LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

martes, 29 de abril de 2014

Segundo vídeo de India-Nepal y... ¡¡¡rumbo a Sudamérica!!!

Finalmente conseguí terminar los deberes, rematando el segundo y último vídeo de lo que fue el paso por India y Nepal a principios de año, para así poder marchar más relajado a una Sudamérica que ya aguarda. No solo eso, también he ganado tranquilidad para unos meses de verano en los que podré dedicarme en exclusiva a terminar el segundo libro y, además, estas últimas semanas he tenido tiempo de relax como para repensar rutas y poder cerrar unos detalles de la ruta americana que, si todo sale bien, promete ser bestial. No obstante, en el plano personal ya solo con poder visitar Colombia me doy por satisfecho porque realmente tenía unas ganas locas de convivir unos días con sus gentes. Veintisiete días se nos irán (¿irán?, mejor poner invertiremos, o emplearemos, o... no empecemos con la coña ;-) descubriendo principalmente paisajes a través de el "triángulo" formado por Salta, Atacama y Sucre; mientras que los últimos dieciocho los procuraremos disfrutar a fondo ya en tierras colombianas, en una ruta circular, clásica y turística, que nos dejarán un suspiro caribeño que incluya cuatro-seis días de buceo y playa para alguno, los mismos de escritura y Ron Viejo de Caldas para este otro ;-)  





martes, 22 de abril de 2014

Primer vídeo del viaje por India y Nepal

Dicen que de lo malo siempre se saca algo bueno y, en mi caso, ha de ser verdad porque una vez recuperado el pulso del día al día después del traspié iraní (aún ando medio cabreado conmigo mismo), y mientras espero para partir a Buenos Aires en un viaje que sí que ilusiona por cada costado -la falta de necesidad de visado previo debe ayudar, jejejeje-, me ha dado tiempo a montar los vídeos del viaje a primeros de este año por India central y Nepal en la pausa y sosiego de la Pascua castellana. No he podido sacar unas colmenillas por falta de agua, pero al menos sí he adelantado vídeos ;-) El primero está rematado, os lo dejo ya subido a Youtube, y el segundo en unos días confío en rematarlo y subirlo junto con el mapa de lo que es nuestra idea de ruta por nortes de Argentina y Chile, Bolivia y Colombia. Todo poco a poco. Afortunadamente esto no deja de girar y Sudamérica será (de hecho ya lo está siendo) el mejor antídoto ante la decepción centroasiática... eso además del vacile de toda la peña ante la "gloria" iraní, jajajaja: en el curro me esperaban con un folio con sello oficial de la uni en el que se leía "valido por un visado para Irán", en el pueblico me han nombrado "viajero del año"; en fin, que un poco cabroncetes sí que me han salido los de alrededor ;-)

martes, 8 de abril de 2014

Entonando el mea culpa

Sería del todo necio si, tras lo sucedido, no procurara hacer un ejercicio de introspección para determinar qué ha fallado en el fiasco de viaje a Irán. Obligado por conciencia, además. Era mejor dejar pasar unas horas, tomarlo con calma, descansar y tratar de comprender, una vez de regreso a la vida laboral, qué salió mal. Porque está claro que los factores externos están citados y denunciados (literal en el caso de la Turkish), que técnicamente yo debería haber sido capaz de intentar al menos tramitar una “visa on arrival” en Kermanshah y que no he dejado en ningún momento de ser un iluso engañado bien por las autoridades iraníes, bien por los gestores de Star Alliance (Turkish Airlines). Pero en el fondo eso a mí no me basta, no me es suficiente. No creo en el pataleo y mucho menos en una ira que lo único que genera es un mayor dolor propio y ajeno, prefiero dar el metal por perdido y bien perdido si soy capaz de aprender de ello; mas sí que creo en capacidades individuales y en la seguridad que dan las cosas bien hechas. A pies juntillas. Y, desde luego eso es a lo que voy, algo a nivel de responsabilidades internas, personales, no he hecho bien…

Es obvio que siempre he guardado un celo extremo a la hora de mantener mi independencia, criterio y valores; en otras palabras: mi manera de ser y actuar; en otras palabras: mi deseo de controlar todos y cada uno de los detalles que afectan a mis rutas sin permitir la ingerencia de nada ni nadie; algo que, por otra parte, brota necesariamente del hecho de que todos y cada uno de los viajes han salido y saldrán de mi bolsillo. Por supuesto, tres cuartos de lo mismo con la gente que ha decidido acompañarme y que siempre y en cada ocasión se ha/n visto obligada/os a aportar un montante económico idéntico al mío. Y lo han hecho ciegamente, única y exclusivamente por confianza en mi ideal de viaje y en la manera de organizarlo. Y digo brota necesariamente porque el interés extremo que siempre he puesto en los detalles incluso mínimos en cada ruta han dado un serie de viajes excepcionales, genuinos y, especialmente, reconfortantes al saber que han sido paridos desde mi imaginación y disfrutados desde nuestros bolsillos, con esa independencia que jamás tuvo ni tendrá obligaciones físicas o morales, cortapisas ni mecenazgos. Que no quede duda: el modus operandi organizativo con relación a cada viaje que surge de mi cabeza ya está definido de sobra porque ha sido pulido kilómetro tras kilómetro. Históricamente ése ha sido mi deseo como meta y, especialmente, mi responsabilidad extrema para con quien ha decidido compartir, en derechos y obligaciones, mis rutas planeadas. Han sido pues esos ahorros y esas ilusiones las que, justamente, han fustigado mis obligaciones propias y para con ajenos. Siempre ha sido así excepto, qué duda cabe, ahora con Irán. ¿Por qué con Irán no?, ¿por qué no tramité el visado en la embajada de Madrid? Ésta es, de antemano, una reflexión importante porque estoy convencido de que viajando acompañado jamás hubiera confiado en nada ni nadie sino que hubiera obtenido de antemano todos los visados en Madrid. Ahora queda claro que no por mí ni mis finanzas (el dinero viene y va), lo hubiera hecho por pura responsabilidad hacia ése o esos que decidieron sumarse a descubrir las venas de Persia. Éste es un detalle que creo tener muy claro.

Resulta jodido, en otro orden de cosas, toparme con gente que me conoce, que sabe cómo improviso rutas, transportes, visitas y alojamientos-restaurantes pero que, no obstante, siempre reviso, una y otra vez, todos esos detalles (pasaporte, visado y tarjetas de crédito en esencia) que te pueden estropear un viaje, tal y como ha sido el caso. Es jodido porque ninguno acierta a entender por qué no llevaba el visado ya hecho, por qué me la jugué en un país que no es diferente en lo referente a régimen político –por extensión burocrático- esquizoide y chusquero a otros ya visitados en los que jamás se me pasó por la cabeza tomarme tan a la ligera el asunto vital del visado. Y lo peor es que yo no sé qué contestar. Igual es por eso que ahora me dedico a teclear estas líneas tratando de ver si rescato con la yema de los dedos una causa que justifique esa laxitud y despreocupación. Quizás ha sido simplemente eso: un exceso de confianza sin más. Probablemente. Quizás he pensado que tras unas centenas de miles de kilómetros impecables sin tener jamás el más mínimo contratiempo burocrático, viendo por encima del hombro a todos esos que penaban por mala planificación de ruta o por no poner atención en esos detalles básicos ya citados, tenía un salvoconducto en forma de infinita bula viajera que me permitiera dejarme caer por cualquier lugar sin atender a precauciones. Pero a estas alturas ya creía sabido que el orgullo es el útero de las derrotas, que los excesos de confianza siempre, siempre generan problemas cuando de viajar se trata. ¿Acaso lo olvidé? Acaso. Así pues a este factor, el del exceso de confianza, es al que más vueltas le estoy dando. Y lo hago ya que llevo años moviéndome por algunos rincones de los que jamás escuché hablar, de los que en la red (lo repito: catalizador de viajeros de corcho) no se obtiene ni siquiera su correcta pronunciación. Kermanshah no es uno de ellos… pero casi. Casi porque con relación a la obtención del visado no existía nada de información (obvio). Ese detalle que hace años o con menos kilómetros encima hubiera encendido todas las alarmas, en esta ocasión pasó desapercibido, como una simple circunstancia más. Ajena. Y en consecuencia, con la seguridad que me daba haber dejado huellas en otros rincones más propios de la mente de Juan Rulfo que del planeta Tierra, debí confiarme pensando que lo de Irán no tenía por qué salir mal. ¿Por qué habrían de mentirme desde la embajada de Irán o desde Turkish Airlines? Ahora lo repienso y me pregunto cómo puede ser que existiendo la “visa on arrival” en Kermanshah nadie hubiera comentado su entrada por allí. Eso debería haberme puesto alerta. Pero lo dejé correr, lo desprecié pensando que, en el fondo, qué más daba. Me confié pese a todo. Probablemente.

De todos modos, otra razón posible para este desastre y que es la que más comezón me crea es esa sensación que, incluso antes de Persia, ya me rondaba el alma. Es la falta de ilusión, percibida como una sacudida de un megatón cada vez que atisbo un mapa. Así de claro. Últimamente me noto cansado, miro hacía atrás y veo demasiados viajes seguidos, demasiadas preocupaciones, demasiadas horas de investigación; miro hacia delante y es parecido. ¿Necesito vacaciones de mis vacaciones? Pues parece que sí. Y no dudo que los meses de verano después de Sudamérica me van a servir como terapia de choque más necesaria que nunca. Tiempo para escribir, tiempo para dejar la mente en blanco, tiempo para el relax que me devuelva, renovada, la ilusión ahora marchita. Y me repatea el hígado pensar que esa falta de ilusión haya sido la que haya derrumbado por los suelos la ruta por Irán hundiéndome en la mortal desidia. No lo quiero aceptar. Noto la fatiga pero no la quiero aceptar. ¿Quién sabe? Probablemente.

O una suma de todo, que también. Un poco de dejadez, otro de exceso de confianza, otro de falta de ilusión debida a la fatiga… Probablemente sea eso. Seguramente. 

domingo, 6 de abril de 2014

Proyecto Vivi: Un repaso al pasado Jemer

Os dejo un excepcional documental corto sobre Camboya y lo que fue el Jemer Rojo. En mi opinión y como pequeños apuntes, dentro de lo soberbio y bien planteado que está el vídeo, no es tan detallado como debería ser lo narrado con relación a la repercusión internacional del conflicto y el papel de los Estados Unidos porque es sabido que la connivencia de los yanquis y el mundo occidental en general con el régimen de Pol Pot fue mucho más estrecha y bochornosa (léase a Haas, a Pilger, al ex-embajador norteamericano en Tailandia Abramowitz,... o leer este anexo y procurar no echarse a llorar), también echo en falta la figura ya citada aquí en más de una ocasión de "El Carnicero" Ta Mok (inolvidable aquel paso por Anlong Veng en 2011, ¡cómo se echa de menos!)... Pero, en todo caso, demuestran en nueve minutos de gran documental que viajar siempre, siempre ha de implicar mirar atrás. Zorionak!!!

sábado, 5 de abril de 2014

Irán de ida y vuelta: aprendiendo a perder, aprendiendo a crecer

Que pudiera ser negado de palabra y acto a la hora de solicitar la “visa on arrival” en Irán era algo con lo que contaba. No lo barruntaba, ni lo esperaba, pero sabía que, como todas las cosas que se enhebran en las repúblicas bananeras o países de regímenes paranoicos y se dejan al criterio volátil de cualquier burócrata de estrato bajo (léase oficial de aduanas), podía pasar. Incluso imaginaba que mi cara no le gustara a algún fulano de sello salvador en mano, o que mi pasaporte lleno de visados supusiera una invitación demasiado obvia para estas mentes esquizofrénicas y por ello me mandara de vuelta al avión del que acababa de salir, de vuelta a Turquía.

No obstante, lo que jamás imaginé fue lo que sucedió. Que sencillamente al apearme del avión en Kermanshah (Irán) y dirigirme a inmigración me dijeran que… ¡¡¡Allí jamás se ha tramitado una “visa on arrival”!!! Y el poli de turno, agitado por la novedad, que enseguida me ponía en contacto con la Turkish Airlines para mi deportación (en realidad no estoy seguro de que sea una deportación, porque nunca llegué a entrar oficialmente al país); y yo mostrándole la página de Star Alliance, que incluye a la Turkish, y que muestra el aeropuerto de Kermanshah como posible para obtener visado a la llegada. Increíble cómo pude llegar a Kermanshah mostrando nada más que el papel donde se cita a Kermanshah como lugar para obtener la visa. En Bilbao ni me dijeron nada, en Estambul la chica de la puerta de embarque me pidió la visa, le comenté lo del visado a la llegada, chequeó algo en el ordenador y me dio el visto bueno. Y a la llegada nada de nada. Mi gozo en un pozo. Sonreír y bajar la voz, lección asiática, para arreglar un poco el lodazal en que me había metido… o me habían metido.

De vuelta en Estambul, bronca cojonuda con el director del departamento de deportados. Que si no te dejan entrar no es problema nuestro, que si la visa es responsabilidad del viajero. A ver, a ver. Para el carro, Baldomero. ¿La visa mi responsabilidad? Sí. Yo no tengo visa en mi pasaporte, ¿verdad? Verdad. ¿Y cómo demonios he conseguido llegar a Kermanshah sin visado?, ¿por qué no se me ha denegado el acceso al avión? Silencio. Pues porque tú y yo sabemos, prosigo, que la “visa on arrival” es posible en los aeropuertos de Irán, excepto por lo visto en Kermanshah y quizás alguno más. ¿Ahora te enteras? Estáis mintiendo cuando afirmáis que es posible obtener el visado allí, la información que dais por teléfono y en la web es falsa. Y el nota erre que erre con que si el policía de inmigración no me ha dado la visa es problema mío. A ver si te enteras: a mí ningún policía de fronteras me ha denegado la visa, que entiendo sería mi responsabilidad (o mala suerte) y no podría reclamar, simplemente no había policía para denegármelo o concedérmelo porque ¡¡¡no hay oficina de “visa on arrival”!!! Y tú ya deberías saberlo, porque es difícil creer que soy el primer viajero deportado de Kermanshah por este asunto. Con el encabronamiento que tengo en ese momento paso directamente de plantear la alternativa de enlazar con otro vuelo a Teherán -una alternativa que me dio la amable gente de la Turkish en Kermanshah- porque me obliga a una escala de más de diez horas allí colgado en el aeropuerto otomano, a pasar por un Teherán que no me atrae nada y, por si fuera poco, al llegar al aeropuerto de la capital iraní no tendré reserva de hotel y lo mismo el burócrata de turno me manda, otra vez, de vuelta al avión, otra vez pasaportado a Estambul. Por no hablar de dos días prácticamente perdidos. De quedarme en Turquía pues como que no tengo moral ahora mismo, y teniendo un presupuesto justo para Irán, invertirlo en Turquía por descontado que se me quedaría corto, demasiado corto. Podría remendarlo, pero la que se me avecina por tierras americanas va a ser parda.

En fin, para qué seguir. Una experiencia y aprendizaje nuevos. Ya en Bilbao, tras diecinueve horas de aviones y aeropuertos, me esperan los Nacionales para que dé cuentas de lo sucedido (lo que me faltaba), mi maleta está desaparecida y no ha llegado (comprensible con el Cristo que tienen montado en el aeropuerto Ataturk de la capital otomana), paso a formalizar una queja (que servirá de poco, aunque agrada que tanto el joven de la oficina aérea como el oso al mando del departamento de deportados me acabaran dando la razón porque no hay por dónde agarrar el asunto), trescientos euros a la basura, un porrón de horas sin dormir y con párpados anestesiados, otros treinta euros de la primera noche de hotel en Kermanshah dilapidados, el seguro médico… Un desastre que, por otra parte, en algún momento se tenía que dar. Una puerta que se cierra y muchas que se abren. Ahora mismo lo único que me apetece es descansar, preparar unos textos para esa Sudamérica que está al caer, trazar a fondo la ruta por esas tierras y, por encima de todo, olvidarme de la puta que parió a la Turkish Airlines y al joputa mandamás iraní que pasó la información a las compañías aéreas de que Kermanshah era una opción de visado a la llegada. Irán, el sucedáneo de Yemen, puede seguir esperando.

Queda aprender, sacar de la hiel la mejor lección porque siempre en la derrota está la más mayúscula enseñanza: que los pioneros siempre se llevan las primeras y más monumentales hostias, que para el futuro ya sabré un poco mejor cómo tratar estas situaciones, que la lección ha salido cara, ¿Qué hay compañías peores que Ibirria?, que acaso ya debería haber puesto candado al cercado de repúblicas bananeras con las que conozco y no me canso de revisitar y que, en el fondo es lo mejor, el sol que alumbre por tierras del cono sur americano ya se apresta a brillar.