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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Bago como telón

Hasta aquí el bagaje birmano por este año. Me piro triste, cabizbajo, enrabietado y con una fatiga acumulada que hoy casi me revienta en la tórrida Bago. En todo caso plenamente consciente de que es la mejor alternativa porque necesito descansar unos días sí o sí al calor de algo con ecos de hogar, con gentes de ojos rasgados y con una escala asumible de precios para mi mermado presupuesto.

Y como a rey muerto, rey puesto, pues estaba echando un Red Ruby a la puerta de una pagoda cuando ha vuelto a lucir el faro de Tak, lugar donde se celebra de un modo especial el Loy Krathong que se celebra mañana en tierra Thai. Al cabo de media hora de sopesarlo, me han bastado treinta segundos de charla con una turista Thai en Bago para cerciorarme de que Tak es mi próximo destino. En cuanto le he mencionado el pueblo de las tres letras y el festival de las linternas (Punni phom pai Tak, pai Loy Krathong), sus ojillos han pasado primero por la incredulidad (¿Loy Krathong Tak?), la sorpresa (Farang mai pai Tak) y, por último, la ilusión (Loy Krathong sai suaaaaaayyyyy maaaaa ;-) Sabía que tenía que ser hermoso porque ya había escrito antes sobre ello, pero ella, sus vivarachos ojillos azucarados, me lo han terminado de confirmar. Está claro entonces, mañana avión a Bangkok, bus a Mochit, bus a Tak (si no pillo a Tak trataré de enlazar con alguno a Mae Sot) y nuevamente a buscar una pensión que será, probablemente, mi hogar por unos días.

Después del tren (¿cuántas reminiscencias de India se encierran en tierra birmana? Myanmar es la mezcla agitada al punto perfecto de subcontinente indio y sudeste asiático) y de volver a maravillarme hoy bajo el sopor de Bago creo estar bastante seguro de lo triste que es abandonar Myanmar así, tan pronto, pero en mi situación extrema esto asoma como la mejor opción hasta dentro de un año. Por físico, por psíquico (con el cansancio lo primero que se resiente es el cerebro y las cosas no se disfrutan como esta tierra merece), por salvaguardar un lugar que volverá a ser único una vez limpio de polvo y paja tour-operadora, por preservar el equilibrio económico… A cuenta de esto último quiero puntualizar que, si viajara cuarenta o cincuenta días al año, probablemente haría un esfuerzo extra por quedarme ya que el tema de la pasta no pesaría mucho. Y así hasta quizás podría confundírseme con otro petardo de esos que tanto coñazo dan -y autobombo se dan- porque con dicho bagaje de días viajados por año se las dan de bloggers de viaje… para ir a mear y no echar gota lo suyo. Pero, afortunadamente, a mí me toca jugar en otra liga con cerca de ciento veinte días de ruta anuales (ni en esas cifras esto podrá ser jamás lo que yo entiendo por un blog de viajes) y eso, ya que no me ha tocado la lotería ni tengo saldo de muchos dígitos en el banco, me obliga a hacer juegos malabares para poder completar ruta tras ruta dado que mi presupuesto tiene la horquilla del grosor de un papel de fumar. La situación actual en Myanmar es tan volátil, tan fluctuante, que podría disparar fácilmente mis gastos poniendo en serio riesgo el viaje por India y Nepal en Enero y lo futuro por Sudamérica. No es que podría hacerlo, es que un puñado de días en Yangon me han servido para certificar que así sería. Y ése es otro parámetro de grosor del siete que he tenido que valorar y meditar a fondo para decidir salir con inmenso pesar del que, probablemente, sea el destino mundial al que más cariño tengo. Si hace dos o tres años hubiera tenido que apostar por un país de precios estables e inflación contenida, ése hubiera sido Myanmar a tenor de su histórica cerrazón como país regido por una junta militar dictatorial incapaz de cambios mínimos. Pero la realidad, afortunadamente para mucha gente Bamar, es otra muy distinta, mucho mejor pese al camino que queda por recorrer. Y yo solo lo he observado paseando por Yangon, lo he pensado, repensado, lo he vuelto a pensar y, en resumen, he procurado ajustarme a ello.

Que nadie piense que aquí termino de darle a la tecla por esta temporada, ni mucho menos. Ya comenté (creo) que el nuevo libro, después de repasar en el primero el área de Laos, Camboya y Vietnam, trataría sobre Tailandia, Myanmar y un poco de Malasia peninsular procurando cerrar así el circulo del sudeste asiático continental. Este segundo se queda en standby en lo que a vivencias se refiere hasta dentro de un año (al menos llevo de Yangon material para desarrollar muchos aspectos sociales y culturales del conglomerado social birmano que enriquecerán la escritura futura), pero en el apartado Thai vuelvo desde mañana a entrar a fondo y procuraré ir publicando lo que se vaya sucediendo. Solo necesito un poco de tiempo para dormir, descansar unos días y ponerme a ello.

P.S. ¡Camarada! Coño, coño, verte por aquí sí que es lujo asiático, jajaja. Los viajes se hacen largos o duros en función de cómo los organiza cada uno. Mas la magia de viajar sin ataduras permite parar y repostar de vez en cuando, justo como necesito yo ahora. Así uno podría viajar hasta el día del juicio. En todo caso, seguro que coincides conmigo, siempre es mejor sentirse cansado con calorcito, el cielo azul, las neskas en top de tirantes con pantaloncitos y sin despertador que no con el lúgubre ulular de las ventiscas otoñales que tanto rasca transmiten en la tierra de las herrikos ;-) Saludos a la peña… Y que sepas que ahora tengo watxa y la ostia, o sea que a ver cómo se llama ese grupete donde os dedicáis a daros caña… Tengo un móvil con seis velocidades, cuatro núcleos, un giga de ram, android 4.2, batería de 2000 mah (o como se ponga) y todo por poco más de sesenta euros. No me digas que quieres uno que ya salí de China, juas, juas.  

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tomamos algo en el aeropuerto? Vamos...digo yo.

En Tak hay malaria...

Ta