LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

jueves, 22 de agosto de 2013

Entrevistas a Stuart McDonald (Travelfish) y Paul Theroux

Quizás el nombre de Stuart McDonald no suene a casi nadie, pero si alguien busca información en la red (en inglés) sobre el sudeste asiático es muy probable que acabe en travelfish.org, una auténtica biblia con montañas de información sobre esta zona del mundo. Stuart es su creador, un gran conocedor del área, del "modus operandi" de viajeros de ayer y hoy y de la realidad de webs y portales de viaje. En esta entrevista suelta verdades como puños y analiza desde su conocimiento el porqué de algunas actitudes viajeras o de esos mundos paralelos (guías de viaje o blogs) asociados al concepto de viaje:


Para mí atiza en el clavo cuando afirma que:

1. Los viajeros cada vez dicen demandar más rutas fuera de lugares turísticos, pero luego eso no se aprecia en la ruta. Se han vuelto más holgazanes (obviamente a la hora de aventurarse fuera de la comodidad del Khao San o Chiang Mai de turno). Y esto se debe a que aventurarse fuera del Banana Pancake Trail exige un esfuerzo grande que no están dispuestos a pagar.

2. Sobre la nueva guía (Lonely Planet, no hace falta que lo diga) de Indonesia dice que ésta se ha reducido en cien páginas de su versión anterior ¿?, justo cuando cada vez hay más y más lugares que van adquiriendo notoriedad en círculos turísticos. No es necesario que diga yo qué opino de estas pseudo-guías y por qué recomiendo muchas veces cualquier otra como, por ejemplo, las Rough Guides.

3. Es brutal cuando analiza la tragedia de sobredesarrollo en Vang Vieng (afortunadamente reconducida) y pone de ejemplo las islas tailandesas: han perdido parte de su encanto (autóctono) para convertirse en clones unas de otras presentando problemas de sobreexplotación, polución, etc.

4. Es imposible entender una cultura si no se es parte de ella. Eso implica integración en aspectos sociales y diarios. Depende de cada viajero el interés que quiera empeñar en lograr esa integración.

5. Mientras muchos competidores (blogs, páginas comerciales, ...) escriben desde el despacho, Travelfish se basa en un grupo de 18 escritores QUE VIVEN en los destinos de los que hablan (BÁSICO PARA PODER CREAR UN BLOG DE VIAJES O UNA PÁGINA COMERCIAL QUE RESUENE A INTERESANTE, esto lo añado yo). El día que alguien encuentre uno de esos autodenominados blog de viajes (juas, juas) en castellano que presente una entrada con consejos sobre cómo invertir tres días en cualquier destino sin un chavo en bolsillo, con otra entrada definiendo consejos básicos para estar seguro volviendo de los bares en tal ciudad por la noche, con otra entrada explicando expresiones orales de determinada sociedad que enlazan con su manera de ser, con otra entrada que desmenuce platos típicos de cualquier rincón de un destino, con otra entrada que reseñe todos los mercados de una ciudad y señale qué es interesante en cada uno, y un largo etcétera que deja en pañales y evidencia a esos que por estas latitudes pretenden llamarse "bloggers de viajes" (juas, juas), por favor, que me escriba un par de líneas para recomendármelo.

Y de postre, una entrevista con Paul Theroux, "Ave Fénix" de la literatura de viajes con una prosa única de la que entresaco algunos fragmentos:

http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2013/09/i-hate-vacations/309421/

"Travel magazines are just one cupcake after another. They’re not about travel. The travel magazine is in fact about the opposite of travel. It’s about having a nice time on a honeymoon, or whatever. But that’s the opposite of what I’m doing, and it always has been." Y para enlazar con lo anterior, ¿a alguien le suena esto a la realidad de blogs de viajes en castellano? Pero mucho, ¿verdad?

"Absolutely. It’s finding the changes in yourself. You’re also testing yourself. It’s going away to find out who you are, what your place is in the world. I’ll give an example. When I wrote The Happy Isles of Oceania, I was staying in a hotel in Sydney. Every day I used to take the bus to Bondi Beach. I didn’t know exactly what I was going to write until I got there. You need to get to a place to discover that thing you’re looking for." Gran verdad, el texto siempre espera disperso por el camino. La escritura durante el viaje, simplemente es ir frotando un poco aquí, otro poco allá para que surja.

martes, 20 de agosto de 2013

Segundo y último vídeo de Tierras Eslavas

Subido el último vídeo por esta temporada. Engloba nuestro paso por Praga y Kutna Hora, en República Checa, y un largo periplo de Este a Oeste por Eslovaquia (Bardejov, Poprad, Cicmany y Banska Stiavnica entre otros lugares). Tiempo de descanso y escritura ahora, tiempo seguramente de poquita actividad en este blog hasta mediados de Octubre en que el regreso a China lo reactivará.


P.S. Sigo con dudas de Myanmar y lo único seguro del próximo viaje son las tres semanas y media de paso por China entre Fujian y Guizhou, principalmente, más cinco noches, que haré en Yangon, para investigar y rematar unos aspectos sobre cultura Bamar del próximo libro que no tengo claros. Allí tendré tiempo de chequear mi ánimo y cansancio, junto con mis finanzas, para tirar hacia Loikaw y hacer ruta por Myanmar, o regresar a Tailandia para moverme por el norte unas semanas. Me da mucho, mucho miedo la escala de precios en Myanmar, aunque creo que podré asumirla si China no me despelleja.

lunes, 19 de agosto de 2013

¿Qué es Isan?

Un sitio donde pasa de todo y a una velocidad endiablada aunque parezca soporífero, un sitio donde tú y yo somos utopía aunque sea el lugar donde más cariño recibimos, un sitio donde el sol se desparrama a las seis de la mañana aunque parezca que no tiene ganas de salir, un sitio donde el arroz marca los ritmos aunque ambos pensáramos que eso era solo un alimento, un sitio donde los búfalos de agua (ควาย cuai, pronunciado como el río famoso, aquél es el río cuee aunque lo escriban kwai) valen un potosí y son como de la familia aunque parezcan impregnados de la atmósfera, entre ensimismados y somnolientos; un lugar, en definitiva, muy parecido a esto...



http://www.thaivisa.com/forum/topic/661554-issan-a-day-in-a-life/

P.S. Mañana subiré el segundo y último vídeo de ruta por tierras eslavas y así, por este año, finiquito el asunto. Mañana más datos.

viernes, 16 de agosto de 2013

Actualizado enlace "Río Madre"

He actualizado el link al libro "Río Madre" subiendo la versión final, la que fue a la imprenta, que lleva algunas correcciones, un índice, un glosario y pequeños cambios en la puntuación del texto respecto a la anterior.  El sentido de ese libro era recaudar un poco de dinero para entregar en algún monasterio birmano, algo que ya está logrado y que podré realizar en el próximo mes de Noviembre, para devolver así un poquito de lo mucho recibido por parte de las gentes del sudeste asiático. Ojalá entonces llegue a disfrutar tanto escribiendo el nuevo libro por tierras birmanas como lo hice con el primero, perdido en Indochina. El nuevo enlace:

https://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA/edit

P.S. Gracias también a Eva por su emotivo e-mail, por sus bonitas palabras para "Río Madre" y, especialmente, por la fe y el trabajo desinteresado que ella y otros pocos siguen ofreciendo en ese secarral que son los foros de viaje en castellano. 

miércoles, 14 de agosto de 2013

Loikaw (Myanmar) más cerca

Poco a poco. Así se va aclarando, con algún reporte fugaz, la situación para llegar a Loikaw. Otra tierra prometida que se deja descubrir. Un ilusionante día para una ruta, la mía por la vieja Birmania, que paulatinamente va pasando de estar cogida con alfileres a tener un viso de realidad ;-) Ojalá dentro de un par de años pueda volver a husmear, a pasar por esta entrada para sonreirme porque Loikaw es, finalmente, un sitio completamente abierto a viajeros. Y no voy a negar que esa misma situación me provoca pánico (no por mí, sino por su cultura) en grado mayúsculo... 

domingo, 11 de agosto de 2013

Paralelos rumbos para lelos

Un interesante artículo de hoy en el Bangkok Post en el que, cosa extraña en la cultura Thai, se llama a las cosas por su nombre. Sorprendente la equivalencia con España que se produce en el aspecto de polarización política (aquí PP-PSOE, allí, siglas aparte, camisas rojas-camisas amarillas) y el cúmulo de insensateces que ésta genera en el ámbito educativo (eufemismo de multitud de analfabetos que surgen de las aulas). Todos hemos oído hablar de LOGSE, LODE,... Y así nos luce el pelo. Luego, por supuesto, todos tendemos a llamar a Tailandia país tercermundista o en vías de desarrollo, con ese deje tan nuestro, lo mismo que arrancarse con el capote delante de unos cuernos, como es mirar por encima del hombro a todo quisqui, convencidos de que la superioridad ibérica es axiomática.


http://www.bangkokpost.com/opinion/opinion/364066/the-land-of-smiles-or-is-it-stupidity

jueves, 8 de agosto de 2013

Fuuuuuuuuu... Soplando y desempolvando un punto doc de Penang

Hay veces en que un viajero cree que todo va demasiado rápido, que no acaba de encontrar su lugar en el destino, que el alma se le ha escapado, que la agonía habita en él. Tiende a caminar acelerado, con ritmo desacompasado, sin rumbo o, aun con rumbo, entristecido. Cree que, por la piel del sudeste asiático, se le va la vida y la pasión en cada ardiente bocanada. Terriblemente angustiado. Camina por las calles como si fuera presa del pánico, aquejado de una taquicardia feroz, buscando un algo que frene su desazón y nerviosismo. Nada de lo que ve le reconforta y, si para en un garito a tomarse un trago y un poco de tiempo, a los cinco minutos vuelve a echarse a andar porque eso tampoco le satisface. Y anda, y anda, y no deja de andar. En realidad creo que todo el mundo ha pasado, en mayor o menor número de ocasiones, por esa situación. Seguro que no es algo exclusivo de viajeros. 

Mas hay veces en que, aquí, en estos recodos asiáticos, cuando esto no es generado íntimamente por el viajero, lisa y llanamente es el lugar el que lo produce; aunque tú te hubieras jurado al despertar que hoy no había lugar a ese tipo de sensaciones. A muchos, sin ir más lejos, nos sucede así en las grandes capitales: Delhi, Bangkok, Kuala Lumpur… Todos ellos son lugares en que, en más de una ocasión, hemos tenido que sucumbir a este cúmulo de sensaciones que incomoda. Sea por la polución, por la cantidad de seres grises con los que te topas y de los que jamás llegarás a saber nada, por el frenesí inherente a restaurantes, metros, taxis… Todo provoca una angustia, una melancolía de la que no es fácil desprenderse. Pero luego hay momentos, los que más, en que es todo lo contrario. Uno adora estar sentado viendo la luna correr sobre el cielo estrellado, el movimiento forzado de las sombras a tenor del pendular del sol, el echar tres horas de visita en un museo que se podría resumir en treinta minutos, el quedarse adormilado bajo un ventilador con una cerveza en la mano, olvidadizo de la más elemental noción de tiempo. Y, por supuesto, hay lugares que invitan a ello por la propia alma que las envuelve, por su somnolienta atmósfera, por sus gentes de humilde amabilidad o porque, sin más, están dotadas de un aura terriblemente amistosa para con los extranjeros que arriban a sus entrañas. Georgetown, Penang como es comúnmente conocida, es una de ellas.

Cuando el bus me escupe en un lugar desconocido, a eso de las cinco de la mañana, aún luce un cielo negruzco y pesado que amenaza lluvia. La gente que bajó conmigo se evapora y solo quedamos un taxista cano, con aspecto deslavazado, y yo. Eso, por descontado, juega a mi favor, así que saco el paquete de tabaco donde apunté el nombre y la dirección de una pensión y se lo enseño. Lo anoté en la estación de buses de Melaka de donde partí hacía una eternidad de siete horas. Cuando no hay ningún mapa, ni ninguna entrada gastada, ni ningún ticket de bus o tren rasgado, ni nada sobre lo que escribir, siempre queda el recurso del paquete de tabaco.

-Eso son veinticinco ringgits pero al ser esta hora hay una tasa nocturna de cinco ringgits. En total serán treinta ringgits-. Dice convencido.

-Eso es demasiado. Yo solo puedo pagar veinte-. Echo una mirada discreta en derredor para que él sea consciente de que soy yo quien tiene la sartén por el mango, que estamos solos y que alguien con mi aspecto demacrado y bajo de fondos puede, perfectamente, esperar una hora para subvencionarse la comida del día. Soy consciente de que la tarifa son veinticinco, pero la nocturnidad y la soledad, esta vez, juegan a mi favor. -En todo caso, yo puedo esperar a que empiecen los buses urbanos en una hora y tú puedes esperar a que venga otro bus de quién sabe dónde-. Dejo caer del mismo modo que lo hizo el taxista de Melaka conmigo. Jaque mate.


En otro momento, culebreando por las sombras, me arrimé a ver el centro de Penang. Pasé por un sencillo templo hindú, un par de iglesias baptistas, un puñado de mezquitas y por decenas de templos chinos. Aparentemente Penang, como Melaka, se resumía en un sincretismo religioso exacerbado y, vista su ecléctica población, no era de extrañar. Uno de los templos, llamado Koo Konsi, atrajo poderosamente mi atención. Lo peculiar en Penang es que algunos de estos templos pertenecían  a familias poderosas que sufragaban su creación. Eran familias de expatriados, de gentes que provenían de Guandong o Fujian porque éstas han sido, a lo largo de la historia,  las provincias de mayor emigración en el gran dragón asiático. Tal y como sucede en España con los gallegos. Siempre creí falso el famoso dicho de que los chinos, como los judíos, eran mercaderes. Lo atribuía a un defecto de envidia, de un falso sentimiento de superioridad histórico de los occidentales para con los orientales. Pero en Penang, pensándolo bien y viendo lo magnífico de algunos ejemplos religiosos, dejé de tenerlo claro. Había hecho falta mucho dinero para construir semejantes bellezas, y éste no se consigue poniendo ladrillos, trabajando el campo o tallando madera; se consigue mercadeando con los productos de los que ponen ladrillos, trabajan el campo, o tallan madera. El que lo crea y lo vende por uno, gana uno, pero el que lo compra por uno y lo vende por cuatro, gana tres. Los chinos de Penang, a la vista estaba, se tenían que haber dedicado al comercio con total seguridad. Y además con un éxito abrumador. 

Koo Khonsi, volviendo al templo, es un pastiche de color que asombra no por sus dimensiones, sino por lo hermoso aunque recargado. Linternas de colores, aleros rematados con espléndidos dragones, columnas talladas hasta el tuétano, y toda la consiguiente parafernalia bañada con vapores de incienso. Es un encuadre y una foto perfecta. Lo llaman la perla de Penang, y razón no les falta. El palacio del sultán en Melaka, y este templo en Penang, se bastan para dar por buena una visita a las ciudades coloniales de Malasia. Y Koo Khonsi no sorprende por ser uno más, acaso más grande o lucido que los demás. Lo hace porque en él todo es original y todo llama a un esplendor inédito en otros santuarios. Las columnas son únicas, los adornos son únicos, los hastiales son únicos, las pinturas son únicas… Y todos de una belleza intensa, incluso el hermoso museo adosado en la parte inferior del mismo, dedicado a glosar las generaciones de la familia creadora de templo y hasta la aparición de éste como decorado en una película de Hollywood  como “Ana y el rey”, es único y sin similar equiparable en la ciudad.  

Todos los mochileros y la fauna que pulula alrededor de estos se hallaban cerquita de mi pensión, en Lebuh Chulia, una calle de unas centenas de metros que recorre un pedazo del centro de la ciudad. Lo descubrí una mañana mientras paseaba hacia la zona colonial. Allí vivían todos alebrados en casas y pensiones por cuyas fachadas, algunas de madera ajada, corría la mugre a la vez que lucían tenues letreros a cada cual más cochambroso. También estaban allí los expatriados en busca de nuevo visado tailandés, con su aspecto tristón y sombrío, caminando en solitario, alicaídos por el dolor que les debe de provocar el destierro temporal en Penang, lejos del cariño de alguna chica de barra de bar en Bangkok, Chiang Mai, o cualquier playa del sur. Dan una imagen francamente peculiar porque toman café, solos, comen, solos, cenan, solos… y observan, no escriben cartas, ni leen periódicos o charlan con el camarero. No, que va. Ellos solo observan, sentados en cualquier rincón de todos los bares. No dejan de observar con esa mirada que abruma e hipnotiza a partes iguales. Es fácil identificarlos, todos superan el medio siglo más que de sobra y visten igual, como si fuesen geeks de Tokio, barrenderos o trabajadores de un astillero. Llevan bermudas que parecen de pana, unicolor y generalmente negras, en absurda conjunción con chanclas y calcetines de lana, de esos de cuadritos escoceses. La camiseta suele ser más colorida, bueno, un poco más que el pantalón al menos, y en ocasiones les gusta adornarse con gafas oscuras y sombreros o gorras de lo más variopinto. Y siempre, siempre, les verás en solitario dando la sensación de espectros que pululan por las sombras, sin alma.    

Paré a echar una cerveza, bien helada ya que esto de barrio chino tiene poco, entre unos puestos de cambistas de dinero. Uno siempre sabe que está en el sudeste asiático insular, en Malasia, Indonesia o Filipinas, porque siempre hay un cambista de dinero a menos de una centena de metros. De mientras bebía, ojeaba apuntes y fotocopias sobre la corta pero intensa historia de Penang.


Cuando paro a repostar un poco de sólido y líquido, lo hago en un puesto chino del barrio indio. No tenía la menor idea de dónde estaba pero, mirando en derredor, lucían por doquier los puestos callejeros con imágenes de Shiva, Shakti, Khrisna y toda la retahíla de dioses hindúes. El olor a pachuli lo inundaba todo y la gente, más oscura de lo normal, caminaba despreocupada o ajetreada, en una escena típica de lunes a primera hora de la tarde. La deducción era obvia. Súbitamente, mientras comía, el cielo se cerró y empezaron a oírse rumores de tormenta. Se levantó una brisa fresca y la gente, despertada por una descarga electrificada del mismo modo que si alguien les hubiera insuflado un halo de angustia, corría por las esquinas. La lluvia no tardó en llegar, la gente se piró de las mesas, presa del mismo acelerón repentino, y nos quedamos el tipo que cocinaba y yo.

-Así que español, ¿no?-. Suelta el hombre, acercándose una silla y colocándose a mi lado. Fumaba un cigarrillo liado a mano que desprendía un aroma dulzón. –Y tú, ¿corres los toros?, ¿sabes bailar eso típico de allí?-. Empieza a gesticular moviendo las manos como si tocara unas castañuelas. Le explicó que no, que eso es del sur y yo del norte. Que a mí me gustaría verlo en persona, pero que lo hago por la tele porque donde yo habito eso no es lo habitual. Las gafas se nos empiezan a empañar a ambos, por la condensación del golpe de humedad instantáneo, y su frote cadencioso y contemplativo regala la mejor excusa para cerrar un tema bruñido en tópicos.

Pienso que todo es hermoso y relajado, que Penang ha supuesto un bello descubrimiento, que tampoco me apetecería tanto llegar a Tailandia de no ser por la caro de Penang y que, como siempre que se aproxima la hora de decir “hasta pronto” a un destino, la nostalgia me corroe el alma. Sin darme cuenta pasaron las horas allí a ratos de charla, a ratos de escritura, a ratos de tragos y cigarrito. Relajado. La noche caía lentamente y fuera, cada vez de modo más intenso, seguía lloviendo a mares.

P.S. De relax, de Agosto que invita a gintonics y a escribir, a trazar borradores de un Myanmar y una China que, uffff, cuánto tardan en llegar. El blog, una vez que en unos días remate y comparta el segundo vídeo de Tierras Eslavas, se aproxima a un parón necesario de varias semanas para, ya sabéis, coger carrerilla y fuerzas ante un periodo de mediados de Octubre a finales de Enero que hay que tallar con maza y cincel.

jueves, 1 de agosto de 2013

Primer vídeo de Tierras Eslavas

Subido el primer vídeo de los viajes por Croacia y la extinta Checoslovaquia. Tiempo en esta ocasión para recorrer Dalmacia (desde Dubrovnik hasta Split) junto al precioso Parque Nacional de los Lagos de Plitvice en tierras croatas, para más tarde saltar vía tren al sur de Bohemia, en República Checa, donde descubrimos qué se esconde en los alrededores de Ceske Budejovice y en Cesky Krumlov.