LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

martes, 9 de septiembre de 2014

Una revista de viajes

Página siete: carta del director con forma de publicidad descarada del nuevo libro de un tal Luís Pancorbo. Leo con atención y no por el contenido, que ya barrunto el tufillo subjetivo de puro amiguismo que destila desde la primera línea, sino porque el tal Luís me suena de cuando era yo niño y leía, tan asombrado como emocionado, un especie de enciclopedia turística sobre capitales de provincia españolas que mi padre habría conseguido del Círculo de Lectores haría ya unos añitos por entonces. ¿Quién no desea volver a la niñez cuando se ronda la cuarentena? Al acabarlo, lo dicho: nada de niñez y un puro ejercicio de conchabeo y marketing gratuito. 

Página diez: artículo-publicidad (¿?) de un nuevo hotel en Venecia. Página once: lo mismo pero con un grupo hotelero español. Página catorce: lo mismo -publicidad descarada con forma de artículo- de Air Berlín. Página veintiséis: artículo de bodegas de La Rioja… donde se publicita descaradamente a un guía, unas bodegas y, redoble de tambor, ¡una empresa que oferta vuelos en globo sobre los viñedos! ¿En serio que hay gente que paga por esta porquería? 

Encabronado, regreso al índice y busco el número de página del artículo sobre Bangkok que me llamó la atención y que, en realidad, era lo que había hecho que la revista terminara entre mis manos. Diez propuestas para visitar la ciudad, dice. Comer en la calle, ir de compras, visitar templos,… debe ser una broma. Eso no es exclusivo de Bangkok, eso es característico de cualquier ciudad asiática. Y que a nadie le quepa duda de que Bangkok, este Bangkok que atrapa con garfio y que a cada despertar es una ucronía del ayer en construcción permanente, es uno de los peores lugares para comer en la calle, para ir de compras o para visitar templos. ¿Lo adoro? Por supuesto. ¿Por esto? Por supuesto que no. Pero reconozco que quizás también podría adorarlo porque una vez fui de compras, comí en la calle y visité templos deslumbrantes. Yo lo adoro porque hoy, un decenio después, me sigo buscando a cada rincón, alucinado y boquiabierto, tal y como devoraba, con diez años de menos, cada gramo de esta ciudad de ángeles. ¿Saben que nunca me llego a encontrar? Créanselo porque es tan cierto como el hecho es que a quienes sí encuentro es a todos esos tailandeses que ya entonces estaban allí. Sus rostros son distintos, también sus nombres, pero son ellos. Exacto, ellos, la verdadera razón por la que adoro Bangkok desde que les conocí hace diez años. Y lo hago en la misma medida a como aborrezco estas revistas de hoy en día, panfletos publicitarios de contenidos vacíos cuyo único fin es sumarte a la manada aleccionándote sobre dónde y cómo hacer turismo, acercándote a la agencia, empresa o compañía que paga, y alejándote de todos esos que no podrían pagar un triste artículo en una revista de vergüenza ajena salvo con una sonrisa cuando les ves levantarse de su oración embriagado de incienso, cuando te dan las vueltas del plato humeante que borbotea entre humos, cláxones y neones o cuando te hacen el respetuoso “wai” al salir de su tienda con unos vaqueros nuevos. 

Así que, displicente, cierro el panfleto y lo vuelvo a colocar en la estantería de la biblioteca de donde lo cogí antes de centrarme en lo mío, textos, ideas y portátil. ¿Dónde estaba? Ya, en Krabi. Sonrío como un idiota.

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