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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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viernes, 22 de noviembre de 2013

Wiang Kum Kam

El año de 1292 fue deplorable para las gentes del viejo reino Mon de Haripunchai. Lo habían predicho los brahmanes e incluso su propia trayectoria bélica decadente lo hacía intuir, pero nadie quiso creérselo porque quinientos años de historia no podían ser borrados de un plumazo, como si nada. Si antes fracasaron en su intento de conquista los jemeres, ¿cómo podría derrotarles el vecino norteño? Sin embargo el poderoso rey Mengrai, al mando de las hordas de Lanna y ya a las puertas de la vieja capital Mon que actualmente es llamada Lamphun, no entendía de historias y mucho menos sabía de predicciones ascéticas. Las gentes Mon eran sus enemigos naturales y la expansión de su reino, el del millón de campos de arroz, era una pura necesidad. Así, ese 1292 marcó con escarnio la caída definitiva del reino Mon a manos de gentes Thais y su postración definitiva en las páginas de la historia consumida. Lanna, el viejo y maleado reino Thai del millón de campos de arroz, sumaba más y más tierras en una expansión imparable.

Fue entonces cuando el insigne rey Mengrai decidió trasladar la capital del norteño reino de Lanna, el del millón de campos de arroz, desde Chiang Rai a una nueva localización más céntrica donde dominar sus vastas posesiones. Consultó a astrólogos y brahmanes; todos se acabaron decantando por el mismo lugar. Lo que a día de hoy queda claro es que a ingenieros no debió preguntar a ninguno, porque poco podían imaginar los metafísicos que aquel emplazamiento elegido, bautizado como Wiang Kum Kam, adolecía de una buena ubicación frente a las temidas inundaciones. El río Ping daba la vida regando arrozales y proveyendo generosos nutrientes en forma de pescado, pero su furia al desbordarse en época de monzón de lluvia resultaba catastrófica y no bastaron sino cuatro años para entender el error estratégico de aquella localización. El germen de aquella ciudad, prontamente abandonada a su suerte y olvidada por las gentes una vez que el propio reino Lanna fue sumado por las tropas invasoras birmanas, es lo que hace apenas una veintena de años jóvenes arqueólogos han destapado a apenas cinco kilómetros de lo que fue el asentamiento definitivo y más protegido de la nueva capital: la actual Chiang Mai.

Los vetustos y rectificados templos, de ladrillo ocre o gris estucado, se desparraman por una vasta área dando un ligero aroma de atemporalidad que flota entre vahos de sándalo y jazmín. Por allí nos juntamos cuatro apasionados de la historia para tratar de dar un sentido más profundo a todo nuestro enfoque sobre un reino Lanna que juega al gato y al ratón, mostrándose de un modo ocasional entre los callejones de un Chiang Mai travestido por oleadas de turistas. Al menos aquí, en Wiang Kum Kam, no se hace necesario rascar ya que su obviedad histórica aún es palpable haciendo de su visita otro hermoso entretenimiento dentro de la infinita gama de opciones culturales que encierra la septentrional capital Thai. Sin mochila ni cámara, pero fustigando la imaginación entre seres Mon y Thai, entre épicas batallas, entre dinastías de leyenda y entre reyes Thai como Mengrai o reinas Mon como Jamadevi pasaron con calma las últimas horas en la Rosa del Norte.  

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