LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

Facebook y últimas noticias:

BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 29 de junio de 2013

Sombras del ocaso en Budapest

Igual me faltaba hablar de Budapest, de su atmósfera tóxica. Y no necesito describir a fondo lo diurno, aunque podría. Es entonces una ciudad sucia y melancólica, especialmente por el área de Keleti, de la estación central de tren. Abarrotada de jóvenes yanquis, turistas chinos o europeos y carcomida por una fama que no luce por ningún rincón. Otro esqueje más del sinsentido de rutas turísticas. La ruta del biberón me atrevería a decir en contraposición a la ruta del pancake asiática: todo a reventar de jóvenes yanquis, europeos, japoneses, chinos… imberbes deseosos de chupar, de tomar tragos hasta perder el control. En todo caso esta Budapest nunca llegará al nivel de Bucarest, porque aquella es adorable en su decrepitud, en su nostalgia, hasta en la herrumbre de lo que fue y ya nunca jamás será, en sus fachadas decrépitas que alumbran bajo cascotes una intensidad que desarbola la imaginación. Budapest, bajo un manto plomizo agitando lluvia esporádica a finales de Junio, se forra de transeúntes deseosos de algo que aquí se cuenta por cuentagotas, de hitos históricos pobres y solo encalados por esa otra madre llamada Danubio. Si borras eso, un simple plumazo, te queda un juguete roto que sirve de, como decía, biberón para infantes de teta desterrados por capricho o necedad.

Pero yo en la primera frase me refería a la noche, atmósfera tenebrosa plagada de putas… podría ser deliciosa aunque apesta a barrio bajo. No putas, mejor chulos que asoman por doquier. Aquí mismo, en esta barra de taberna tabernaria sin ir más lejos. Llegué hace cinco minutos de comprar tabaco y una chica me ofreció sexo. Ni para Dios, me hice el guiri y seguí mi camino ante su indiferencia. El chulo de dicha meretriz asoma aquí, en realidad lleva aquí una hora con un colega, justo enfrente de donde yo tecleo y sorbo tragos. Tantea el teléfono para ver si hay pesca y de vez en cuando abandona su solitario de cartas marcadas, menea el trasero hasta la puerta y con un ademán disimulado indica a la chica por dónde moverse.

Y aún hay más. Dos pitillos suman otras dos ofertas a la puerta misma de la pensión. ¿Qué sucede, qué bulle en Budapest al caerse el sol? Hastiado y cariacontecido, quiero creer que algo mucho más amable y cautivador se amontona al breve trecho de dos manzanas, lástima que entre las venas de la zona Keleti se me haya podrido la querencia a descubrir un pedazo más allá… 

jueves, 27 de junio de 2013

Salir de cuentas: Budapest, hora del resumen

Hora del resumen a unas horas de regresar a Madrid. Eslovaquia es un destino excepcional en algunos aspectos y apenas suficiente en otros. A saber, es un destino olvidado donde apenas hay turistas, con una relación precio-calidad insuperable en Europa (típica de los países del este del continente) y con un entorno natural soberbio. Si te gusta la naturaleza y buscas una recomendación para perderte un par de semanas entre parques naturales, no hay duda: Eslovaquia. El transporte y la comida/bebida son muy baratos, dormir es un poco lo que rompe la baraja. Una media de cuatro o cinco euros la comida con cerveza y sobre euro o euro y medio la hora de bus es lo normal. La cerveza es regalada oscilando entre ochenta céntimos-euro y medio el medio litro de caña de barril. Deliciosa además. Dormir, en núcleos más o menos famosos, anda por cuarenta euros, y eso se explica por la poca oferta que existe de pensiones (¿he destacado que a este país no va ni Dios?). Es en el aspecto cultural donde flojea un poco. A mí me apasiona perderme por skansens (museo etnológicos al aire libre) o viejas iglesias de madera y por eso se me ha ido el tiempo volando ya que de éstas hay centenas, pero entiendo que esto puede sobrecargar a mucha gente al igual que sucede con los templos budistas. En cuanto a vestigios históricos, Bardejov y Banska Stiavnica lucen con brillo propio. Son preciosos y han sido, sin duda, lo más hermoso de la ruta. A nivel rural Vlkolinec y Cicmany se salen, especialmente la segunda localidad. Por último, la gente eslovaca hace gala de muchos de los tópicos que adornan a los pueblos eslavos: serios y fríos por naturaleza pero extremadamente educados, cálidos y hospitalarios una vez se rompe el hielo.

Toda la ruta, como dato significativo, la hemos hecho en transporte público. Lo vuelvo a repetir: es absurdo considerar que alquilar un coche es necesario. El coche ayuda a “gestionar” mejor el tiempo, igual que lo hace una agencia, pero encarece mucho el presupuesto y, sobre todo, evita la interacción con los locales (básico en mi concepto de viaje). Y que conste que con lo de “gestionar” no me refiero a lo que muchos piensan, por eso lo entrecomillo. Me refiero con “gestionar” a que te da la posibilidad de pasar por cinco sitios en un intervalo de quince horas, pero pasar por cinco sitios en quince horas, desde luego, es gestionar el viaje de puta pena porque justo te da para tirar una foto sin entrar en el cuándo, cómo y por qué de las cosas. Que quede claro. Además Eslovaquia está a cuatro pelas en avión de España, lo suficientemente cerca y a tiro de low-cost (nosotros ciento treinta euros vuelo i/v a Budapest, a un par de horas de la frontera eslovaca) como para considerar muchas posibles rutas por entre sus tierras sin necesidad de hundirse de agotamiento pretendiendo ver todo lo destacable en un primer viaje, anatema de turistas.

Ochocientos treinta euros. Esa ha sido la suma final por persona durante diecisiete días, incluyendo el mencionado importe de los vuelos. Si sumas el porrón de pasta que supone alquilar quince días un coche más la gasolina y le restas las cuatro pelas que cuesta moverse en bus entre Bardejov, Poprad, Zakopane, etc. Si sumas ver el velo corrido del paisaje a través de la ventanilla del coche, más pendiente del GPS que de la realidad que te rodea y le restas la posibilidad de charlar, compartir unas pastas o hacer unas risas con locales mientras aprendes a pronunciar cuatro palabras en su lengua… ¿Cuánto suma en total?

Dejo para acabar unas fotos del soberbio skansen dedicado a la minería en Banska Stiavnica, con mina real incluida. Lástima que en las fotos no se aprecie la atmósfera claustrofóbica y los jadeos, reflejo de taquicardia, que provoca bajar allá abajo y recorrer centenas de metros entre angostas galerías, a duras penas apuntaladas entre postes de madera podrida por la humedad.

sábado, 22 de junio de 2013

Un par de ejemplos y algo de Myanmar

No hace mucho hablaba de la pésima calidad de blogs en español, donde parece que importa más vender algo en forma de cuña publicitaria que incidir en conceptos que un viajero debería conocer a nivel social en ruta por, en este caso, Tailandia. Afortunadamente existen excepcionales blogs en inglés e, incluso, entradas sueltas más que interesantes que inciden y marcan el camino a seguir en lo relativo a cómo se nutre un blog de calidad, un auténtico blog de viajes donde sobran las recomendaciones comerciales e interesadas o las clásicas fotos vistas hasta la saciedad para incidir más en el texto, la auténtica miga del mensaje.

De los primeros, los de castellano, no voy a dejar enlaces porque me abruma el bochorno, y basta decir que ya he optado por no leer ningún blog de "viajes" en castellano. Ninguno (por el único que paso es por afinidad personal). Es en todo caso de los segundos de los que extraigo las siguientes entradas, y las repito aquí por su incuestionable valor para cualquier viajero que entienda el viaje como un estallido, un abrazo con otras culturas... ¿Qué es el viaje si no? Ambas afrontan, con la explicación palmaria, el modo en que la gente Thai afronta situaciones éticamente complejas o embarazosas. Esto tan obvio, tan notorio por vivido para cualquier viajero por Tailandia, tan próximo y significativo de la sociedad en la que se va a integrar uno o un millón de días, debería ser el primer aprendizaje para cualquier viajero por Tailandia, y acaso nuestra labor de bloggers debería ser amplificarlo y hacerlo próximo a la gente que se asome a nuestro balcón.

http://www.travelfish.org/blogs/thailand/2013/05/24/phrases-every-visitor-to-thailand-should-know-sabai/

http://www.travelfish.org/blogs/thailand/2013/05/10/phrases-every-visitor-to-thailand-should-know-jai-yen/

Es algo que los pocos asiduos ya saben pero, aún así, quiero dejar claro que este blog siempre será independiente y libre de publicidad. Siempre. Todos los viajes han sido y serán sufragados de mi bolsillo y de lo que alcance el sueldo de mi trabajo. Eso me da la libertad y honestidad de poder decir con claridad y sin pleitesías qué pienso o qué siento. Es algo que jamás va a estar en venta. Nunca jamás.

Me gusta cómo lo resume Travelfish:

Disclaimer
Travelfish.org always pays its way. No exceptions.


Y por cierto, más que interesante el editorial último de Travelfish sobre Myanmar... y francamente sorprendente (eufemismo suave de apesta a yanqui) el comentario acerca de él de Andrew Burke, uno de los redactores de las guías Lonely Planet sobre el sudeste asiático. Los mismos fulanos lonelyplaneteros que sacudían a la junta, ahora que los generales cambiaron de traje (y les visita hasta Obama) no dejan de ensalzar sus virtudes. Patético. Da la sensación de que los de la Biblia se ponen nerviosos después del bochorno del cierre del foro Thorntree en Navidad y lo que en medida exponencial ha subido la competencia. Han debido decidir mandar a un zapador:

http://www.travelfish.org/feature/293

P.S. A Txema felicidades por partida doble, otro padrazo en camino, jejeje, hablé con él hace unos minutos y me dio la buena nueva. Villa, tronco, que bueno verte por aquí, besito para Ana y el peque. Solo falta el Camarada Herriko Por cierto, ¿qué hay de lo mío? Tengo lista de espera, collejita al Paco ;-) Rober, tengo a la gorda echando humo porque la saqué del mercado y ya está rumiando que este viaje es una mierda, que está muy mal pensado y bla, bla, bla. Hoy a la mañana me ha perdido la guía de Eslovaquia y a la tarde ha perdido unas postales que nos habían regalado... no pierde las bragas porque las lleva puestas, que si no... Ni con dieciocho ojos encima tiene remedio... Eso sí, protestar y tocar los cojones todo lo que quieras y más... Ainssss... 

viernes, 21 de junio de 2013

Una tormenta, montañas y el camposanto de Zakopane

De nuevo la tromba de agua es monumental en Zakopane, al otro lado de los Altos Tatras. El agua rumia sin cesar por tejados de chapa, canalones y un riachuelo que amenaza con desbordarse, sobrepasado por los litros que golpean o se suman al cauce. Suerte que decidimos parar a comer y echar un trago. A buen recaudo, viendo las hojas de los árboles titilar bajo el golpeteo constante de las gotas, la lluvia hace de bello telón en un Zakopane que luce plagado de tiendas de recuerdos para turistas, hostales y restaurantes. No es mi taza de té que digamos, ni tan siquiera cuando la tormenta se disipa para alumbrar, de nuevo, a un sol que castiga sin piedad. Pero la vieja baila feliz de puesto en puesto, y yo sumo tragos de cerveza de trigo mientras tecleo y chequeo el horizonte, allá por Enero, allá por India… Levanto la vista a ratos y pierdo la mirada en las riadas de personas que transitan por la calle Kupowki, la más famosa de Zakopane, plena de garitos, mimos, buscavidas y tiendas que dan un sentido extremadamente comercial a la, por otra parte, horrorosa avenida. El típico sitio que los viajeros y turistas aman odiándolo u odian amándolo. Todo tipo de sensaciones caben en estos lugares infectos.

Visitamos luego las montañas, mantos de césped impolutos envueltos en frondosos bosques de abetos, alerces y pinos; más al fondo surgen infranqueables murallas de granito, teñidas del blanco hielo de nieves todavía no fundidas, en un desnivel brutal hasta confundirse con pequeños grupos de nubes que parecen querer juguetear con los picos. Todos los parajes rezuman alpino, mires donde mires, almuerces donde almuerces o duermas donde duermas. Los tipos aquí son igual de afables que en Eslovaquia. Adoran las montañas, pasear y perderse por cualquier vereda. De regreso de una larga jornada de travesía todos lucen una frente sudorosa, una sonrisa tan radiante como el brillo en sus ojos y unos bastones de mango desgastado. De madera, por supuesto. 

Y luego está el cementerio, exactamente catorce años después, uno coqueto abrigado por decenas de árboles y cobijado junto a una notable iglesia. De madera, claro. Las cruces en el camposanto, en su gran mayoría, lucen a unos Cristos sedentes, con la barbilla apoyada sobre la palma de la mano, con aspecto entre melancólico y meditabundo. Son preciosas. Hay detalles infinitos en cada redentor y al ser, como no, de madera los ángulos en que se observan hacen que cambie diametralmente la percepción: unas veces parece ensoñador, otras circunspecto, en otras arranca la hilaridad, en otras navega entre algo tosco y burlón... Es cálida y moldeable la madera, femenina, se deja acariciar mejor que el vasto, gélido y gris metal. Todos los cementerios son tenebrosos, provocan angustia desmedida y uno generalmente suele hacer rápido el pasavolante para cambiar de tercio. A mí, al menos, me suele dar por ahí. Pero el de Zakopane es distinto, en un día especial catorce años después, plagado de crisantemos coloridos y con todos esos detalles de calidez que envuelven, reconfortando al viajero. Hoy precisamente, ¿cómo sentir prisa por dejarlo a la espalda? Es lúgubre y acogedor a la vez, quizás abrumador haría de mejor definición. La iconografía no produce desazón ante lo inevitable, más bien al contrario; llama a pasear y prestar atención al más mínimo milímetro, porque allí algo turbador, sin ser peyorativo, se esconde. Tampoco aquí se suman esas clásicas fotos de difuntos que te observan desde las lápidas, invitándote al ultramundo, tétricas; apenas existen y, cuando lo hacen, son solo rostros con ojos inertes, aforismos desnudos de un poeta, un músico, otro poeta… todos encajan como los acordes de un violonchelo o las estrofas de un soneto para hacer de este lugar algo memorable… ¿Será posible que haya merecido la pena acercarse a Zakopane por un cementerio, en un aniversario?

Más tarde la montaña Kasprowy Wierch se nos hace añicos. El teleférico está de mantenimiento y hasta mañana no vuelve a operar. Nos íbamos mañana, ¿no? ¿Y si hacemos un día más en Zakopane? ¿Qué día es? ¿Jueves, viernes? Aún 21, hay tiempo. ¿Por qué no? Vayamos a brindar a la salud de los sacrosantos, inquilinos a los que nos hemos de sumar, y a la de las horas que quedan por compartir, más de un año después, con los humildes polacos. En el recuerdo aquellos seguirán vivos con nosotros, igual que estos. En un garito cualquiera, al sombrío, solo la brisa cálida y el constante rumor de un riachuelo nos hacen compañía. Petunias multicolor, malvas lilas y anaranjados claveles chinos lucen allá donde se pose la vista.  


miércoles, 19 de junio de 2013

Poprad en olores, Poprad en colores

Arrecia la lluvia. La tormenta se desata y engulle un bus desde donde ya se divisa Poprad, flanqueada por los soberbios Altos Tatras sobre los que se enroscan las nubes con decenas de cortinas de lluvia que se adivinan a sus pies. Las gotas estallan sobre la tierra quemada, se funden en un calambrazo y forman finas gasas de vaho que se disipan en llamativas espirales al paso del vehículo. El olor a geosmina inunda los alvéolos y llega casi a provocar náuseas, pero es adorable, tiene ecos de tormentas de verano en Burgos hace tantos años, llama a volver a la niñez, a sentirse vivo, y sirve para barrer la congestionada bruma cocida en este bus a reventar de personas. El olor a geosmina, el olor a hierba recién cortada, el olor de los tilos en la plaza central de Kosice, el olor a madera resecada en retablos impecables, los campos plagados de árnica y amapola, los helechos arrebujados a la vera de cualquier reguero… son sensaciones, estampas que ya pertenecen a la memoria de nuestro viaje por Eslovaquia. Cuando vuelvan a surgir, por cualquier latitud, siempre habrá un reclinarse en el asiento y una mueca de sonrisa porque Eslovaquia de nuevo será vívida por unos fugaces instantes de ojos cerrados y paladeo armonioso. 

Entonces, una vez en Poprad, aún más. Hay fragantes pensamientos morados, turquesas, gualdas… que adornan las macetas encaramadas sobre las farolas a un par de metros sobre el suelo, también muchos pares de ojos, destellos fugaces, de colores imposibles en iris radiantes por claros, propios de espectros. A la noche, en la cama, cuando caen los párpados, esos ojos vuelven a desfilar y son como fogonazos de un soldador quemando varillas. Se amplifican o atenúan, saltan entre rostros de eslavos nacarados o gitanos, tez de hollín. Y siempre pasa un buen rato antes de que se pierdan en la oscuridad, hasta la siguiente noche en que regresan renovados por los nuevos cruces de miradas centelleantes de hace apenas unas horas. Ojos que no son de este mundo. Día tras día, noche tras noche en tierras eslovacas. Además cohabita el negro de los cuervos que campan a sus anchas en Poprad. De noche se acercan bandadas gigantes de ellos al parque colindante de la pensión, duermen posados sobre las ramas de los gigantes tilos no después de graznar incesantemente como ahora que escribo estas líneas. Son seres tenebrosos, forrados de un mal augurio, preñados de leyendas macabras. Luces y sombras en Poprad… 

Sombras y luces también en el caminar turístico. Ayer la vieja bruja a cargo de la iglesia de madera de Kezmarok pretendía robarnos cuarenta euros por sacar unas imágenes del interior. Amablemente le tendí las entradas recién adquiridas y le pedí que nos devolviera los seis euros de los tickets. Las extorsiones no tienen cabida en mi concepto de viaje. Allí se quedó farfullando al tiempo que yo me acordaba de la puta que parió a los gestores de dicho templo, ella incluida por su soberbia e intolerancia, encaminándome a la oficina de información a poner una queja. La luz, el envés de la moneda, la anciana del soberbio santuario de Svaty Kriz, sin problemas para grabar y encima nos ha regalado un par de postales a cambio del euro por barba que cuesta la entrada. Fotito entrañable con ella de recuerdo.

Se calman los carroñeros enlutados, duermen con seguridad, se apagan con ellos las resonancias a Poe o Lovecraft, y a nosotros nos llega la hora de acompañarlos en la calma y el silencio. Mañana Poprad habrá quedado en el recuerdo. Las montañas, las iglesias y, seguramente, las miradas de ojos turbadores tendrán su análogo a ochenta kilómetros de aquí, en Polonia, en Zakopane, ecuador de la ruta. Seguramente.