LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

viernes, 14 de junio de 2013

Eurocity 536. Destino final: Kosice

Todo sucede en un Eurocity. El número 536. Ha partido de Budapest hace el breve chasquido de 90 minutos. Y en ese momento y lugar, se llame como se llame, cuando las traviesas han sido dejadas de contar o imaginar, cuando los paralelos raíles señalan a un infinito que murió detrás y a ese otro que nunca se alcanzará en una lontananza con sabor a quimera, cuando el sol poniente baña de carmesí los espigados tallos de un cereal cada vez más púrpura, cuando el malva se desparrama arrastrándose por rostros y tapices en tramos que se palpan; es entonces cuando más patente se hace el sortilegio que parte de las bielas del caballo metálico para nutrir y hasta soldarse al alma de un viajero, de cualquier viajero. ¿Dónde vas?, ¿de dónde vienes?, ¿de hacer qué? Sin necesidad de hablar eslovaco o húngaro, siempre las conversaciones en derredor giraban en torno a lo mismo. Pero ya no. Y las canas se tornan cobrizas, filamentos de metal al rojo vivo, los reflejos de los cristales refulgen y ciegan, por las tapicerías repta una fina muselina de adobe, el ronroneo se hace arpegio ensordecedor, fustigando la noche que pretende reinar, y el racimo de emociones inunda el breve momento en que la conservación se ha apagado. Uno apuntaba algo en una cuarteada libreta de tapas carcomidas, otro se mesaba el cabello antes de ajustarse los cascos, otra susurraba al teléfono, con ternura, en contacto con aquel vástago, preso del hogar, que extrañaba su presencia. Pero ya no. Cinco en un vagón nos miramos uncidos por la misma sensación, sin decir una palabra, tumbamos la mirada sobre los campos, tristes viudos de una luz que mañana renacerá, en cinta de espigas granadas, y dejamos la noche triunfar. ¿Cuántos atardeceres mecidos por la furia de cualquier ferrocarril? Mi madre me pasó a mirar fijamente, sin decir palabra, alzó las cejas y yo, lánguidamente, ojeé el reloj. Aún una hora. Vuelta la vista conjunta a unos campos de labranza ya con tintes azabachados… Mas ya no.

Llegados a Kosice, solo la conciencia compungida de saber que se ha quemado otro esqueje forjado en tantas vicisitudes, en tantos viajes por cualquier latitud, en tantos trenes chinos, indios, vietnamitas, polacos, croatas, peruanos, rumanos.... Por el momento, hasta dentro de unas decenas de horas, ya no más…







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