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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Eterno Nong Khai

Poco a poco se va acercando Nong Khai tras unos kilómetros finales de carretera que no dejan de besar la vega del Río Madre. El bus renquea, sufre cualquier cuesta arriba, gime tras cada cambio de marcha y un poderoso olor a gasolina mezclado con polvo ocre inunda todo el interior. Se contagia del río en su lento caminar brindando unas vistas soberbias. Detrás del vehículo se apilan los fardos y jaulas junto a una maleta, por fortuna negra como el carbón en que ya estaría embadurnada de haber intentado lucir un tono claro. Delante la gente charla feliz mientras un pobre extranjero pelea por dejar de clavarse una varilla suelta del mullido asiento, directa a clavarse en los riñones a cada bache.

Al llegar la felicidad es extrema de vuelta al hogar del hogar. El dueño de la pensión sonríe y me da la llave de la última habitación disponible. Pareciera que me esperaba. Y tres cuartos de lo mismo con las chicas de la platería que miran sonrientes la pulsera que las compre hace tres años y que luce todavía hoy suelta por mi muñeca. La compre en recuerdo a Pa, tras dormir con ella la primera noche, y la guardo un cariño especial... a ambas, pulsera y mujer. El del puesto de los cordones de caucho también se deshace en alabanzas traducidas gracias a un extranjero que se halla en la tienda, con perfecto dominio del tailandés, y que me va contando en inglés, asombrado, las palabras del dueño, saludo reverencial tras saludo reverencial. Me dice que pasan extranjeros por allí con chica tailandesa, que compran para ellas pero que no llegan a valorar el trabajo artesanal de cada cordón. Es solo un capricho más, solo un suvenir más. Sin embargo yo regreso a comprar año tras año, y eso implica que valoro especialmente el producto. Que sabe que son para mi madre, se lo dije una vez anterior, y eso siempre es un aspecto sentimental añadido. Asiento conforme y un poco abrumado por su amabilidad. ¿Cómo podría no echar de menos el pequeño círculo forjado en Nong Khai? ¿Cómo podría olvidar todo lo vivido, disfrutado o sufrido en sus entrañas? Si el regreso viajero tiene un plus para corazones errantes, en mi caso Nong Khai, sus gentes, le llegan a dar una dimensión infinita. Sigue siendo un adorable desguace de cantos rodados, octogenarios henchidos por el calor trucado de jovencitas a las que el oro de Phukhet o Pattaya las pilla tardías o desmaquilladas, pero no deja de ser mi desguace favorito en el que, al cabo, yo también me hundo abandonado a la melancolía pasajera que impregna hasta el último rincón.

Siempre, año tras año desde ya ni se sabe, el cinco de Diciembre es especial y festivo en todo el reino por ser el cumpleaños del Rey. Y Nong Khai se une a la celebración sumiéndose en el silencio y la oscuridad. Toda la calle de ambiente nocturno y travieso se viste de chapa, de rejas metálicas que dan un silencio reverencial a la tarde en tan especial día justo cuando un puñado de fuegos artificiales estallan formando palmeras multicolor con el trasfondo de una luna casi nueva, cuna perfecta. Grandes y chicos, hombre y mujeres, todo adoran al Rey, convertido en una figura sagrada en el país. Se lo ha ganado a pulso tras una vida de compromiso y esfuerzo en pos de una Tailandia más próspera y menos tóxica (es conocida su lucha personal por erradicar del reino casi todo rastro de cultivo de opio). Si lo comparamos con este otro impresentable, borrachín y vividor de tomo y lomo que yo me sé…

Jean, el veterano francés afincado en esta ciudad, me descubrió una mañana en que regresaba del cajero. Efusivo y amistoso como nunca, me enseñó su casa y hasta el negocio de ropas que ha montado para su mujer, Joy. A la mujer tailandesa hay que darle una ocupación para que no tenga su mente demasiado centrada en mi bolsillo, decía confidente, tú ya sabes cómo va esto. Me reprochó hasta lo indecible no haberle llamado el pasado año en que Phon le comentó que estuve en Nong Khai. Que nunca más me hizo prometerle.

De Phon precisamente ya no quedaba ni rastro. En el bar solo sabían que marchó a Bangkok, a trabajar en algo que nadie conocía porque nunca lo dijo. Dos tragos duró la cerveza y punto final a la vida nocturna por esta vez. Mejor emplear la poca pasta que aún me quedaba en un masaje que me dio un cincuenta por ciento, chico-chica con tan poco salero tal si estuviera momificada mientras yo jugueteaba con móvil, dudando de si escribirle un mensaje a Phon o no.  

Siempre es duro abandonar Nong Khai. El corazón se encoge nada más pisar la estación donde arribó muchas horas antes para comenzar a latir brioso y el bullicio propio a estos lugares de viene y va acaba por deprimir un poco más, por complicar todavía más lo ya jodido del partir. Incluso se llega a nublar el deseo y, una vez más, año tras año, arrecia la duda de por qué no apurar algún día más allí, enterrado en ese cementerio de elefantes que tanto me ha regalado. No obstante el viajero siempre acaba recurriendo a lo que le da de comer, a la ruta. Con mayor o menor soltura, con más o menos querencia me dejé caer en el asiento de respaldo recubierto de pegadizo escay gris, y hasta creo que hubiera podido percibirse un punto de brillo en mis ojos legañosos, gestado por la emoción de descubrir un recodo más, cuando el bus puso rumbo a Ubon a una velocidad similar a esa con la que pasean los abuelos ya de vuelta de todo en esta vida, como si llevarán zapatos de plomo.  

Empero el azar, aunque parezca lo contrario, no entiende de casualidades. Mandé un mensaje de móvil a una amiga a quien no veía tiempo ha. Iba a Ubon, cerca de su localidad natal, y quién sabe si ella estaría allí y podríamos compartir una taza de café. En todo el mundo la gente viene y va, pero el viajero habitual por Tailandia, el que le ve cambiarse de careta tras cada ciclo anual, sabe que eso aquí es un modelo de vida en sí mismo. Rodar y rodar, ruedan los viajeros por tierras de Siam, ruedan los tailandeses por las arterías de su país. Lo estático está prohibido en estos lares. Mandé el mensaje con tanta ilusión como falta de esperanza, del mismo modo que quien se juega unas últimas monedas a doble o nada en la ruleta rusa. En Ubon mi gozo en pozo, no había buses a mi destino final, Khong Chiam, y lo más cerca que podía llegar ese día era a Phiboon. El día se esfumaba entre el trajín de seres grises ajenos al caleidoscopio brillante que caía por entre las nubes escasas con la puesta de sol, y yo me hundía en una silla de plástico empático con el astro, alicaído tras siete horas de bus, apenado por tener que perder todavía más tiempo vital en esta ruta que corría veloz al epílogo. Sin saber cómo ni por qué, igual buscando alguna red inalámbrica a la que poder conectarme y matar el tiempo, empecé a juguetear con el móvil. Había un mensaje de texto. ¿Cuántos días estás en Khong Chiam? Me levanté de un respingo, asombrado ante el hecho de que la ruleta me pudiera devolver lo jugado multiplicado por dos, un nuevo gramo de ilusión recuperada cuando ya me sentía carne de cañón. Contesté a la pregunta. Recibí una llamada. Hablamos un rato medio en Thai medio en inglés. Estás sola, no quiero crearte problemas. Estoy sola, ¿conoces Amnat? Me gustaría, pero al menos sé llegar y sabiendo que estás sola incluso podría hacer el camino andando. Risas contagiosas. Sabes que no puedo estar contigo. Silencio. Lo sé. En ese caso te espero mañana. Hecho, te mandaré un mensaje desde el bus cuando salga de Phiboon. Así en unas horas, cosas del destino y largo tiempo después, volveré a compartir un poco de charla con una persona muy especial a la que hace años me prometí jamás dejar caer en el olvido. El azar, queda claro, no entiende de casualidades. Jamás lo hizo y jamás lo hará. En mi caso y en el sudeste asiático, química o destino pertinaz, siempre fue así y siempre lo será. Su nombre, por cierto, es Pa.  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay que cabron!!!

Ya empezamos con el "tenia una piel tio" jejeje!

Disfruta que son dos dias!

PD...Seguro que no ibas a tiro fijo?

Que cabronazo!

Ta

Villaron dijo...

Buenas Chaval

Esta vez no me he conectado mucho , pero para una vez que lo hago veo que no te aburres.

Nos vemos a la vuelta.
Un abrazo





Anónimo dijo...

que pasA majete.
estamos en el merendero jodiendonos el vino que nos trajo tu hermano mayor.de momento tenemos 40 dias para hacer las americas ya veremos si hay mas que por aquines el invierno es muy largo.
con este vino un pat-thay vendria de narices(HELADAS).
abrazote de snowman