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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Hasta pronto, Myanmar

Tiempo al tiempo. Ha sido una decisión realmente complicada pero ya está tomada: me piro de Myanmar. Llevo cuatro días pensando en ello, sopesando pros y contras, dándole muchas vueltas y, en definitiva, creo que es lo mejor (o menos malo) que puedo hacer. Pesa mucho el cansancio acumulado, el sentirme enfermo, lo jodido de la logística en un país en pañales en lo que a infraestructuras se refiere, la odiosa sensación de sentirme vigilado, de no poder escribir a gusto tal y como me ocurrió en la Biblioteca Nacional porque un tipo que teclea es un peligroso periodista en potencia, la brutalidad y cantidad de turistas como la que vi ayer en Schwedagon, el cambio frenético de Yangon, la duda permanente de si me dejarán llegar a donde quiero o no, el bajo perfil de mis fondos… son muchos factores. De hecho ya tuve un millón de dudas para venir porque las informaciones que se podían leer en internet eran devastadoras, desde un incremento de precios brutal hasta una escasez de alojamientos más que preocupante, pero en todo caso tenía claro que, aunque solo fuera, quería pasar unos días en Yangon para chequear libros, recopilar información y revisitar la pagoda Schwedagon; luego ya se vería… En realidad, hablando desde el corazón, hay dos factores primordiales con peso superlativo en mi decisión de abandonar Myanmar. En primer lugar me niego a ver destrozada en añicos la imagen forjada de este país y sus gentes en los dos viajes anteriores. Digamos que prefiero recogerme, dar tiempo al tiempo y esperar que pase el boom de turismo de masas (las modas son pasajeras) antes que sentir la humillación de lidiar con grupos de turistas analfabetos e irrespetuosos (esos paracaidistas o generales de los que hablaba no hace mucho) para con la cultura Bamar. Y en segundo lugar hay una máxima que procuro no violar jamás y es la de negarme por sistema a pagar cinco por algo que cuesta uno. Entiendo la evolución natural de los precios y la asumo, pero no trago con esa ecuación de que ser turista es igual a ser millonario que tan de moda se está poniendo por estos lares. Es algo superior a mí. En Myanmar, y ése es mi anatema, yo ya sé lo que cuestan las cosas porque lo he aprendido y disfrutado en ocasiones anteriores. Y como comentaba con Jean, cincuenta dólares un hostal o veinticinco un billete de bus son precios muy, muy alejados de la realidad de este país. Son, sencillamente, precios para turistas que arriban a estas tierras en cantidades industriales y de los que yo no dejo de ser uno más, es decir, objetivo potencial a quien metérsela hasta el fondo. Finalmente uno piensa en la mierda de la política internacional, en la bendición otorgada a la recua de militares hijos de puta que siguen gobernando este país en una malamente disfrazada democracia, y en la consecuencia generada en el turismo de modo que, supuesta democracia por delante, ahora todo Dios piensa que puede viajar por Myanmar ya que su dinero no enriquece a la despiadada junta militar. Ilusos de los cojones. Al menos, obvio, alguna gente Bamar empieza a ver llover billetes que enriquecen sus durante tantos decenios vacíos bolsillos y eso, qué duda cabe, es la mejor noticia aunque de la Myanmar que yo adoré ya no quede casi nada. Escribo alguna gente no de manera casual, lo hago porque hablo con los taxistas y todos, absolutamente todos, comentan que ellos no ven un dólar de los turistas porque estos tienden a moverse como ovejas en rebaño, con buses que les cogen y les dejan en puntos estratégicos. Y es descorazonador entender cómo el dinero de esos ignorantes sigue llenando en gran medida los bolsillos de los generales (perdón, ahora “diputados”) a través de sus agencias de turismo gubernamentales. Otro clavo más en mi ataúd. Myanmar ha sido, no es la primera vez que lo digo, el mejor destino de todo el sudeste asiático, pero ahora mismo, si ya se conoce un poco la idiosincrasia bamar y se pretende profundizar en ella, es una época horrorosa para invertir tiempo y dinero viajando por sus rincones. Con seguridad volverá a ser ese destino idílico e incorrupto, solo hay que saber esperar a que dentro de un tiempo el gran hermano capitalista, con su maquinaria en forma de agencias de turismo y revistas de viaje, se decida a cambiar de tercio y ponga de moda Zimbabue o Ecuador para que todos los turistas borreguiles que hoy revientan los hoteles en Myanmar se encaminen hacia aquellas latitudes. Tiempo al tiempo.

Lo siguiente, con el cambio de planes, no está claro. Hoy relax a ver cómo evoluciona el trancazo y mañana Bago. Regreso a Bangkok el 17 (Loy Krathong :-) y me quedarán cerca de cuatro semanas de viaje en las que quizás tiraré para el área de Sangkhlaburi hasta subir a Mae Hong Son (curiosamente muy cerca de Loikaw pero en el lado Tai), o puede que regrese a Laos, o acaso me apalanque en algún pueblito de Isan unos cuantos días para escribir. Solo tengo claro que necesito descansar. Dónde es algo que todavía medito mientras trato de superar el dolor de que Myanmar, con gran penar, es punto y aparte por este año. En el fondo pienso que no tenía opción, que tenía que venir, que tenía que regresar a Myanmar para comprobar por mí mismo, in situ, que mi viaje en esta ocasión iba a ser una quimera mayúscula, que lo leído con temor era cierto, que se me iba a exigir transgredir normas que certifican mi concepto de viaje. Y eso, al cabo, es imposible de asumir después de centenas de miles de kilómetros a las espaldas bajo la misma filosofía. Ojalá en un año o dos la competencia, dada la cantidad de hostales que sé que se están construyendo a gran velocidad, permita a los precios regresar a estándares del sudeste asiático, los turistas se hallan esfumado con otra equis en su bagaje de países visitados, las zonas restringidas lo sean cada vez menos y la información para llegar a ellas más uniforme y, especialmente, uno pueda escribir y conversar libremente con ese corazón dulce y humilde que habita en gran parte de los birmanos. Porque a día de hoy, que quede claro, todo esto sigue siendo pura utopía. 

P.S. Sí, madre, claro que sí, claro que he regresado a aquel tugurio, al otro lado de las vías, donde tan buen café servían. Y ha sido otro puñal más. Ahora ya no hay goteras, ni sillas o mesas cojas, ni siquiera vi a aquel simpático chaval que servía. Ahora está todo reformado, de capricho, las camareras llevan el mismo traje elegante y un grupo de viejas alemanas en sus setenta parece molesto porque un joven zarrapastroso se ha sentado cerca de ellas. Lo peor es cuando, a intervalos de diez minutos, supuestas monjas budistas se acercan a pedir dinero a este pobre viajero que, incrédulo, añora más que nunca la extinta realidad birmana, carcomida por el voraz circo turista. Empieza a tronar y suspiro. Hoy ha vuelto a hacer un calor horrible pero yo sigo helado por las arterias de Yangon. Tiempo al tiempo, porque casi diez años vagando perennemente por el sudeste asiático dan el callo suficiente para entender que habrá muchos Myanmar en el futuro.

P.S. (2) Ya ves, Eva, al final es imposible. Esto está, ahora mismo, demasiado lejos de mi concepto de viaje e incluso demasiado lejos de mi presupuesto. En Loikaw sería incluso peor porque he leído que solo hay un hotel de sesenta dólares (¿?) y una especie de pensión cutre de cojones, con apenas un par de habitaciones y baño compartido, que anda por los veinte dólares (lo he leído, porque las agencias de Yangon no saben siquiera ni cómo llegar, como para saber de alojamientos). Quiero decir que si en Mandalay, Bagan o demás sitios turísticos la situación es delicada, en zonas remotas a las que uno nunca sabe si va a poder llegar la situación es incluso peor porque apenas hay infraestructura hotelera. Lisa y llanamente estás a su merced, y el precio lo ponen ellos… Leo sobre Monywa y tres cuartos de lo mismo, pregunto sobre Pyay y aún peor... Imposible. Ya habrá tiempo el año que viene y los siguientes para Myanmar. Mi gran problema es que, como comento en la entrada, ya sé cuál es la escala de precios de este país, y cuando antes has pagado uno por algo que de repente vale cinco, pues como que no. Me piro a Tai unos días y a ver cómo me organizo. Lo de volver a Myanmar el próximo año para rematar el segundo libro ya entraba en mis planes (incluso para recorrer el estado Shan hasta China por Lashio y desarrollar algo de la ruta del Tea-Horse), así que, aunque me pueda a ratos la amargura, en el fondo nunca hay mal que por bien no venga y rutas en la cabeza para regresar y regresar a Myanmar tengo unas cuantas. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabias que estaba dificil, lo has intentado, visto con tus ojos y sentido a la gente, eso es lo que te llevas.
Pensaba que en Loikaw y zonas donde todavia va muy poca gente no estarian tan contaminados por la fiebre del turista-bolsa de dinero. Esta muy fresco el cambio politico y hay que dar tiempo para ver si el dinero se lo van a repatir los cuatro de siempre.
A mi tambien me jode no poder gastar mi dinero en sitios sencillos y con gente sencilla. Y todavia me jode mas pagar lo que gana una persona al mes por un transporte, habitacion... no lo hago.
Como dices ya cambiara ¿quien sabe si incluso se puede entrar por el norte de Tailandia al estado Shan?
La ruta del Tea-Horse, no he leido nada, la voy a buscar.
Un abrazo, Eva

Anónimo dijo...

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz!!!!!!! joder camarada que coñazo.. pero para cuando lo interesante lo bueno lo que me gusta a mi.. zarrapastroso! haberle metido la uña a las alemanas, por lo menos pillarias sitio donde dormir.. bueno camarada disfruta del viaje aunque me da que se esta haciendo largo..
pd: tenia una piel tio...