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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

domingo, 24 de junio de 2012

Tres minutos con Cortázar

Siempre creí que eras un farsante, Julio. Siempre pretendí anhelar, desde lo más profundo de mi ser que, con tu prosa fácil, no sería difícil que hubieras errado el mensaje al menos un párrafo. Tú, uno de los más grandes, haciendo apología del fracaso individual y social en una parábola. Pero es que, compañero Julio, entonces yo no conocía Cuba ni, acaso tampoco, a los que me secundan el camino…

Porque aquí es todo una paradoja, todo una inmensa paradoja. Es un viaje de hiel, de preguntarse dónde equivocó uno el camino. Dónde mató la esencia, la misma corrupta en seres azules y rojos, o negros sin Playa Girón. Cómo demonios el país más alabado fuera por su presunta integridad moral sea dentro el más sumiso y postrado al dólar material que surge del camino. Cómo uno deambula abrumado por la necesidad, chasqueada la inútil necedad, en la vana creencia de que el cuándo, cómo y dónde valdría más que el cuánto. Cuba se desintegra a ojos de un turista inocente y soñador como un verso se difumina entre los labios. No hay nada, casi nada que no sea obra y artificio a ojos del extranjero. Se secó el manantial, pereció esa voz que entre todos, con nuestra indolencia, matamos. Ahora solo playas con aguas de cristal, son y salsa de mil padres, jineteros que matan y, al cabo, resucitan en pura humanidad comprendida y una extremaunción para un viaje que ya estaba muerto antes de ver la luz. Cuba, la Cuba admirada, es un sueño desvanecido a ojos de cualquier iluso que, como yo, piense que solidaridad y honestidad son valores que visten de tonos malva fachadas de Cienfuegos o que rebotan emanando luz en los patios sonoros de Trinidad . Ese es el trasfondo de una patraña que ahorcamos entre todos, los cubanos bastante tienen con sacarte un peso para dar un festín a su implorante tripa…

Quisiera creer que no es así, que bajo los estruendos que marcan la fiesta de San Juan en Trinidad es posible volver a poner el contador a cero, que un paso más allá queda un todo por vivir, que la ruta siempre regala a quien la sepa escarbar. Pero la vieja ya no da más de sí… Es como Cuba, entre todos la matamos y ella sola se murió. Alimenté su voraz ansia comercial sin entender que cavaba un pozo del que ya no podría salir. Ahora, ¿qué queda para ella en Sancti Spíritus o Camagüey?... no queda nada, no hay nada que comprar, nada que entender. Tantas horas en bazares, tugurios, tiendas, esquinas, entresuelos, azoteas, carricoches oxidados a la luz de la luna, sótanos al alba que nos resumen antes de girar el cartel cimbreante de “Open”… tantísimas horas… tantas alhajas al alcance de la mano… ya no hay nada que entender en esta Cuba desangrada, nada, al menos, que ella esté en posición de entender sin necesidad de pedir precio antes. Socavado lo uno bajo lo otro, lo vital bajo lo perecedero, el ritmo del corazón bajo el ágata refulgente. Regreso amargo a La Habana y un réquiem por lo que igual nunca llegamos a entender para saber trabajar… ni los cubanos ni yo. Quizás a todos nos debió poder el peso de la responsabilidad patriarcal, filial, aunque con ello hayamos pervertido nuestro corazón. Y ahora yo, más tarde ellos, tendré heridas que lamer…

Por todo eso en estos momentos te recuerdo, Julio, por darme una razón para escribir tres minutos de líneas y llanto, por dirigir la imaginación a mí y lo mío en el sollozo, y por haber sido tan idiota de haber contraído el hábito de creer en este mundo exterior llamado Cuba. Tú, y el peso de un mensaje ahora entendido, Julio, es lo que escribo aún con las palmas húmedas de haber hundido mi rostro en ellas durante tres minutos de pura eternidad…

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