LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

viernes, 29 de mayo de 2015

Río de Janeiro: punto y aparte

Último día en Río por la luminosa Escadaria Selarón (algún día contaré algo sobre el autor de la misma, el chileno Jorge Selarón, un pintoresco personaje que fue asesinado en la escadaria curiosamente cuando estuvimos mi madre y yo por aquí hace dos años y medio y dormíamos a apenas un par de centenares de metros del lugar) y por el jardín botánico. Mucho calor de mañana que vaticinaba lo que llegó a la tarde: tormentas. Aprovechamos para cargar de cachaça y comprar unas chanclas antes de recogernos para mañana regresar a casa, a cambiar, como dice Willy, Rioja Neiro por Rioja Debeber, que mola más, jejeje. Las impresiones por escrito de Brasil, muchas y buenas en este segundo viaje, quedan para cuando los recuerdos guarden un necesario poso y el tiempo los macere; no en vano es el paso de las semanas y meses el que califica todos y cada uno de los viajes y el que ayuda a valorarlos en justicia. Eso sí, desde ya digo que jamás me acostumbraría vivir en una megalópolis como ésta, en ninguna en realidad, pero especialmente menos en Río de Janeiro pese a lo realmente precioso que es.

jueves, 28 de mayo de 2015

Río de Janeiro (II)

Por fortuna salió un día espléndido en el que Río de Janeiro mostró por qué también es conocida tal que "a cidade maravilhosa", con sus infinitas playas, morros y vistas de vértigo desde el Pan de Azúcar. La tarde se nos fue husmeando por Copacabana, comprobando cómo, a nivel de precios, esto no es muy distinto a España. En todo caso las tascas de barrio también asoman de vez en cuando, lo justo para que se den inolvidables momentos repletos de cerveja y linguiça. Para mañana todo apunta a, como decía ayer, el jardín botánico que hoy a la tarde, con treinta grados de calor, no apetecía tanto. Se va acabando esto y, en cierto modo, menos mal ya que la pasta no tiene mucho recorrido en Brasil y mucho menos en Río de Janeiro. Acaso sea ése el único pero de esta increíble ciudad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Río de Janeiro (I)

Salió un día realmente malo en Río de Janeiro, con muchísima bruma y una niebla que se ha filtrado desde el mar a primera hora de la tarde y nos ha estropeado la visita a Leblon e Ipanema. Ni que decir tiene que la visita al Pan de Azúcar la hemos pospuesto para mañana o pasado, a ver si sale mejor día. Tocó convivir con esa extraña sensación de incomodidad que siempre me invade en las ciudades grandes como Shanghai, Bangkok, Delhi, Ciudad de México... Uno por momentos las ama y las odia, y además es que Río de Janeiro inspira una inexplicable cerrazón en sí misma que obliga a rascar aún más fuerte para descubrir qué esconde en sus entrañas. Y no debería ser así, no sé el porqué de ello toda vez que sus puntos de interés son de escuadra y cartabón, fáciles de visitar y fotografiar, pero hay algo en sus callejuelas y rostros crocantes, de caoba o alba, a modo de estigma que me asegura que subsiste muchísimo por descubrir y contar en futuros regresos. E inevitablemente cae la noche susurrando que en esta ciudad, especialmente en Río de Janeiro, siempre vas a ser un recién llegado, aunque me quiera prometer que mañana será un poco menos enigmática. A Ina, por descontado, no le gusta porque todo aquí llama a barullo y frenesí, pero como me ha oído cosas buenas del jardín botánico pues igual hasta nos damos una vuelta por allí. Todo se andará ya que él también desea, aunque no lo sepa, librarse de esa presunta certeza de verse fagocitado y superado tras cada esquina que en barrios como Centro o Lapa se hace norma. Al menos el Cristo de Corcovado nos regaló un poco de simpatía, unas fotos y un mucho de recuerdo.

domingo, 24 de mayo de 2015

Iguazú, desde el recuerdo

Es algo terrible enfrentarte a un paisaje tan hermoso como el de las cataratas de Iguazú y, de súbito, no saber qué escribir, cómo transformar y reducir un bramido unísono de pardo caudal o una decena de arcoíris caleidoscópicos tras la bruma que esconde miles de destellos solares… la fuerza casi insolente de la naturaleza en texto. Incluso más lo es ser solo capaz de recordar las lágrimas de una madre ya fallecida y que, al cabo, también por su recuerdo, el de cataratas y madre, se enrojezcan los párpados tornándose acuosos los ojos. Y que todo se vuelva de trazos curvos, quebradizos, en el horizonte. Y quizás sea ésa la mejor memoria, como todas las que surgen del corazón y no se pueden coleccionar, narrar o fotografiar. Partiendo de esta base, sabedor de la derrota e inutilidad de este texto de antemano, no debe quedar mucho por lo que preocuparse cuando teclear debería ser solo un pasatiempo frugal a la espera de que la suma de cervezas y su efecto llegue a poner un punto final. Se escriba lo que se escriba, Iguazú ya es parte de una manera única de entender la vida que forjó una casi anciana, fallecida a los setenta y seis, empeñada en hacer buenas las palabras de Salvador Dalí: los que no llegan a ochenta es porque se empeñan en seguir viviendo en los cuarenta. 

En un entorno de undécima dimensión, tras tupidos vergeles donde la vida estalla de tal modo que las flores, tucanes o coatíes son solo esquirlas diminutas, las cataratas de Iguazú son millones de partículas de agua desprendidas de saltos majestuosos. No. Majestuosos, no. Inenarrables, más bien. Y da lo mismo dónde se pose la mirada porque es tal su poder que, de modo inevitable, uno se siente parte de una función alejada de esas cosas tan terribles que angustian al ser humano del veintiuno como son el tiempo y el espacio, la polarización de conceptos que aquí provocan risas tan sonoras como el golpe del agua al caer. Mejor solo así, mejor solo fotografiar, mejor solo apurar después unos tragos y dejar que las lágrimas se sumen a la corriente. ¿Por qué empañarlas con palabras?