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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Los colegas, los recuerdos


Se tiende a olvidar con facilidad. Se cree, por norma, que es algo que no necesita cuidarse porque siempre va estar ahí, porque nunca va a fallar. Pero si existe algo realmente tozudo y perseverante, ésa es la propia realidad. Afortunadamente. 

Después de una comida con la cuadrilla en Alza, la flor y la nata, encendiendo y metiendo gasolina, sin saberlo ni comentarlo, a futuros textos; uno tira de memoria, enmarca la retrospectiva y evoca tanta y tanta gente que pasó por el Mendi Kafé-Rock o por aquí de puntillas. Escuchando el "kukuruxta", apurando tragos de un gin-tonic que se disipa, primero los secretos, luego M-Clan, la chica de ayer, Au Haruthai, Bew Kalayanee, Platero y tú, Tequila, el tío Rosen… regresando a la senda… rescatando la dedicatoria de “Río Madre”, emocionado con su semilla que pronto brotará en cualquier monasterio birmano, soñando con las gentes que poblarán y acompañarán mis propias nuevas palabras, con Pierre Loti, con Julio Cortázar, con Murakami… Aquí se nombran seres que nutrieron mi camino asiático, que sin duda encenderán el vuestro. Aquí, en el capítulo de agradecimientos,  acababa un libro y una deuda; con los colegas en la sociedad Gurea, los que saben que no necesitan ser citados, florece un nuevo esqueje…


Mellado. Poco menos que caído a plomo en un sofá de cualquier pensión en Hanoi. Se acentúa la ausencia de muchos seres, con seguridad demasiados. No soy de prólogos ni de epílogos, y mucho menos escribiendo un libro sobre el retorno constante a una zona del mundo. En esta tierra y en mi persona, sin duda, no tienen sentido… pero sí creo que es justo, desde estas líneas y con la humildad por bandera, reseñar y agradecer las virtudes de paciencia, comprensión y, sobre todo, cariño de todas las personas que nombro a continuación aun con la certeza de que hay otros muchos que deberían estar y, por inconsciencia o memoria olvidadiza, no lo están:

-Pa y Phom en Nong Khai, a la primera por tanto y por nada y a la segunda por rescatar de su memoria un trago largo de festival Lai Rua Fai.

-El cariñoso abuelo de Luang Prabang y su prodigiosa memoria que guiaba mis párrafos de leyendas indómitas.

-Sunisa en Sakon Nakhon y sus susurros que hacían de descarga eléctrica.

-La peña del karaoke de Nakhon Phanom y el gay de nombre imposible por tantísimo, realmente tanto que me hace estremecer en un escalofrío.

-A las dos chicas de Mukdahan que, sin saberlo, en apenas dos noches viraron mi estrella, la brújula que me llevó hacia estas líneas.

-Noi de Nong Khai y su novio con los que topé accidentalmente en Tha Khaek teniendo ocasión de pasar una maravillosa velada con ellos recordando pretéritos buenos tiempos.

-Harry y los críos del monasterio en Savan (¡increible Savannakhet!... a veces pienso que este escrito debió morir en aquel capítulo).

-Todo Pakse, sus habitantes nocturnos y especialmente a los khatoys por su calidez extrema sin mojaduras… por ser como son y aceptar la diferencia propia y ajena.

-Hannah por su curiosidad y deseo de cultura Thai.

-La gente de la pensión de Sra Em.

-Thong en Tbeng Meanchey… qué decir sin echarme a llorar.

-Al dicharachero conductor de Svay que casi me mata.

-Rodri en Phnom Penh (suerte, compadre).

-Nhiew y la pareja de abuelos de la pensión de Kampot porque, con el corazón en un puño, solo puedo regresar a verles lo antes posible.

-El barquero de Vinh Long que me llevó donde no habita el pecado.

-Todo, absolutamente todo Tra Vinh.

-La gente de Seguros Unsol y, por extensión, los trabajadores de Family Medical tanto en Danang como en Hanoi por su amabilidad, excepcional servicio y por tomarse más en serio la salud que quien suscribe estas líneas.

Un gracias sentido desde el alma a todos ellos porque, como expresaba Theroux cuando decía que buscaba trenes y, sin embargo encontraba personas, ellas son el sustento de todo viajero y de este manuscrito. Hay historias y leyendas, pero por encima de eso hay personas de ayer y de hoy enriqueciendo el caminar del viajero… solo personas. 

Ahora que vuelo de vuelta imagino el frío que arrecia anunciando el invierno en destino, parece que hay un señor de barbas como nuevo presidente (otro sinvergüenza que dará lo mejor de sí para que el país siga siendo coto de analfabetos funcionales en puestos de poder), la crisis deja familias desamparadas y yo, por el contrario, ya imagino las futuras vicisitudes que darán forma caprichosa a mi ruta por tierras birmanas mientras las tiesas azafatas de Aeroflot y su permanente cara de malafollás (dudo que alguien dude de la justicia de este adjetivo hablando de estas “damas” aéreas) me tienen más seco que una uva pasa pese a que yo deseo comprar una cerveza. Para mí no hay mini-bar, todo agotado. Empiezo a pensar que mi cara de resaca mal llevada es demasiado evidente y es entonces, justo en ese momento, cuando aún más fervientemente desearía estar de vuelta allí, en Myanmar, en la tierra de espíritus. Me ladeo un poco y cierro los ojos tratando de descansar.

Después, en casa y una vez descansado, retomar la rutina laboral, coger y abandonar constipados,  pensar en el polvo del camino, el que se agarra en vertical, el que no te deja razonar en horizontal, en seguir sonriendo; en el ya queda menos para regresar, para perder la noción del tiempo en la pagoda Shwedagon y los anónimos fieles recogidos en penumbra tras palmas de oración y verso mudo, en Bagan y sus templos taraceados, nácar en laca, sobre un estéril manto térreo por los que se volverán a aparecer rostros de dolor menos intenso que la fe de futuro que los alimenta, en Mandalay y su armónico vivir rodeado de gentes de mil orígenes… Rostros que sé que seguirán allí, vigilantes y a la expectativa, en cálido rumor mientras aquí el vaho nasal forma una nube de vapor sobre el helado cristal mientras la manga de mi camiseta frota tratando de visualizar un poco más allá en la estepa nívea, blanqueada por una nieve que cae en finos copos. Burgos al fin. Punto y seguido…

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