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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

domingo, 13 de octubre de 2013

Un pensamiento al vuelo, una lista de canciones

Eso puede esperar hasta el próximo viernes a última hora, me aseguro a mí mismo. Sí, no van a ser más que diez minutos. ¿Y aquella vez para ir a Túnez, hace más de un decenio? ¿Cuánto podía pesar esa maleta? ¿Más de veinte kilos para una decena de días? ¡Qué duda cabe! Sorbo un trago y dejo morir la vista, a través del cristal, en un horizonte cítrico, infectado del sol que muere regando de destellos anaranjados su territorio. Por aquel entonces, seguro, yo no podía imaginar que llegaría hasta aquí pese a que aún no haya olvidado la noche encalada, remetida en salitre de Mahdia. Sigo soñando con volver a ella.  

El hacer la mochila, con las decenas de miles de kilómetros ya recorridos, vividos y empaquetados en su interior, deja justo el suficiente y mínimo espacio como para poder ser cualquier viajero, capaz de llenarla en apenas diez minutos. Pasaporte (con visados) y tarjetas de crédito. Nada más. El resto, viajando al Este, a Asia, habitualmente supone más una agradable compra o trueque surgido de la necesidad que un suplicio de carga sobre las espaldas. Así, camisetas, cuchillas de afeitar, jabones, champús… todo se alcanza a la vuelta de cualquier esquina y por una fracción de lo que cuesta en casa. Uno, pese a todo y por creerse precavido, tiende a introducir unos calzoncillos, tres camisetas o un par de vaqueros; y todo lo hace con gesto mohíno, no en vano sabedor de cómo se va forjar la ruta y sus vicisitudes. ¿Para qué demonios cargo con esto? Así pues, teniendo a buen recaudo el dinero resumido en los rectángulos plásticos de colores dorado y naranja que proveerán en los cajeros lo que he podido ahorrar estos meses, más aparte los pasaportes (con sus visados y tal), solo queda relajarse y rematar la última semana laboral, la primera de las tres que deberé emplear en la Universidad desde hoy hasta el tres de Febrero. Tiempo para soñar.  

Atrás quedaron las cábalas, lo que se ha empinado la ruta estos últimos años, el paso de veinte dólares diarios por Indochina a los treinta y cinco euros que llegarán a solicitar unos tramos chino y birmano que me van a magullar hasta el tuétano. Aún sigo con la cerveza en la siniestra mientras el sol de Octubre va dejando su epitafio en sombras que, grotescas, se alargan hasta barrer hacia la penumbra todo el panorama. Pienso que se me ha hecho duro esta vez, que algún día tantas sociedades, tantos seres ajenos junto a los sentimientos que generan dejarán de desfilar por aquí, que cada vez los destinos son más caros y mi nómina alcanza a menos. Incluso que quizá llegará un día en que tendré que replantearme demasiadas cosas. Apuro el líquido de un trago y dejo caer la cortina desde la diestra pensando que sí, que eso también llegará, que también habrá lugar a mi penitencia. Pero mientras tanto me da por volver al ordenador, subir el volumen de la música y recordar que el próximo vuelo está la vuelta de seis días y, coño, "Carpe diem" (aprovecha el momento), aún me queda en el frigorífico otra de esas San Miguel que pronto pasarán a llamarse Tsingtao.

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