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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Leelah: el valle del por siempre jamás

Allí donde ni el olvido lo abarca lo todo. Donde la presunción de identidad se ha anclado como ése quien se aferra a una última esperanza vital. Aquí una vez escribía sobre un Myanmar arañado por una vigente garra de acero que arrastraba mis dedos temblorosos de desazón, con paso apresurado, sobre este mismo teclado, abrazado entre una cortina sedosa de humo claro, espeso. También hablaba sobre una chica, en otra ocasión, ahora olvidada aunque en momentos de pura melancolía eso es algo que tampoco tengo claro, aunque solo sea porque aún no olvidé su hermoso nombre: Noi. Observo embelesado el decrépito solar que era su hogar, raspando mis manos en la camiseta, pensando en todo lo bello que supuso el suave rozar de su piel sobre la llama en yemas de mis dedos, en una larga y tórrida noche de viento sur.



Después pasaron los meses que se hicieron casi años, me perdí en nuevas rutas, otras ilusiones, nuevos horizontes. Y descuidé aquello que una vez me hizo no solo crecer sino, sobre todo, creer en mí, en mi destino asiático.


Y tal día como hoy regresé, porque siempre todo gira en torno a un regreso, y casi sin darme cuenta un recepcionista agradecido recuerda mi nombre, rescata una anécdota desteñida entre trapos propios de mi proverbial memoria olvidadiza con forma y fondo de baúl sobresaturado. Otra señora hace honor al tópico absurdo, País de las Sonrisas, y me regala la más cálida mientras cocina a fuego vivo, como es tradición, unas gambas rebozadas de mantequilla antes incluso de que haya tomado asiento en su descuidado y por ello acogedor restaurante. Y el último me acerca una lata de cerveza Chang como quien se sacude el polvo al alejarse del andamio de una obra. Luego me mira, me remira… y ya no hace falta más. Sacude y seca un húmedo taburete de plástico, lo acurruca al lado del suyo y, una vez sentados, “¿dónde nos quedamos la última vez?... la batalla iba de camisas amarillas y rojas ¿no?... ¡¡¡Dios, cómo pasa el tiempo!!!”.


Es entonces cuando, como un idiota, me doy cuenta. Y me lo susurro como un mantra de sortilegio que jamás debería olvidar, incluso he debido llegar a ruborizarme ante tanta calidez al recién regresado, “cómo demonios puede alejarme tanto de lo que me hizo, lo que me sigue haciendo, aferrarme tantísimo a esta tierra, a estas gentes …”. Luego, rehecho, todo, absolutamente todo lo que conforma el valle de Leelah, vuelve al lugar de mi corazón de donde nunca debió de desaparecer. Y este olvidadizo viajero puede volver a sonreír, a crecer… y a creer.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola
David no te pongas tan melancolico que me vas hacer llorar y disfruta que todo lo bueno se acaba pronto y dile a Iñaki que aproveche Que cuando se quiera dar cuenta ya esta de vuelta currando
Saludos y pasarlo bien
Jesus

Anónimo dijo...

David ya esta en Tailandia
http://audioboo.fm/boos/513043-botitas-ya-esta-en-tailandia

Wellcome!

Anónimo dijo...

aupa david
ya veo que hay lugares que te traspasan mas la piel que otros. y sí, todo gira en torno a un regreso, en distintos lugares, pero siempre el mismo regreso....
puertos ya visitados pero que se redescubren de nuevo, nuevas y antiguas emociones, nuevas experiencias, etc....
pero si todo esto no te mola, siempre puesdes hacer que tu regreso gire entorno al curro, jeje, y entonces ahi sentado tomandote tu cervecita te das cuenta de que hay regresos que siempre valen la pena por lo nuevo que prometen y otros a los que valdria la pena prometer no volver.

que lo paseis bien . ya os veo a los dos: una vaciando las botellas de cervezas y el otro las botellas de aire comprimido, jejeje.
besitos, os quiero
un abrazo hobbit

kuakin dijo...

Pero que chapas eres ,chaval.
No cambias.(por cierto que cojones es el audio ese)

Veo que te va bien la cosa.

Por aquí todo como siempre.Cada uno a su rollo.
Como me has dejado sólo para echar la cervecita,de vez en cuando me
voy con el perales a comer un morrito, que si no la cosa es muy monótona.

No te escribo mucho porque el peque no nos deja mucho tiempo,pero te estoy leyendo.

Cuídate y recuerdos de parte de Ana también.

Un abrazo

David

Anónimo dijo...

Eres la mejor terapia para dormir. Contigo el sueño nunca falla camarada botas. Joder ahora el villa va de morros con el perales. En fin carpe diem, me reclaman los hijos. Por cierto ya no tengo perro. Llore como un niño. Desde la herriko y sin eta, un camarada de mudanza.