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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

jueves, 15 de enero de 2015

Intro Kamphaeng Phet

Observo el plato con legítimo interés. Humea mientras remuevo la cuchara y el caldo anaranjado se desparrama entre cabezas de gamba, tallos oscuros de hierba limón y rodajas amarillentas de esa raíz llamada jengibre cuya flor carmesí es tan desconocida como espectacular. Si se preguntara al azar a un tailandés por su plato preferido, a buen seguro que su respuesta sorprendería a más de uno. Lejos de opciones para turistas del estilo de fideos de arroz en pad thai o arroz pegajoso con mango, lo más probable es que el tom yam kung se erigiera como la elección más común. Esta sopa con trazos de elementos que estallan en el paladar como son la hierba limón o el jengibre, se apoya además en setas, gambas que aportan la mayor ración de proteína, chiles machacados y hojas de lima kaffir, omnipresentes en la mayoría de platos tailandeses. El resultado, como tantos otros, es delicioso en una mezcla extraña que aúna lo amargo, salado, picante y dulce a la vez pero en la que difícilmente sabrás qué producto aporta cada sabor. Así, ecléctica, se resume la cocina tailandesa. 

Originaria de esta región del sudeste asiático, la lima kaffir lleva asociada a su nombre una curiosa historia que conlleva connotaciones claramente racistas. Siendo kaffir una palabra derivada del árabe, su uso era originariamente empleado por los musulmanes para definir a todos aquellos, infieles, que rechazaban el Islam. Posteriormente fueron los portugueses, en época del comercio de esclavos en África oriental, los que malinterpretaron el vocablo y comenzaron a emplear este término para definir a los africanos de tez más oscura, a la carne de cañón que era embarcada para servir en los campos de caña de azúcar de una prometedora y recién descubierta América. Inevitablemente, el uso despectivo que aparejaba llevó a transformar el término en ofensivo e incluso, a día de hoy, su uso es motivo de demandas civiles en cortes de justicia en ciertos países del continente negro, Sudáfrica entre ellos. 

No está muy claro cómo llegó el término kaffir a ser asociado con las aromáticas hojas que tanto se usan en la cocina tailandesa, sin embargo la realidad es que en occidente cada vez se aboga más por eliminar del vocabulario cualquier concepto de connotaciones racistas. En este contexto semántico, la opción que más peso ha cogido es la de denominar a la lima kaffir como lima makrut, curiosamente el término en idioma Thai para definir estas hojas. Lo más paradójico, por el contrario, es que viajando y recorriendo los mercados turísticos del país se siguen encontrando, a diestra y siniestra, bolsas repletas de hojas de lima rotuladas como lima kaffir y no como lima makrut, quizás por miedo a que los turistas no entiendan qué es lo que se pretende vender. Será que, como es sabido, para un tailandés el negocio prima sobre consideraciones morales de unos tipos que hablan lenguas extrañas y además se suelen mover por unos principios hipócritas que él no llegará a entender jamás. 

Sea como sea, kaffir o makrut, mi tom yam kung estaba delicioso y ni el gato ha querido perderse el festín, devorando las cabezas de gamba que, una vez chupadas, le voy echando en esta tasca perdida de la carretera que lleva de Kamphaeng Phet a Tak. 

De tom yam kung y lima kaffir. Kamphaeng Phet, Noviembre de 2012

P.S. Finalmente ya con el libro acabado y un par de copias impresas en Bangkok (por eso ha estado el blog tan apagado los últimos días), hora de volver al hogar. Se cierra una etapa aquí, una larga época de mi vida en que se me fueron los mejores años viajando con la persona que más quería, y ahora solo queda volver al trabajo y estar con la familia, con mi padre y hermanos, mientras nos vamos acostumbrando a la nueva situación. El tercer libro está a punto de comenzar y será, cuando me dé un poco de tregua el ánimo, la hora de rescatar los apuntes de viaje de mi madre y darles forma con todos nuestros recuerdos. Creo que quedará bonito si desde ya soy capaz de rememorar a vuela pluma unas pocas situaciones que me devuelven la sonrisa. Próxima estación: ahora es lo de menos...

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