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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 5 de enero de 2013

Un minuto en Salvador

“Es que Salvador da la sensación de ser un ciudad en blancos y negros. Luego hay grises, claro, pero todo va de blancos y negros. Los negros, la población, los descendientes de los esclavos que no dudan en lucir ropas de blanco inmaculado. Igual que las bahianas que buscan una foto con los turistas. Y contrastan con las fachadas níveas en las que asoman marcas grises, hasta tiznadas, de humedad o desconchados. Edificios y ciudadanos, todo lo mismo pero en distintas dosis. También la policía que asoma por doquier, esa que contrasta con el negro de los ladronzuelos que pululan en la misma proporción. Igual que una caipirinha rica en una tasca o una, inflada de precio tanto como rebajada de cachaça en la zona súper turística de barra. Negro sobre blanco…” apuro un trago largo de cerveza bohemia mientras barro con una panorámica el conjunto de mesas sobre la calle, esmaltada de bahianos gesticulantes ahora que el centelleante sol ya no castiga y las sombras se adueñan de las esquinas. Esas que arrancan los últimos tonos versicolor, lo único, en cuadros de vendedores ambulantes. Telas de a peso a precio de a millón. Es hermoso Salvador, el de la bahía de todos los santos. Nuestro silencio momentáneo decae, vencido, por el poderoso resonar de tambores que se yergue y arranca de cualquier esquina. Animan a bailar, a sentirse bahiano por un momento, a sentirse negro y feliz danzando en una música que satura los poros. Y todo porque no hay otro remedio para borrar la melancolía que genera el pensar que debemos haber sido los últimos en caer rendidos al sortilegio quebrado, emanado de orixas, los dioses primitivos, en que asoma Salvador. Jamás vi un sitio tan colapsado de turistas... una vez más: negro sobre blanco...

“¿Y cómo se llama ese pueblo al que vamos mañana?” dice mi madre mientras abre la cancela enrejada que guarda la puerta de madera ocre que da acceso a la pensión. “Es Cachoeira… Y con tal que sea un pedazo rasgado pero sin turistas de la magia de Bahía ya habrá merecido la pena venir hasta aquí. Me quedo a tomar otra cerveza”. La puerta se cierra con un chirrido apagado, apenas perceptible entre la algarabía de las mesas cercanas y el redoble de tambores.

Y me quedo pensando, como Jorge Amador, que yo también desearía morir en este pedazo de Brasil. ¿A cuánto llegan 72 horas en Salvador? La suave corriente atlántica, el Etesio genuino de Bahía, se llame como se llame, me envuelve, me arranca la incomodidad del sudor y me obliga a escribir estas breves líneas que serían una cascada de historia, de galeones hundidos y rescatados en la bahía, de magnetismos africanos, de carnavales desenfrenados y todo lo que pasara por la imaginación de no ser éste un viaje de cortesía para con una persona a la hay que dar conversación y tener entretenida veinticinco horas al día para no caiga en la desazón o brazos de Morfeo. Por algo me parió… Un viaje, otro estilo de viaje… Solo echaba de menos ponerme a teclear.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cantales esto...veras que exito!!

En cualquier sitio en Brasil

http://www.youtube.com/watch?v=J3IrDCls89Y

Ya reservaste los billetes pa Tailandia...no?...pues no seas tardon!

Besito para Maite y tu sigue con las caipirinhas

Truly yours

Ta

Any dijo...

Vaya ... este no es el Salvador del que disfruté tantas veces en la década de los 90.-

Permanece lo que no debería permanecer... algún retablo cubierto de oro mientras siguen habiendo Sin Tierras en Brasil y sin embargo surgen todos los males del turismo de Masas ... que en esta época esta especialmente agravado por los turistas del Cono Sur (en pleno periodo vacacional).

Ahora mismo mi madre esta en Rio, le hacia especial ilusión regresar a vivir una Nochevieja en la ciudad maravillosa y dice exactamente lo mismo que tu.

Vete al Corazón de Bahía: a la Chapada Diamantina o a la Costa do Sauipe... aunque dudo que a esos sitios no hayan llegado ya las masas.

Disfrútalo a pesar de los pesares, que estas con excelente compañia, la mejor que se puede tener tanto en la vida como en un viaje.