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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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lunes, 8 de agosto de 2011

Sucedió en Luang Prabang

Y ya van cerca de 90 páginas, así que creo que es hora de echar el alto. He pasado unas semanas realmente entretenidas dando un poco de forma al texto que luego será nutrido, revisado y completado por la ruta en Indochina. También ha sido complejo y duro por momentos, rescatando textos en inglés, buscando unos recursos imposibles en castellano y apenas simbólicos en otros idiomas. Pero eso ahora no importa. Me quedo con la ilusión y ganas de perderme por allí, estos días más acentuadas que nunca, bañadas por las muchas cervezas que me acompañaron en esta mi otra ruta mientras machacaba las teclas. Quiera Dios, o Buda, que no desfallezca una vez allí, que no me abandone la fe, y consigua darle un sentido final que pueda llegar hasta vosotros y animaros un poco más a los que leais el resultado definitivo, porque de eso se trata al igual que con los videos, a visitar y compartir momentos muy especiales con las necesitadas gentes del sudeste asiático. Os dejo el último fragmento... De momento.

"Lo cierto es que no hizo falta que subiera para que, esa misma noche, me contara la historia que empezaba en Phusi observando las lejanas montañas de la ribera este del río Mekong, aún así tampoco nos faltó tiempo para tomar tragos de lao lao mientras desgranaba otras circunstancias y añejos saberes propios de los Lao o de Luang Prabang. Recuerdo que en otro momento, a última hora, cuando ya apenas quedaban unos perros moribundos que paseaban por la cercanía del cercano Wat Mai, se quedó mirando fijamente a un can color canela, de estos de mil padres, sin raza definida, tan pequeño y rabicorto como enfermizo y débil en apariencia.

-Allí, en Sapein, ¿vuestro Dios cuida de los perros?-.Dijo con indisimulado interés mientras vertía otra taza de humeante café y esperaba ansioso que se posaran los pozos para sorber un trago.
-Allí antes era parecido a esto, en los pueblos los perros tenían un dueño y vivían libres, no conocían las cadenas, y tampoco eran el capricho de ningún urbanita desamparado. Eran libres y se establecía una relación de respeto y cariño entre los ciudadanos y los animales. Pero ahora todo eso cambió, los perros viven encerrados en casas de unos pocos metros cuadrados, ya no comen huesos ni sobras, son considerados parte de las familias modernas aunque para ello les hayan suprimido su libertad y naturaleza. Si salen a la calle van atados e, incluso, llevan un bozal para no ladrar. Dicen que es por beneficio de la sociedad porque como son animales poco higiénicos y salvajes hay que tenerlos controlados. En realidad esa no es mi manera de entenderlo, pero…-.Encojo los hombros y me trago una muestra de absoluta disconformidad con la realidad de mi tierra ya que añoro una libertad y respeto que encuentro permanentemente en cada bocanada de aire que aspiro por la tierra Lao.

Me mira confundido, dudo si ha llegado a comprenderme, ladea la cabeza y sigue hablando mientras vuelve a perder su mirada en uno de los cielos estrellados más hermosos que jamás podrán contemplar tus ojos. La inmensa luna llena generaba, si cabe, un matiz aún más intenso de interés en la figura del enjuto dueño de la pensión que simulaba, para mí, una enciclopedia cuando abría la boca.

-Los perros no son animales sucios, más bien son higiénicos-. Suele liar una especie de cigarros con una hojas verdes y finas, con hebras y todo, similares a los cheeroth birmanos, prende uno de ellos y paladea con calma mientras las arrugas de su rostro, al contraluz del brillo lunar, simulan surcos en campos arados alumbrados una vez se difumina la neblina de su tabaco y en los que momentáneamente se posan mosquitos que rápidamente desaparecen acaso espantados por el incienso especial que ponía todas las noches al pie de la barandilla. –Aquí en Laos contamos una historia acerca de eso…-.

Así conocí la historia del perro y su manera de mear. A veces resulta abrumador como el inherente deseo humano de dar un sentido a todo puede generar historias tan simples y hermosas como esta en la que valores aún vigentes en la sociedad Lao y acaso olvidados en occidente como el respeto y la perseverancia lucen como neones brillantes. Contaba el abuelo Lao que, en el origen de la vida, en el Reino Celestial, el perro solo tenía 3 patas por lo que vivía realmente afligido porque no podía correr tan rápido como otros animales ni podía tampoco saltar tan alto o tan largo como los que tenían 4 patas.

-Oh, gran Indra-. Suplicaba el atormentado can. -Dame por favor una cuarta pata como has hecho con el resto de animales-.
-Pero ya no me quedan patas para dar-. Replicó el Dios. –Se las he dado a todos los animales que vinieron antes. Llegas a demasiado tarde, perro-.
-Oh, por favor, venerado Indra-.Se lamentaba y repetía el perro, furibundo de su mala fortuna. Maldecía por lo bajo su destino temporalmente hasta que se decidió a jugar su última carta.-Si no me das mi cuarta pata, mi gran Dios Indra, no bajaré a la tierra-. Dijo con determinación.
-Te he dicho que no me quedan más patas para darte, las he dado todas. Solo me quedan las patas de mi silla así que, ya que insistes y parece que realmente lo deseas, puedes coger una de ellas-. Sugirió Indra
-Gracias, mi adorado Indra. Ahora podré saltar tan alto y tan lejos como los demás y además podré competir en velocidad con ellos-. Dijo el emocionado perro.
Indra quedó gozoso y aliviado pero al mismo tiempo, pensativo, recordó al can:
-Ahora tienes la pata de mi silla, perro, así pues debes prometer mantenerla limpia de cualquier manera y en cualquier situación posible-. Ordenó Indra
-Si, señor-. Confirmó el extasiado chucho, quien, en volandas por la emoción que le superaba, prometió. –Fíjate si la cuidaré que, incluso cuando mee, levantaré la pierna para mantenerla limpia y seca, y todo en honor y respeto por ti, mi venerado Dios Indra-."

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto promete pero no te pongas muy transcendental.Tenemos que hablar sobre Vimeo pues ya veo que te has registrado.Ya subi tus ultimos videos.Despues hablamos.

Ale