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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

martes, 26 de noviembre de 2013

Mae Hong Son en retrospectiva

Ya no recordaba nada de Mae Hong Son. Aunque, bien pensado, igual sí, quizá lo básico. El templo Jong Kham junto al llamado Jong Klang, ambos apostados sobre el lago, aquel otro sobre la montaña Kung Mu, alguna calle, el antro “Crossroads”; pero nada más. Me pierdo por los callejones y quiero creer saber dónde voy. Mas al cabo de unos minutos he de preguntar cómo llegar a tal o cual rincón porque más de ocho años suponen un grave desafío a cualquier memoria. Al menos sé que donde dormí en aquella ocasión, el Fern Resort, sigue casi donde lo dejé, a unos ocho kilómetros de la capital provincial en dirección a Mae Sariang. Y digo casi porque, sin embargo, yo hubiera jurado que dicho hotelito se hallaba en dirección norte, hacia Soppong y no hacia el meridional y ya perdido tras las curvas Mae Sariang desde donde acabo de llegar.

En todo caso siempre es un placer volver a rescatar del olvido vivencias añejas, encontrar una pensión potable por seis euros, rearmar, equilibrar las finanzas y sentir que la capital Kayah de Loikaw, a este paso meta mítica, descansa a apenas decenas de kilómetros tras una frontera hermética que, ojalá con el tiempo, pueda llegar a ser cruzada solo con un sencillo sello de pasaporte. En Tailandia todo sigue igual, los precios y la comodidad del día a día se vuelven imperecederos, al otro lado es donde ha arribado un ciclón que ha transformado todo lo tocado en nueva dimensión. Y cuanto más hablo con turistas recién regresados de aquellos páramos, más dudas me entran del futuro hasta llegar de hecho a pensar que aquella Myanmar que conocí ya no volverá a ser nunca jamás.

Paseo cerca del lago, con los templos de fondo en una postal perfecta del paraíso, y noto que tengo ganas, de súbito, de salir para otras latitudes. De repente me apetece regresar a Luang Prabang, o mejor a Angkor, a la jungla camboyana. Chequeo el reloj y todavía me sobran unos quince días de ruta junto a un presupuesto que al fin florece. Sopeso pros y contras: Luang Prabang pilla más cerca, es brutal de hermoso y luego ir bajando por Vang Vieng hacia Vientiane me dejará a un palmo de Nong Khai, mi destino final en una ruta cómoda e ideal; Angkor pelea con Bagan en el máximo escalón a nivel de belleza arquitectónica, pero es duro encajarlo con Nong Khai en un itinerario redondo porque, pese a que ya haya recuperado fuerzas, no olvido que la senda Jemer me obligaría a regresar a Bangkok de ida y vuelta. Dudo y pienso que, nuevamente, una moneda al aire podría ser lo que necesito. Y al cabo de un buen rato, cuando he acabado la cerveza y estoy a punto de sacar el metal que marque mi ruta, lo repienso y me convenzo de que por este año está bien de kilómetros en miles. Que con llegar a Nong Khai en suave recorrido a través de las llanuras centrales tailandesas vía Mae Sot y Si Satchanalai bastante tengo. Que India y Nepal, allá en el fondo a comienzos de 2014, me van a suponer otro esfuerzo mayúsculo y, entonces, mejor dejar todo como está viendo los ciclos de sol y luna desde una hamaca y no desde la ventanilla de un bus. Creo que este viaje he acostumbrado al cuerpo a gulusmear la comodidad demasiado pronto, demasiado pronto, y regresar a Mae Sariang como escala previa a Mae Sot suena una burrada de apetecible, lo más deseable de todo.  

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