremente. Souvanna, enquistado en su neutralidad, decide visitar Beijing y Hanoi lo que supone un serio revés a la política exterior norteamericana. Y el Secretario de Estado, John Foster, no duda en remarcar públicamente que un gobierno de coalición, se dijera lo que se dijera en Ginebra, no es admisible y, en consecuencia, se corta de inmediato todo suministro de ayuda a Laos. El resultado de las elecciones no puede ser más desolador para el imperio capitalista ya que revela una mayoría del Pathet Lao que empieza a ocupar cargos de responsabilidad en áreas civiles con la connivencia de Souvanna y, por supuesto, los yanquis empiezan a maquinar de nuevo para reventar esa situación. Tal y como translucía de las palabras de Eisenhower, si no se paraba el influjo comunista en Laos, el régimen político comunista se contagiaría por todo el Sudeste de Asia. En otras palabras, la CIA tenía carta blanca para trastear al margen de legalidades internacionales. 

El primer empeño de la CIA consistió en promover una guerra de bloques, un choque de poderes, para lo que necesitaba alguien en Laos con peso específico y vulnerable a los caprichos que ellos dictaminaran, un títere. Y creyeron encontrarlo en la figura de Phoumi Nosovan, un general de la armada que se mostró en un principio proclive a reventar la situación que habían generado las urnas. 

En 1960 la CIA se las apaña para trapichear en las elecciones y consigue colocar a Phoumi en el poder. El fraude electoral había sido flagrante ya que consagraba amplías mayorías en candidatos afines a los designios yanquis, algo difícilmente creíble. Aquí comenzó la deriva de la política norteamericana en Laos ya que, si por un lado el Departamento de Estado y el embajador en Laos seguían apoyando a Souvanna, el Departamento de Defensa y la CIA apoyaban claramente a Phoumi. Una vez más los trapos sucios y la absurda independencia de las distintas capas de poder en el entramado político yanqui se volvían en contra de sus propios intereses. 

La situación todavía se degradó más en el entramado social y político Lao cuando un capitán de la Armada, Kong Le, aburrido y hastiado de esta deriva, decide dar un puñetazo en la mesa. Junto con la gente de su batallón arma un exitoso y pacífico golpe de estado en el que captura Vientiane y obliga a Phoumi a huir al sur, a Savannakhet. Kong Le anuncia de inmediato sus objetivos: el final de la lucha en Laos, erradicar la corrupción y establecer una política de paz y neutralidad. Sus fuerzas no son de derechas o de izquierdas, sino neutrales, tal y como sucedía en época de Souvanna, a quien el mismo Kong Le solicita que regrese como Primer Ministro para reeditar la primera coalición pacífica e integradora que el empuje yanqui se había empeñado en destruir. 

Obviamente esta situación no iba a frenar la política exterior de los Estados Unidos quienes empezaron a apoyar financiera y militarmente a Phoumi para que recuperara el control y así, en 1960, éste consigue expulsar a Kong Le y Souvanna de Vientiane. Kong Le decide unirse al Phathet Lao, en ese momento ubicado con sus tropas en el norte, y juntos ejercen una ofensiva en la que consiguen rápidamente controlar toda la extensión de Xieng Khouan. Los vietnamitas del norte deciden apoyar al depuesto Kong Le y al Phathet Lao y envían consejeros militares y artillería pesada a la zona. Souvanna se acerca hasta Khang Khai, un pequeño pueblo en la meseta de la llanura de jarras, e insiste en su derecho vigente como Primer Ministro. Pero, paradójicamente, pese a que Gran Bretaña, Francia e incluso Estados Unidos reconocen su gobierno como el legítimo de Laos, éstos últimos siguen proporcionando ayuda y apoyo a la gente de Phoumi. En definitiva, otra de esas controvertidas y esperpénticas reacciones de la política yanqui de la época, resumidas como en un “a Dios rogando y con el mazo dando”. Y las cosas, por supuesto, iban a empeorar. 

En este punto la CIA estaba ya ciertamente cansada de Phoumi, quien se estaba revelando en realidad más como un mafioso de bajo perfil que como un estadista brillante y, sopesando un negro panorama, deciden armar una guerrilla de gente Hmong (Miao), una sociedad tribal venida antiguamente de China y arrinconada históricamente en las montañas debido a la expansión de la gente Lao, que sería comandada por un tipo llamado Vang Pao. Gran negocio para los intereses norteamericanos que solo tenían que invertir dos dólares al día en la manutención y fidelidad de esta humilde gente. Incluso idearon una flotilla aérea que suministrara víveres y armas a la mencionada guerrilla. El nombre, tal y como habrás adivinado… ¡¡¡Air América!!! Los Hmong, muchos de ellos, engañados pero sin recursos, muestran un más que ferviente deseo de formar parte de esta guerrilla con la clara convicción de que los americanos les apoyarían y compensarían con la cesión de una parte del territorio Lao para la creación de su propio estado independiente. Los soviéticos, viendo la deriva de la situación, deciden no cruzarse de brazos y empiezan a suministrar por su parte material bélico y víveres a Khong Le y seguidores. 

Hay que hacer un pequeño inciso en este punto para definir con claridad qué papel jugó la gente Hmong en todo este puzle. Efectivamente muchos de ellos habían tomado partido por el Pathet Lao, pero a Vang Pao, un oficial del ejército Lao que, como comento, estaba directamente a las órdenes de la CIA, no le resultó difícil convencer a otros muchos de ellos, hasta el momento neutrales, para su causa con la excusa de estar respaldados por el mejor ejército del mundo, los norteamericanos. Al igual que en su día habían hecho los franceses, los yanquis calcaron la táctica. En detalle, la gente Hmong, con recursos muy limitados, se valía de un incipiente cultivo de amapola del que extraían opio para fines medicinales y del que se valían como elemento de trueque para conseguir distintos víveres. Así los estadounidenses decidieron ayudarles a venderlo para conseguir ingresos que hicieran mella en la creencia Hmong de que los americanos solo querían ayudarles. La salida a este opio se haría por medio de la flotilla “Air América” que, en una parte considerable, se trasladaba a Saigon (Ciudad Ho Chi Minh) donde era cortada en heroína de gran pureza y vendida a reclutas americanos que se encontraban en ese momento en Vietnam del Sur con la intención teórica de protegerles del enemigo del norte. Esto redundó en una notable tasa de adictos que, de regreso a casa, no solo lidiaron con el estigma de veteranos derrotados de guerra sino también con una poderosa y tóxica adicción. 

La gente Hmong de esta guerrilla, pese a su valerosa lucha, fue finalmente aniquilada en gran medida por el potencial armamentístico y estratégico del Phathet Lao, incluso al final se veían obligados a alistar a jóvenes de apenas quince años ante las derrotas que les inflingían los comunistas. En realidad eran carne de cañón. La guerrilla duró unos doce años, y en ese periodo su sueño de una nación Hmong se tornó en una pesadilla monumental. 

Retornando a la historia general nos encontramos en 1962, con este caldo de cultivo, con un país dividido y sumido en luchas internas, un tablero de ajedrez en el que los potentes bandos comunista y capitalista juegan su peculiar partida. Se celebra una segunda convención en Ginebra para liberar tensiones en la zona y se alcanzan unos acuerdos muy similares a los de la primera en los que prima la necesidad de abandono total y absoluto de tropas extranjeras del territorio Lao. Una vez más, la CIA, sustentada en su “gloriosa” Air América y su guerrilla Hmong, no estaba dispuesta a respetarlo. Y menos aún iban a respetarlo los norvietnamitas que ya contaban con miles de soldados infiltrados en territorio Lao, apoyando al Phathet Lao y realizando claras labores logísticas en las difusas rutas de suministro en la guerra que ellos mismos libraban en su país contra el gobierno de Vietnam del Sur liderado por el proamericano Van Thieu. 

Es fácil entender en este punto la desazón disfrazada de incapacidad en el bando norteamericano, incapaz de perpetuar un régimen afín a su ideología en toda la península de Indochina, hecho que derivó en esa especie de huida hacia delante que marcó el triste devenir de Laos en general y Xieng Khouan en particular. Así, la escalada de violencia fue en aumento hasta que, como recuerdo, nos queda la estampa de la derrota. El hecho flagrante de todos los pueblos de la hasta entonces bella provincia de Xieng Khouag bombardeados y aniquilados. La más absoluta vergüenza del lado oscuro de la sinrazón humana. La necesidad de miles de personas de recogerse en cuevas porque sus casas, su tierra, su sustento está perdido y envuelto en llamas. Y, sobretodo, nos deja la imperiosa necesidad de no olvidar aunque de esto, tristemente, se encargan los millares de bombas aún dispersas por los campos de la meseta de jarras. 

Todo esto se resume en el trágico periodo de 1964 a 1973 (especialmente el quinquenio de 1969 a 1973), la “Guerra Secreta”, en el que los bombardeos yanquis, al albur del caos por la guerra civil en Laos entre monárquicos y comunistas del Phathet Lao, dejaron toda la zona de Xieng Khouan devastada y masacrada bajo el pretexto de reventar las vías de suministro que utilizaban los norvietnamitas en su afán por conquistar el sur. Sea como fuere, dejando unos datos, se estima que Estados Unidos lanzó más bombas en Laos, principalmente en la región en que yo me encontraba, en este periodo que todo el volumen de las que lanzó en la segunda guerra mundial. Lo peor es que se considera que de los 260 millones de bombas que se lanzaron aproximadamente 80 millones quedaron sin estallar, suponiendo todavía a día de hoy una grave amenaza en la región. Si se dice que Laos es el país más bombardeado en la historia de la humanidad solo podemos creerlo porque es la realidad. Y si no, no hay más que darse una vuelta por las cercanías de Phonsavan y abrumarse ante el sobrecogedor reguero de cráteres que jalonan todo el campo de visión independientemente de la dirección en que uno mire. Que el Apocalipsis debió parir aquí es lo primero que a uno se le viene a la mente. Y es que, aunque parezca la luna, sigue siendo Laos. 

El 21 de Febrero de 1973 se firmó un acuerdo en Vientiane que daría un alto definitivo a esta escalada de violencia y sería la antesala de la definitiva victoria de los comunistas en 1975. Desde entonces hasta nuestros días, Laos sigue siendo un país, en teoría, comunista. Y, por supuesto, Estados Unidos, pese a su enorme gasto económico, militar y civil, no consiguió ni uno solo de sus objetivos… 

La desconocida y nunca declarada contienda bélica dejó más de 580.000 misiones de bombardeo en 9 años que ahora se convierten en muchas decenas de años para poder limpiar el rastro de aquel sinsentido de bombas que aflora constantemente en forma de ciudadanos Lao mutilados o, directamente, muertos por el mero hecho de topar con algo que jamás debería haber estado allí. Las bombas de racimo (“bombi” en la jerga local) suponen la mayor de estas amenazas por su naturaleza fraccionaria. Afortunadamente la comunidad internacional se ha puesto manos a la obra y actualmente operan en la zona 2 principales grupos de desactivación de restos de guerra (UXO en inglés): el MAG y UXO Lao. 

MAG fue contactado en 1993 para sumarse a la tarea de limpieza en Laos principalmente por sus buenos resultados en Afganistán, Camboya o Nicaragua. El proceso que siguen se basa en el adiestramiento en el uso de detectores de metales por parte de la población local para luego ellos, una vez detectado el UXO, trasladarlo a un lugar seguro y explosionarlo con una pequeña carga de TNT. 

UXO Lao es una organización local, respaldada por la ONU, con un propósito casi idéntico al de MAG. En un principio la organización trabajo mano a mano con otras extranjeras pero en la actualidad, con la experiencia adquirida, es capaz de valerse de su propio personal para limpiar zonas y solo cuenta con el esporádico apoyo extranjero en caso de necesidad. 

Ambas organizaciones disponen de grupos de concienciación rural que representan un papel muy importante en el proceso de limpieza y borrado de esta triste realidad ya que suelen visitar aldeas con pósters en los que muestran los diferentes tipos de explosivos, montan teatros con marionetas para enseñar a los niños el peligro de la artillería sin explosionar, etc.

martes, 19 de enero de 2016

Introspección

Se me fue la noche ante el ordenador, ante esto que lees. Sin saber qué escribir, qué contar, o cómo siquiera expresar un sentimiento del desgarrador sentimiento de culpa que me hacía sentirme podrido. Al llegar el alba, con la cortina descorrida, seco de llanto, me quedé dormido mientras peleaba por grabar a fuego aquella noche en que la conocí, jurándome que jamás la iba a olvidar. Jamás. Esa sería mi penitencia y mi pelea eterna. Porque lo que no mata el tiempo lo acaba haciendo la memoria. Es inevitable. 

Cuando desperté no lo tenía claro. Fue un sueño amargo porque desperté empapado en sudor. Volvía a tener el recuerdo de Jo, la había recordado en el sueño. Su hermana me hizo recordarla. Y me fui a Chiang Saen con la falta de certeza de saber si ella seguía viva, o estaba muerta. En todo caso, y eso era real, yo no pregunté por ella. Eso me carcomía por dentro. Y no por el hecho en sí, sino por haber cambiado tanto que llegué a olvidar todo lo que en su día me dio. La pesadilla me recordó hasta dónde había degenerado mi recuerdo de tantas hermosas cosas en tierras de Siam. 

Un viajero puede temer muchas cosas. Todas las que van implícitas en el desenvolverse en una sociedad y cultura distinta, problemas físicos que le corten el ritmo o hasta el robo de todas sus pertenencias. Pero lo que realmente mata al viajero, al que pretende entender el viaje como un paso más en el conocimiento universal, es la falta de memoria en el corazón. Eso no es una sociedad distinta, ni tampoco puede enfermedar o ser robado. Es lo único que le identifica al viajero con el concepto de viaje. Lo único. Cuando eso falla, puedes creerme si te digo que la más amarga melancolía, revestida de hiriente hiel, se apodera de ti y te hace trizas el ánimo. 

Cuando camino hacia la estación, abatido, Chiang Rai me parece un sitio menos luminoso que cuando llegué. Los perros parecen hoscos, la gente ausente, y las casas revocadas con mallas de porquería y pobreza. Es como un desguace en el que incluso las decenas de extranjeros con los que me topo incrementan esa imagen. Pasados de vueltas, de años, abandonados todos, después de muchos decenios de trabajo y existencia en occidente, se encuentran en este océano llamado Tailandia que guarda millares de corazones destrozados. Son ordeñados, y les da igual. Saben que para ellos ya no hay horizontes de esplendor, solo caer de la manera más digna posible. Solo caer en compañía. Ese Chiang Rai en tonos grises fue el que me despidió esta vez.

miércoles, 13 de enero de 2016

Rumbo a una promesa

Debería ser en febrero o marzo, pero finalmente será a primeros de abril cuando pueda saldar esa deuda que tengo con muchos de vosotros, y también con el pueblo newar, comprando unos sacos de arroz que ayuden a mitigar un poquito las terribles consecuencias del terremoto de Gorkha. Lo vuelvo a repetir: gracias de corazón a todos los que habéis comprado "Trémula pagoda, corazón esmeralda" y, con ello, humildemente ayudado a la necesitada población nepalí. Ya los periódicos se olvidaron de ello, la dictadura de la manipulación y el olvido se hizo fuerte, pero allí sigue subsistiendo una gente para la que toda ayuda es poca en estos momentos de extrema necesidad. Eso será cerquita de Katmandú, y tras unos días allí, con la ilusión por bandera, Nepal dará paso a una tierra india en la que se seguro que me asaltarán las lágrimas y las sonrisas al recordar tantas vivencias y, especialmente, cuánto amaba mi madre esa tierra. Gujarat y sur de Karnataka, como ya apuntaba, serán mis destinos. Vuelvo a quedarme con la pena de visitar Ladakh, pero es ésta una región gélida a la que solo en verano parece conveniente viajar, una época no muy querenciosa por mi parte para salir de casa. Será, quizá, para el próximo viaje. Finalmente la ruta acabará en Indonesia (Myanmar fuera de ruta queda para dentro de unos meses), un país en el que, sin saber ahora mismo de cuánto tiempo dispondré, me limitaré con seguridad a Java y Bali, dos lugares a los que tengo unas ganas enormes de regresar, esencialmente al primero. 

P.S. Sigo dándole a los vídeos y aquí os dejo otro adelanto del documental de Japón, en concreto de los templos del área del Philosopher´s Path en el oeste de Kyoto. Todavía sin comentarios ni rótulos identificativos de cada lugar, al menos os servirá para saber qué os espera una vez esté terminado.
 

martes, 5 de enero de 2016

Intro de Centroamérica

Ésta va a ser la introducción del vídeo de Centroamérica. La banda sonora será de Alejandra Guzmán, que le tengo mucho cariño, tanto o más que a Chihiro Onitsuka, la cantante que pondrá melodía al documental de Japón. Ambas me han acompañado muchas tardes de ensoñación, trazando líneas de ruta por cualquier mapamundi. Hay mucho curro por delante. En todo caso es muy probable que éste de Centroamérica sea un poco más corto de duración porque, pese a los casi dos meses de ruta, invertí mucho más tiempo en escribir y descansar que en ver y grabar lugares. Repetiré, en consecuencia, la fórmula de los vídeos de “Río Madre” y, en vez de comentarios de lugares y chorradas logísticas para turistillas pusilánimes, me dedicaré a incluir fragmentos de lo narrado aquellos días, que no en vano me traen poderosos recuerdos. Incluye este vídeo, por cierto, Guatemala (desde Antigua hasta Quiriguá), oeste de Honduras (Copán Ruinas, Santa Rosa y Gracias), El Salvador (La Palma, Suchitoto y zona de Ataco-Juayúa) y Nicaragua (Granada, León, Somoto y Masaya). 

Adelantaba lo de Nepal e India para abril en la anterior entrada, y es casi seguro que en septiembre andaré por México con mi hermano Iñaki. Hay cambios en mi vida, intensos, y es probable que cambie libertad por estabilidad emocional, que ya me tocaba a mis cuarenta recién cumplidos. En consecuencia, no descarto que haga viajes más cortos en un futuro cercano. A ver cómo me voy sintiendo, qué me piden cuerpo y corazón.