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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

sábado, 9 de junio de 2012

Morelia en lucha


-¿Y aquí por qué peleáis?-. Digo con interés exacerbado a un joven que retoza en las escaleras de acceso al atrio superior, flanqueado por un descolorido mural. Todo el claustro asemeja a un grito de guerra, a un deseo de algo que se ha de mover, a una reivindicación de lucha, a lo que palpita solo en jóvenes imberbes que lucen la ilusión por bandera. Han pasado apenas unos minutos desde que entré en el recinto colonial que alberga la biblioteca de la famosa Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo. 

-Aquí reivindicamos la justicia para nuestros compañeros. Fueron asesinados por la policía en una marcha universitaria que organizamos para la consecución de logros sociales. Por la paz quebrantada en Morelia y en todo Michoacán debido a las guerrillas narcos y a la connivencia del gobierno federal-. Dice con ojos vivarachos. Observo la balaustrada superior bañada de carteles lilas: “por los derechos conquistados”, “Hidalgo se viste de morados”… y así un mar de cartulinas que denotan algo incomprensible para un recién llegado pero no por ello menos vivo en esencia.

-Yo trabajo en la Universidad del País Vasco. Allí esto ya no se estila. Se les enseña a los alumnos a competir entre ellos, a ser el mejor arquitecto, el mejor ingeniero. Se pone la diana en la generación con los que han de compartir clases, ellos pasan a ser el enemigo. Y con ello no se les enseña a luchar por lo que surge de la razón, por lo que no conoce clases ni plata. No hay educación en valores, ya se pudrió el honor, el orgullo y la solidaridad. Allí no nos queda nada… ya nada-. Digo compungido mientras me voy girando hacia la salida. “Hacia un movimiento estudiantil revolucionario. Casa de estudiante combativo Nicolaita” refleja una sábana ajada que cuelga del balaustrado mientras ya me estoy yendo. El chico escuchó mi discurso con atención mientras otra joven de gafas, con una pegatina reivindicativa, se unía a la escena asintiendo con calma y las manos entrelazadas a la espalda. 

Y creo firmemente, una vez en la calle y con el destello del sol que ciega, que Morelia no solo vive, sino que además está aprendiendo a sufrir… a eso para lo que nuestras generaciones no han sido preparadas. Podría escribirle una carta a Morelos o podría desgranar párrafos de esta preciosa ciudad, de su catedral refulgente a la luz de la luna, de la casa del mismo prócer que alumbró este gran país o del Palacio del Gobierno y sus asombrosos murales de Alfredo Salce, de la cotidianeidad que nos envuelve con sus vecinos en forma de apetecibles conversaciones sobre Dios y la vida, de los alrededores que narran las carnitas de Quiroga, la Catrina que vio la luz aquí, de Tzintzuntzan y su Cristo de pasta forjada en caña de maíz que crece sin que nadie acierte a dar una razón para ello o del Tata Quiroga y su amor derramado por los indios purépechas en la somnolienta Pátzcuaro… pero todo ello palidece bajo un espíritu común que nos recuerda que la lucha estudiantil nunca morirá y siempre será faro que reivindique y muestre el camino para desterrar el narco, la corrupción que parece endémica en este país y todo lo arrasado por la sinrazón del lucro ilimitados. Si vendimos nuestra alma a la plata, ellos, los jóvenes aún no podridos, nos recuerdan que acaso erramos nuestro caminar, que deberíamos sumarnos a sus ansias de equidad. Va por ellos y su reivindicación de un México justo, de una sociedad solidaria y de un sistema educativo que nutra y no atocine… va por ellos este comentario regado de cervezas negras “León”.    

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