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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Estación final: Langzhong y Laitán

Unos suben, otros bajan, pero todos en algún momento se arremolinan a ver qué hace un tipo extraño tecleando en un portátil junto a un anciano. Langzhong, en primera instancia, me ha dado una habitación asequible por diez euros, una cerveza caliente en una calleja lateral con tránsito pausado y una compañía inmejorable. Sorprende la una vez capital de Sichuan, como un inédito manuscrito cervantino encontrado al azar, porque pasear por las callejas de su casco histórico es sumar renglones, aunque recién barnizados, a una descripción de lo ya olvidado. Igual a como me lo susurraba, en verso quebrado, la rasgada voz del abuelo Zhang.

Zhang, con su pésimo inglés chabacano de antiguo guía, glosa las mil y una maravillas del lugar con brío mientras uno de sus nietos se afana en embotellar un vinagre, espeso y oscuro como el chocolate de la abuela, purgado con un cazo de las profundidades de tinajones de barro al fondo de un tugurio desvencijado. El anciano deja las horas morir haciendo guardia en la puerta del local, enfundado en su traje añil, sentado al sol, y cuando éste se esconde y se levanta un cierzo, él se alza el cuello de la chaquetilla, se cala a fondo la gorra y resguarda sus nudosos dedos en los bolsillos para encogerse y hacerse un ovillo. A ratos dormita y a ratos cuenta viejas batallas; yo solo las voy dejando resbalar por mis oídos porque China, gracias a lo necio que habita en mí y que aún no me ha dado ilusión en aprender unas palabras de chino mandarín, se oscurece por una terrible falta de comunicación que me hunde en la melancolía y la rabia a partes iguales. Y cuando no hay comunicación, cuando viajar pierde su esencia, el manido recurso al yo, mi, me, conmigo no empuja a teclear nada. Es en días como éste cuando me siento igual que cualquier turista coleccionando instantáneas.

Tiempos duros los de la revolución cultural maoísta, tiempos duros, le creo entender por mor de que lo repite con firmeza. Langzhong a punto estuvo de sucumbir. Una victoria moral, una derrota cultural. Mas pronto me piro abatido, incapaz de desarrollar algo similar a una conversación con el anciano, y callejeo por una amalgama de callejas débilmente iluminadas que recuerdan levemente a las, si cabe más hermosas, de Pingyao o Lijiang. Husmeo por aquí, por allá, rebusco algo olvidado de la preciosa épica de los tres reinos, una fuente de inspiración… pero casi no queda nada. Las casas señoriales mejor conservadas son ahora hoteles de lujo para chinos adinerados y nadie deja pasar a un extranjero, ni tan siquiera para tomar un par de planos de vídeo. Las gentes se afanan en vender recuerdos en mil y un puestos que jalonan el par de calles centrales. Nada que ver con algo que guarde semejanza con el supuesto ambiente rústico que en teoría seguía vigente. Luotiancun, Libo, o el área de Yantoucun me parecían, de repente, oasis desecados que luchaban por mantenerse en el recuerdo inmediato ante el vasto desierto en forma de frenesí, artificio y comercialidad propios de Langzhong.

Cuando regresé a la vereda del abuelo, éste ya no estaba y la persiana del local estaba echada. El resto de la calle, como mi ilusión por Langzhong, hundidos en las tinieblas. Camino de sombra en sombra a la pensión mientras mi mente navega a la calidez birmana. La mejor lección ha sido aprendida a fuego: no puedo volver a este hermoso país sin haber aprendido un poco de chino mandarín de antemano. Y solo así podré contar la batallitas de un abuelo que, lo mismo que el Langzhong de los tres reinos, quizás sea historia incinerada, cenizas, cuando regrese.

Al par de días toca deshacer lo andado para regresar a Hechuan, vía Nanchong, desde donde alcanzo un bus a Laitán. Confío en que guarde algo de interés y una habitación para mi última noche en China más asequible que lo prohibitivo de Chongqing capital porque mi presupuesto, a estas alturas, palidece. Pero en realidad es mucho más que eso, la habitación sale por 12 euros y el entorno es brutal, como una ciudadela de roca dominando un amplio valle fluvial. Ancianos del lugar se han montado un mercado de verduras en la puerta de la muralla, y más allá se abre un entresijo de callejas sobre las que bailan losetas de piedra de dimensiones métricas y a las que se asoman fachadas de madera raída. Un solo minuto en Laitán vale más, en autenticidad, que cuarentaiocho horas en Langzhong. El rebrote del pasado no solo se queda ahí ya que en todo Laitán apenas hay una conexión a internet, y la gente te mira divertida cuando pronuncias las palabras wi-fi. De este modo, mi último trago se esconde entre macizos pétreos, encaramado a una loma sobre un caudaloso río en el que flota la bruma. Allí, resguardado en un templo cavernario, aguarda un hermoso Buda labrado en la roca al igual que sus mil seguidores iluminados, en este caso diseminados en las profundidades tenebrosas de la cueva en forma de eremitas hechizados. De mirada cándida, imponen una paz que permite reconciliarse con el país y soñar con otro futuro regreso. Laitán se transforma, sin lugar a dudas, en el mejor resumen imaginable para un viaje por la senda de lo no trillado, perdido en las entretelas de un país descomunal de hermoso y que a cada estación visitada descubre otras tres que esperan impacientes que alguien las rescate del olvido.

P.S. Ya en el aeropuerto de Chongqing rumbo a Bangkok y, con ésta, última entrada por este año relacionada con China. La conexión al blog desde el gigante asiático, o sea, la circunvalación al gran firewall rojo, se hace desde securitales.com. Si viajáis por allí probad la versión de prueba y podréis entrar en blogspot, gmail, facebook y demás. Si os dice que el sistema está lleno (jodidas cookies) y no acepta accesos de prueba, sencillamente borrad la caché del explorador, reiniciar y listo. Dice que deja diez minutos pero en ocasiones el marcador de tiempo empieza a descontar desde veinte o treinta, tiempo suficiente para subir unas fotos y escribir el contenido del blog, chequear correos o entrar en redes sociales. Funciona perfectamente en China y, se comenta en foros anglosajones, también en el resto del mundo. Como decía hace unas semanas, solo había que poner un poco de interés en buscar alternativas y tener unas nociones básicas de informática. Espero que el gran hermano rojo lo ponga un poco más difícil el año próximo… ;-) El “top three” de este itinerario se queda con Libo, Sanqingshan y una tercera plaza a medias entre el área de Yantoucun y Laitán. Pero, seguramente con el tiempo, mi mente, los recuerdos, se alterará el orden e incluso los protagonistas… El transporte ha subido por los peajes de las nuevas autopistas y el propio incremento del gasoil, dormir y comer afortunadamente todavía es barato y las entradas a los sitios, como era esperado, siguen estratosféricas. En todo caso la media de toda esta ruta por gran parte de lo ancho de China se ha quedado, tal y como tenía calculado, en poco más de treinta euros al día (cervezas y tabaco incluidos, jajaja) que hubieran bajado sustancialmente, igual que la fatiga, bajando el pistón y reduciendo escalas (muchos destinos, muchos kilómetros por carretera, quizás demasiados en una ruta muy, muy trotada).  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hi bro
buena últtima entrada. Ese abuelete no puede quedar silenciado para la próxima. Habrá curso de chino en la uni? ;-). Ya tienes parea jejejje. Un abrazote desde la amaca ya gélida de yoolbrady. Brindamos por tus nuevas aventuras con un poco de becherovka mientras nos acordamos de ti. Tu vaso lleno, aqui te espera a tu regreso.

Anónimo dijo...

Hola David!!
he leido del tiron tus cronicas de China y como en todos tus escritos de viajes me has transladado a esos lugares.
No es un pais para mi por lo menos ahora. No soy lo suficiente zen para meterme en la marabunta china,
ni sabiendo mandarin!!!
Que disfrutes tus pocos dias en Tailandia y espero las cronicas de Myanmar.
Aunque no conozco a Serafin, saludale de mi parte si todavia estas en Bkk.
Me encantaria tomarme unas Leo con vosotros. A ver si podemos coincidir en algun lugar de Tailandia.

Eva

Botitas dijo...

Hola Eva

Gracias por tu mensaje. En Diciembre volveré a Bangkok a hacerle una visita a Serafín (Ta) seguro el día 10 porque tengo reservada un hotelito allí para esa noche (regreso a España la madrugada del 12). Quizás regrese antes a Bangkok o quizás no, a ver qué me depara Myanmar. Siempre serás (o seréis) bienvenidos y para nosotros un auténtico placer. Ya estoy en Yangon y seguro que mi mente algo carburará para escribir los próximos días que pasaré aquí en la capital. Por lo pronto alucino con tener internet, en mis anteriores visitas la red era algo casi desconocido para estas gentes ;-)

Abrazote