LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Evocando a Pierre Loti (Intro Yangon W.I.P.)


Ya desde tiempos inmemoriales, el decrépito puerto de Yangon resuena más a mafia y trapicheos con mercancías de estraperlo que a negocios bajo luz y taquígrafo. La propia naturaleza del sitio llama a ello, con contenedores carcomidos hasta el tuétano por el óxido, nubes de polución, olores de herrumbre y charcos oscuros, teñidos en su superficie por el tono multicolor que denota restos de gasoil, esos a los que se arriman a beber gatos lacerados y famélicos. Los cargueros vienen y van, perdiéndose entre sus sombras gigantes la estampa de diminutos bateles con redes prestas a faenar, claros ejemplos de sustento familiar, de un sector primario que en este país revoca a la mayor parte de sus gentes. Imaginar que siempre ha regalado la misma panorámica es tan sencillo como suponer la estampa que debió encontrarse Pierre Loti cuando arribó a estos confines, a finales del siglo XIX.

Así, nuestro protagonista se alza sobre la proa del navío en este mar almidonado que suele regalar el golfo de Martabán. Atrás quedan Calcuta y setenta y dos horas de travesía engalanada con el gris de las lluvias azotando el índico septentrional, en lontananza, aunque podrían ser mil gaviotas, solo queda un sitio para mirar; porque nada más que uno refulge y concita millones de miradas y sentimientos: la pagoda Schwedagon, el mayor prodigio del sudeste asiático en aras de esa fe común llamada budismo. El suave rumor de la embarcación rompiendo el agua como una cuña y generando regueros de suave espuma no distrae a nuestro protagonista, edulcorado en su ánimo por esa visión de dimensión etérea en la que brillos como chisporroteos surgen de la superficie de la dorada estructura con forma de campana, labrada en su cenit con miles de piedras preciosas. Incluso la brisa parece querer respetar el momento amainando su potencia hasta la calma reverencial. “¿Puede existir una visión más maravillosa?”, se pregunta Pierre a sí mismo, imaginando la colina sobre la que se asienta el santuario emergiendo de una cremosa niebla que se deforma en espirales antes de diluirse bajo el peso de unos brazos solares que anuncian el alba.

Pierre camina por las calles flanqueadas de edificios coloniales desvencijados, espectros amorfos que susurran y amenazan con devorar al intrépido francés saltando de fachadas descascarilladas en tonos azabachados. Pero éste no lo puede percibir, solo observa, envenenado como sediento ante oasis de espejismo, la imagen hipnótica del oro que recubre cada milímetro de la pagoda soñada durante tanto tiempo. Sin él saberlo, ya es peregrino budista por fe. También europeo, por genes, y eso le lleva a guarecerse del húmedo calor y confiar en que a la caída del sol será la propia fuerza emanada del templo la que hará bullir su sangre y calentará su espíritu.

Camina, brinca por las escaleras a través de la artificial cicatriz sobre la colina que da acceso a Schwedagon. El astro ya casi es historia, la brisa tórrida lo parece menos y una luna menguante empieza a brillar con timidez. Al llegar al atrio un sopor dulzón emanado de mil flores se mezcla con la imagen de fieles aceitunados practicando sus rezos, descalzos, envueltos en telas de raso. Todos ajenos al protagonista, todos buscando un gramo de piedad, todos saciándose de un más allá en forma de droga espiritual, todos embrujados bajo el manto púrpura que surge de la estupa central. Siendo inevitable no perderse en el magnetismo del lugar, Pierre se ve obligado a parpadear varias veces ante la insistencia de una vendedora de flores que le anima a compartir el ritual con la gente birmana, como uno más porque nadie es extraño en tierra birmana, a los ojos de Buda. Eso se aprende rápido. Entonces la imaginación se le pierde en veredas de infancia, en reinos de hadas y princesas, de reyes y oropeles, de castillos y palacios porque, indefectiblemente, todo lo que le rodea le invita a soñar. Tanto es el poder evocador de esa Birmania reducida en Schwedagon.

Arrastrado por la multitud de fieles, Pierre percibe la sedosa y tibia sensación de las losas de mármol a través de la planta de sus pies desnudos mientras camina alrededor de la campana central, obnubilado por la presencia constante de fulgores que llaman su atención desde cualquiera de los zarcillos metálicos que repujan los pequeños templos laterales, o por el rítmico caminar de las birmanas, entalladas en faldas de gasa tenue que prometen más de lo dejan ver. La neblina enmarañada formada por el incienso incandescente frota el rostro y los brazos desnudos antes de perderse entre la miríada de budas de latón, de oro, de alabastro, graníticos… rostros pacíficos con suaves formas, cincelados desde el corazón, que contrastan con el rictus humano del occidental. Centenas de monjes rapados, forrados en el ámbar de sus túnicas, charlan amistosamente a su lado. Son idénticos, como lajas de esquisto, se funden por mimetismo cromático con el entorno áureo y levemente miran de reojo al barbudo francés antes de sonreírse en cómplice armonía.   

Generaciones anteriores vuelan su recuerdo, birmanos anónimos cuyo sudor y creencia generaron todo este todo torrente de emociones alebradas a una estupa colosal y que, inevitablemente, se reencarnan en la miseria de unos leprosos arrinconados, pidiendo limosna. Sus manos están carcomidas, sus pies mutilados y de sus rostros caen regueros de pus mientras se adivinan unos ojillos despestañados y erráticos. El francés siente un prurito que parte de su cerebro y amenaza con extenderse por todo su cuerpo. Inquieto, trata de olvidar la estampa habiendo entendido que, pese a la belleza, un santuario siempre ha de invocar a la muerte. Aunque solo sea en eso, Birmania no deja de ser mundo conocido.

Avanza la oscuridad una vez que el sol se perdió en un abanico multicolor y las gentes se empiezan a dispersar por las bocanas de acceso, ladera abajo. Pierre, meditabundo y con mirada errática, no deja de seguir esos lugares por los que hace unos minutos paseaba una hermosa chica asemejada en su imaginación a un narciso radiante, y a lo lejos se pierde el sonido de una campana tañida con seguridad por algún monje. Su ausencia da paso a una intolerable sensación de vacío, amargura y nostalgia. Mas algo, acaso el hipnótico rumor elevado de los grupos de monjes en oración, le retiene y pide volver a circundar la inmensa pirámide central.

A la hora de partir, borracho de emociones, se levanta una fuerte corriente que envuelve en espirales las fragancias dispersas y hace titilar las llamas de unas velas, casi consumidas, que lucen por doquier con su breve aureola cítrica. Tienen un punto femenino y se hace lascivo verlas bailar, ondulándose sobre una mecha que torna del níveo al carbón por efecto caprichoso del viento. Los parasoles que adornan las agujas de las estupas más pequeñas alrededor de la central se mecen abruptamente, y de sus campanillas caen notas uniformes en cadencia irregular. Pierre sabe que será muy difícil olvidar Schwedagon, pero aún no sabe que jamás podrá dejar de escuchar y pensar en el tintineo grabado a sangre y fuego de una pagoda excepcional.  

Al día siguiente, en una brumosa mañana encalada hasta las costuras, el barco volvió rumbo a Calcuta con un Pierre Loti que no tuvo arrestos para volver la vista hacia una pagoda que ya formaba parte de su propia existencia. Schwedagon y su sugestiva atmósfera, el calor generado por sus fieles, le había robado el alma. Exactamente igual que a todos los que más una centuria después seguimos necesitando de su presencia, energía y enseñanza empírica cada cierto tiempo.


P.S. Con los visados de China e India ya en casa (el de Myanmar lo sacaré en Bangkok), descontando los días y todavía ajustando cosas porque seguramente se caerá Huangguoshu para meter alguna aldea de minoría Shui cerca de Libo. Larga se me está haciendo la espera esta vez... cada vez más hundido por responsabilidades que yo mismo me he labrado kilómetro tras kilómetro, rostro tras rostro, ilusión tras ilusión... cada vez más consciente de lo que la gente querida espera de mí, ahora y en los próximos meses.   

domingo, 22 de septiembre de 2013

Buscando la Concha de Oro desde Nakhon Sawan...

Y para ello "tuneando" un clásico (al menos en mi memoria) del grupo Thai "Clash": Yim Kao Wai (sigue sonriendo ;-) ¿Y cuánto queda para que me las pire?... ¿Todavía?... Ainssss.



martes, 17 de septiembre de 2013

Actualizando

Todavía de cambios en el diseño del blog: ajustándolo un poco más en su ancho y añadiendo un barra de Twitter; una herramienta esta última que a todos los de la vieja guardia nos sigue provocando pavor aunque, poco a poco, haya que ir incorporando. Si fuera por mí seguiría con el 486 o el Spectrum, pero ya se sabe... eso sí, con mi cutre Nokia C1 a morir, aunque provoque carcajadas en las reuniones de cuadrilla ;-) Algo husmearé por China para reciclarme otro poquito, con watxa y demás chorradas megahit, jejeje.

En otro orden de cosas y siguiendo con China, también añado el mapa de ruta definitivo (¡¡¡al fin!!!) por China. Se caen Xiamen y el área de Yongding (bye, bye Fujian meridional) porque me obligaban a una ruta lateral y con backtrack exagerado entre ambas. Entran dos sitios que cuadraban bien de entre los muchos que aún tengo en la recámara (y que siga existiendo gente que dice que repetir países es desperdiciar el tiempo... en fin): las zonas rurales al norte de Wenzhou en el valle del Nanxi y al norte de Nanchang cerca de Luotiancun. Dos grandes desconocidos pero dos zonas que, a buen seguro, colmarán mis ansias de cultura y sociedad tradicional Han. Del resto poco más que decir: Xitang y Nanxun en la zona de Shanghai, Sanqingshan y Wuyishan como parques nacionales, área de Libo y Huangguoshu en Guizhou más Dazu y Langzhong (Sichuan) por las cercanías de Chongqing. Luego, ya se sabe, una vez partido todo se andará porque la fe, el cansancio y la profundidad de bolsillo dictarán mi sentencia.

 

domingo, 8 de septiembre de 2013

Los colegas, los recuerdos


Se tiende a olvidar con facilidad. Se cree, por norma, que es algo que no necesita cuidarse porque siempre va estar ahí, porque nunca va a fallar. Pero si existe algo realmente tozudo y perseverante, ésa es la propia realidad. Afortunadamente. 

Después de una comida con la cuadrilla en Alza, la flor y la nata, encendiendo y metiendo gasolina, sin saberlo ni comentarlo, a futuros textos; uno tira de memoria, enmarca la retrospectiva y evoca tanta y tanta gente que pasó por el Mendi Kafé-Rock o por aquí de puntillas. Escuchando el "kukuruxta", apurando tragos de un gin-tonic que se disipa, primero los secretos, luego M-Clan, la chica de ayer, Au Haruthai, Bew Kalayanee, Platero y tú, Tequila, el tío Rosen… regresando a la senda… rescatando la dedicatoria de “Río Madre”, emocionado con su semilla que pronto brotará en cualquier monasterio birmano, soñando con las gentes que poblarán y acompañarán mis propias nuevas palabras, con Pierre Loti, con Julio Cortázar, con Murakami… Aquí se nombran seres que nutrieron mi camino asiático, que sin duda encenderán el vuestro. Aquí, en el capítulo de agradecimientos,  acababa un libro y una deuda; con los colegas en la sociedad Gurea, los que saben que no necesitan ser citados, florece un nuevo esqueje…


Mellado. Poco menos que caído a plomo en un sofá de cualquier pensión en Hanoi. Se acentúa la ausencia de muchos seres, con seguridad demasiados. No soy de prólogos ni de epílogos, y mucho menos escribiendo un libro sobre el retorno constante a una zona del mundo. En esta tierra y en mi persona, sin duda, no tienen sentido… pero sí creo que es justo, desde estas líneas y con la humildad por bandera, reseñar y agradecer las virtudes de paciencia, comprensión y, sobre todo, cariño de todas las personas que nombro a continuación aun con la certeza de que hay otros muchos que deberían estar y, por inconsciencia o memoria olvidadiza, no lo están:

-Pa y Phom en Nong Khai, a la primera por tanto y por nada y a la segunda por rescatar de su memoria un trago largo de festival Lai Rua Fai.

-El cariñoso abuelo de Luang Prabang y su prodigiosa memoria que guiaba mis párrafos de leyendas indómitas.

-Sunisa en Sakon Nakhon y sus susurros que hacían de descarga eléctrica.

-La peña del karaoke de Nakhon Phanom y el gay de nombre imposible por tantísimo, realmente tanto que me hace estremecer en un escalofrío.

-A las dos chicas de Mukdahan que, sin saberlo, en apenas dos noches viraron mi estrella, la brújula que me llevó hacia estas líneas.

-Noi de Nong Khai y su novio con los que topé accidentalmente en Tha Khaek teniendo ocasión de pasar una maravillosa velada con ellos recordando pretéritos buenos tiempos.

-Harry y los críos del monasterio en Savan (¡increible Savannakhet!... a veces pienso que este escrito debió morir en aquel capítulo).

-Todo Pakse, sus habitantes nocturnos y especialmente a los khatoys por su calidez extrema sin mojaduras… por ser como son y aceptar la diferencia propia y ajena.

-Hannah por su curiosidad y deseo de cultura Thai.

-La gente de la pensión de Sra Em.

-Thong en Tbeng Meanchey… qué decir sin echarme a llorar.

-Al dicharachero conductor de Svay que casi me mata.

-Rodri en Phnom Penh (suerte, compadre).

-Nhiew y la pareja de abuelos de la pensión de Kampot porque, con el corazón en un puño, solo puedo regresar a verles lo antes posible.

-El barquero de Vinh Long que me llevó donde no habita el pecado.

-Todo, absolutamente todo Tra Vinh.

-La gente de Seguros Unsol y, por extensión, los trabajadores de Family Medical tanto en Danang como en Hanoi por su amabilidad, excepcional servicio y por tomarse más en serio la salud que quien suscribe estas líneas.

Un gracias sentido desde el alma a todos ellos porque, como expresaba Theroux cuando decía que buscaba trenes y, sin embargo encontraba personas, ellas son el sustento de todo viajero y de este manuscrito. Hay historias y leyendas, pero por encima de eso hay personas de ayer y de hoy enriqueciendo el caminar del viajero… solo personas. 

Ahora que vuelo de vuelta imagino el frío que arrecia anunciando el invierno en destino, parece que hay un señor de barbas como nuevo presidente (otro sinvergüenza que dará lo mejor de sí para que el país siga siendo coto de analfabetos funcionales en puestos de poder), la crisis deja familias desamparadas y yo, por el contrario, ya imagino las futuras vicisitudes que darán forma caprichosa a mi ruta por tierras birmanas mientras las tiesas azafatas de Aeroflot y su permanente cara de malafollás (dudo que alguien dude de la justicia de este adjetivo hablando de estas “damas” aéreas) me tienen más seco que una uva pasa pese a que yo deseo comprar una cerveza. Para mí no hay mini-bar, todo agotado. Empiezo a pensar que mi cara de resaca mal llevada es demasiado evidente y es entonces, justo en ese momento, cuando aún más fervientemente desearía estar de vuelta allí, en Myanmar, en la tierra de espíritus. Me ladeo un poco y cierro los ojos tratando de descansar.

Después, en casa y una vez descansado, retomar la rutina laboral, coger y abandonar constipados,  pensar en el polvo del camino, el que se agarra en vertical, el que no te deja razonar en horizontal, en seguir sonriendo; en el ya queda menos para regresar, para perder la noción del tiempo en la pagoda Shwedagon y los anónimos fieles recogidos en penumbra tras palmas de oración y verso mudo, en Bagan y sus templos taraceados, nácar en laca, sobre un estéril manto térreo por los que se volverán a aparecer rostros de dolor menos intenso que la fe de futuro que los alimenta, en Mandalay y su armónico vivir rodeado de gentes de mil orígenes… Rostros que sé que seguirán allí, vigilantes y a la expectativa, en cálido rumor mientras aquí el vaho nasal forma una nube de vapor sobre el helado cristal mientras la manga de mi camiseta frota tratando de visualizar un poco más allá en la estepa nívea, blanqueada por una nieve que cae en finos copos. Burgos al fin. Punto y seguido…

viernes, 6 de septiembre de 2013

Extracto y comentario de un artículo de viajero de paja

Y uno, iluso que es, que esperaba al fin encontrar un artículo de viajes con cierto interés y honestidad en un periódico de tirada nacional...

¿Por qué no hay periodistas de viaje independientes? José Mijares

NT´s: ¿Por qué no hay nadie dispuesto a pagar por leer buena información en un blog? Porque bastan dos dedos de frente para saber que la información independiente ("buena información" dices, imagino que en un despiste o "deja vú" mental por el antagonismo claro con relación a la que das tú que, por supuesto, es comercial y pésima) no tiene por qué ser de pago. Es una cuestión de lógica; otra cosa es pretender que a uno le paguen por viajar y contarlo, que es muy distinto... 

¿por qué casi nadie paga ya por una guía en papel? ¿por qué vendí solo 21 ejemplares de la última guía que saqué en formato digital si solo costaba 0,79 €? Porque existen los foros, y además los turistas cada vez más tienden a convivir entre ellos haciendo rutas cerradas donde la información es retroalimentada de unos a otros. ¿Qué decir de las guías comerciales? En mi anterior entrada se reflejaba que la última edición de la LP de Indonesia en inglés tiene 100 páginas menos. Blanco y en botella: cada vez menos lugares interesantes fuera de ruta reseñados, cada vez más información innecesaria de los cuatro que salen (rutas cerradas) y que son los que aglutinan a turistas. El que aspira a pasear fuera de las rutas trilladas, por definición, no necesita una guía, ni de papel ni digital... Ni que decir tiene que ambos sabemos que la culpa de que los turistas se amontonen en cuatro o cinco lugares dentro del inmenso planeta en que vivimos, ajenos a la realidad social que les rodea, la tienen las guías, los que te pagan y, obviamente por la parte que te atañe, tus artículos. Aunque, siendo justos, la necedad y pésima cultura viajera de nuestra sociedad contribuye en mayor grado. 

¿por qué no funciona ninguna web que pretenda cobrar por los contenidos? ¿por qué exigimos que todo sea gratis, pero a la vez pedimos que el que hace el contenido sea independiente? Una vez más: que información independiente por definición no es un antónimo de gratis. ¿Por qué demonios hemos de pagarte para que nos des una información buena? ¿Acaso no es posible viajar, buscarse la vida y escribir? ¿No será que lo que haces tú es más cómodo? Seguís adoctrinando a la gente a hacer rutas de cartón, estériles, y todo para seguir manteniendo vuestro status y los ingresos de los que os pagan: multinacionales, operadores turísticos, cadenas de hoteles, compañías de aviación,... Pretender insinuar que acaso te gustaría dar "información buena" si fueses autosuficiente es un insulto a la inteligencia, y encima echarnos la culpa a nosotros, que no pagamos, ya es de sinvergüenzas integrales. No, si encima tendremos que sentir lástima por ti... Es que tiene cojones la cosa... 

¿por qué no entendemos que si queremos que todo sea gratis forzaremos a los proveedores de contenidos a caer en manos de la publicidad, quieran o no quieran? ¿m’explicao?  Y dale perico al torno, ¿pero acaso este tipo piensa que repitiendo la misma mentira cien veces va a convertirla en verdad? Patético...

P.S. Pero bueno, ¿qué se puede esperar de un "gran viajero" que recomienda esto?:

"elije Laos: con paradas en Luam Prabang, Vientianne, las cuevas y arrozales del Mekong y la zona sur de las 400 islas de Si Phan Don."

Para mearse de risa de no ser tan real. Confío en que esa guía de la que vendiste 21 ejemplares no fuera de Laos... porque entonces habría sido un auténtico milagro haber vendido tantos ejemplares sin tener ni puta idea de cómo se escriben sus tres iconos turísticos más destacados: Luang Prabang, Vientiane y Si Phan Don (4000 islas en idioma Lao, no 400). ¿Cómo demonios pretendes que alguien pague por esto? ¿Autofinanciarse con este esperpento? Anda, no me jodas. La cultura viajera en este país es la que es y, tristemente, ese espíritu autocomplaciente que nos caracteriza aún les mantendrá a muchos en las tinieblas largas décadas y a ti dando consejos y publicando artículos de folletín o panfleto turístico. Ojalá las nuevas generaciones entiendan el planeta como una maravillosa oportunidad no solo de retozar en Hilton, sino también de aprender y convivir con otras culturas, otros idiomas. El primer paso podría ser dudar de la publicidad que bombardea y atosiga para decidir descubrir por uno mismo el mundo y gentes maravillosas que se esconden ahí fuera.

Link de origen:

http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2013/09/por-que-no-hay-periodistas-de-viaje-independientes-nadaltravels-responde.html