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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Cosiendo el segundo libro... una puntada de KL

Te juro que es verdad, madre. El banco seguía allí, con su plástico azulado, su polvo milenario y sus cicatrices en forma de grietas. Si, madre, ese mismo banco que nos acogió aquella noche en la que tratamos de echar unas horas en su rebufo, acurrucados, a la espera de salir para el aeropuerto y volar a Surakarta. ¡Qué tiempos aquellos de Air Asia! Delaysia la llamaban, por sus constantes retrasos. Quizás no haya pasado tanto tiempo, aunque para nosotros hayan sido un millón de vicisitudes por otros lares. Imagino que era imposible no rememorarlo una vez en KL Sentral, el centro neurálgico de transportes en Kuala Lumpur. Te comenté que para unas horas no nos merecía la pena ir a una pensión, que ahorrábamos un pico y tú, como siempre, te encogiste de hombros, concediendo la jugada, y te arrellanaste a dormir. Más tarde, en el aeropuerto, aquello parecía un campamento de refugiados de esos que monta la ONU, ubicuos. Gentes indonesias, chinas, indias, malayas… todos tirados por cualquier esquina… ¿Recuerdas?

Luego llega el monorail, camino a Raja Chulan, y aquí tampoco ha cambiado nada. Tamiles, chinos, malayos, bangladesíes… toda una sucesión de ojillos oscuros pero brillantes se cruzan en la mirada de este fatigado viajero que solo aspira a una ducha, ropa limpia y un par de cervezas, independientemente del orden, siempre poseso de la humedad en sudor y esa sensación de perrillo abandonado de la que debemos hacer gala los viajeros veteranos del sudeste asiático.

Ya ves, madre, tan lejos y tan cerca. Ni siquiera el puesto de castañas en el centro de Chinatown, ése en el que te perdiste, había desaparecido. Ni los vendedores de relojes, ni los de bolsos, y creo que ni tan siquiera estos habían notado el paso del tiempo ya que daban la sensación de estar, aparte de desfasados, remetidos en un pozo de polvo negruzco ganado en el día a día, rehenes de la polución y el hollín. Como entonces, podía mirar hacia cualquier calleja, buscándote, que no te vería, pero en esta ocasión ya no estaba preocupado. Solo melancólico. Solo. En ocasiones, al comienzo de los viajes, uno ha de apocar con la ingobernable sensación de vacío que se adueña como un sortilegio maldito del alma del viajero solitario. Y ya ves, madre, primero rasca, luego enmudece, posteriormente genera melancolía, y al final, cuando menos lo esperas, ya se ha hecho imperceptible, vencida por la costumbre de la soledad.

Tras una cerveza “Tiger”, caliente como en todo barrio chino que se precie, meditabundo, contemplando la marejada en oleadas de turistas que van y vienen, soy consciente de que algo sí que ha cambiado. Porque ya no hay muchos de los nuestros. Se nos fueron los españoles, los griegos, los portugueses… todos ellos han sido sustituidos por hordas de chinos y rusos. Cientos, miles de ellos. Aportan un toque confuso a ojos del occidental, podrían ser de ellos, de esta sociedad, pero sus maneras les delatan porque andan temerosos, buscan rápido arropo en sus congéneres, pasean la vista rápida de puesto en puesto y, sobretodo, regatean sin mirar a los ojos. Tú y yo lo sabemos, pero ellos aún no. Jamás se debe regatear sin mirar a los ojos. Eso, en las sociedades del sudeste asiático, se valora por encima de todo. Mirar a los ojos y esbozar una sonrisa siempre te llevara a cerrar un trato, nunca una compra. Porque aquí, en estas latitudes, se trata de cerrar tratos y no de comprar, para eso ya tenemos al Carrefour… y muchos, tristemente, ni siquiera allí son capaces de mirar a los ojos de la cajera. Es todo tan extraño en soledad, madre.

Cuando llega el monzón y su furia, sabes de qué te hablo, madre,...

P.S. Es tiempo de escritura, pero también de visitas. Un día pasadito por el agua vespertina de un monzón que se resiste a morir. El museo nacional, el de artes islámicas o la mezquita nacional venían en mi ruta y desfilaron por mis ojos. Especialmente buenos los museos, hay mucho que desarrollar de la historia de este ecléctico país. Ya habrá tiempo, poco a poco. Por lo pronto mañana a Melaka y ya con el billete para subir de Butterworth a Bangkok el día 30, será un cumpleaños sobre raíles ;-) Y que conste que, como sabéís los que conocéis, yo me suelo olvidar de mi cumpleaños, pero esta vez no va a ser así, así que espero vuestros mensajes (y procurad que no se queden traspapelados en la oficina de correos como los que os mando yo :-)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola
Tu disfruta todo lo que puedas,por aqui de momento todo sigue igual,si hay alguna novedad ya te lo dire.
Zorionak por adelantado que cumplas muchos mas y que los demas lo veamos por la cuenta que nos trae.
Saludos
Jesus

Anónimo dijo...

Hello David

Ahora me mola mas lo que escribes, tal vez sea que ahora te entiendo y antes no ;-), pero esa primera sensación de vértigo y vacio del que viaja en solitario me suena, pero como sabes, pasa con los dias. Aunque dicen que a veces se hace un hueco en el alma y luego cuesta horrores echarla de casa.
take care and a big hug and remember i love you (in a good way of course)
el oxfotarra