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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

domingo, 22 de marzo de 2015

Intro Sangkhlaburi

Siempre repudiados en su tierra original, como los Hmong en Laos o los Rohingya en Myanmar, la gente Mon hace muchas lunas que dejó de soñar con una nación propia. Del grupo etno-lingüístico Mon-Khmer, con quienes comparten un similar idioma no tonal de considerable antigüedad, y sumando unos ocho millones de en total, históricamente han vivido en una pequeña región que abarcaba desde el sur de Myanmar hasta las llanuras centrales de Tailandia, con límites septentrionales en Lampún, muy cerca de Chiang Mai en el norte tailandés, o Lopburi en el flanco oriental. Se considera que sus dos principales núcleos urbanos históricos fueron la ciudad de Pegu en Myanmar (actual Bago) y otra urbe que se cree estaba muy cercana a la ciudad de Nakhon Pathom, a apenas cincuenta kilómetros de Bangkok. Si bien en la vertiente oriental pronto fueron asimilados y se fusionaron hasta diluirse con la corriente tailandesa que emigró de China para conformar el actual país Thai, en el sur de Myanmar consiguieron mantener su independencia hasta que en 1757 se extinguió el último reino Mon, el de Pegu, a manos de los belicosos birmanos. A partir de ese momento se convirtieron, como decía, en una gente sin nación ni tierra que ha penado sus miserias a lo largo de las últimas centurias. En un contexto de continuo hostigamiento por parte de la mayoría Bamar en Myanmar, era inevitable que los Mon acabaran viendo a los Thai como aliados naturales que les podían aportar paz y seguridad y éstos, a su vez, abrieran los brazos a aquéllos con la idea clara de incrementar la baja población de los límites occidentales del reino, además de conseguir mano de obra que ayudara a desarrollar infraestructuras en la región. Fidelizar a los Mon que escapaban de Myanmar con el concepto de nación Thai fue, sin duda, una simbiosis perfecta para todos. 

Budistas de concepción Theravada desde casi los orígenes de la propia religión, la cultura Mon presenta rasgos distintivos y sorprendentes como, por ejemplo, la creencia en espíritus y mágicas fuerzas exteriores, hecho evidenciado en sus rituales funerarios. Incluso antes de haber fallecido el vecino, es típico que se prepare todo para el deceso. Se adecenta su morada con esterillas y cojines, se cuelgan unas cortinas y se prepara un juego de ropas blancas a modo de mortaja que se deja en un rincón. Hasta el ataúd se va preparando con independencia de que el inquilino siga consciente y respirando. Otro aspecto sorprendente es que, una vez fallecido, el cuerpo es bañado con siete vasijas de agua portadas cada una por alguien nacido en un día diferente de la semana. Cuando los siete se dirigen al pozo a recoger el agua, el nacido en domingo va primero, seguido del lunes. Sin embargo, al regresar es el nacido en sábado quien comanda la marcha, y el domingo a su vez cierra la comitiva. Se colocan posteriormente unas hebras de tabaco y una moneda en la boca del fallecido y, una vez en el féretro, un par de listones de bambú son colocados a ambos lados además de un par de velas que son encendidas, a la altura de la cabeza la primera y a los pies la segunda. El féretro, por otro lado, no puede ser sacado por la puerta, y ha de romperse una pared para sacarlo al exterior. Ésta, en todo caso, es una costumbre similar a la que se sigue con la gente Thai. Allí la casa se divide físicamente en tres secciones y el cuerpo no puede pasarse de una a otra. En consecuencia, solo si el cuerpo falleció en la parte central de la casa, la que generalmente posee la puerta, podrá ser sacado por allí. Si no, igual que los Mon, a romper la pared. El féretro, en otra curiosa costumbre, no puede pasar por el centro poblacional, y si la casa del fallecido está en el otro extremo de la aldea a donde se sitúa el camposanto, se coge el camino que bordea por la periferia aunque eso suponga un esfuerzo mayor. Ésta, asimismo, es otra costumbre que también se da entre la gente Thai. La comitiva fúnebre va encabezada por un tipo que con un cuchillo va marcando el camino, y otro se encarga de derramar agua de un coco y agua de una vasija sobre el finado, a modo de alimento para el difunto. Una vez en el cementerio, el féretro es paseado tres veces alrededor de la pira donde finalmente es colocado antes de ser ésta prendida. Se dan, por último, algunas variables a este proceso como el hecho de que niños menores de diez años no pueden ser incinerados y no se les debe meter en ningún ataúd. Además, las personas fallecidas por suicidios o fulminadas por un rayo deben ser enterradas de pie y con la frente mirando hacia el cielo. Cosas de los Mon. 

                Breves apuntes de la etnia Mon. Siam Society, Bangkok. Diciembre de 2014

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