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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Quid pro quo

“Quizás el turista visita lugares maravillosos que generalmente siempre va a recordar dónde están, pero el viajero, el de verdad, siempre conoce personas que nunca va a olvidar, personas que siempre van a estar esperándole de vuelta …”

El ciclista pedaleaba sin descanso, alzaba la vista, se removía con el reverso de la mano los brotes de barro que se adherían al incesante sudor para dar un cariz apocalíptico a su, ya de por sí, demacrado rostro. Las piernas se mecían como papeles de fumar, seres inertes sin vida, solo anclados a ese infinito movimiento circular. Hieren las heridas, duele todo el cuerpo, se siente entumecido, ajeno, hundido de manera perenne en la melancólica soledad. Un kilómetro. Solo uno para la meta. Hay tiempo, el pelotón afloja, desiste, se centra en cotas teñidas de amarillo y deja al indefenso Jon un segundo de gloria pese a que éste no tiene claro si eso es lo que desea. Quizás abrazar a su mujer y darle un beso a su hijo … sin duda, no hay más que verlo cruzando la meta, derrotado, presa del pánico y del dolor inenarrable, no hay ni un brindis, solo un jadeo transformado en gemido mudo que le arrastra a desplomarse donde le espera el masajista, no le llega el aire, se le escapa la vida por los poros y el solo desea ver a su familia, no hay grito de ánimo, ni felicitación que le llene. Solo quiere a su familia. Acaba de ganar la etapa reina de la vuelta, pasa a ser historia, inmortal, arrastrado por una marea de periodistas y fotógrafos … derrotado … y nadie entiende que él solo quiere tener a su lado a los suyos …

Un par de horas después, duchado, con ánimo invertido, temeroso de la gesta y de la brumosa nueva realidad que le engrandece pero aún desmadejado, un periodista, otro Jon en este caso, charla con él, orgulloso, no en vano se conocen de hace muchos años de su fronteriza localidad a caballo entre Álava y Vizcaya, su Llodio natal. Analizan los pormenores de la etapa, los segundos de fortuna, la escapada buena, el apoyo de director y equipo desde la distancia …

-Además Jon- dice el periodista. Has de reconocer que es de auténticos afortunados el poder ganarse la vida haciendo algo que te gusta.

Al ciclista se le contrae el gesto, se mesa el cabello, analiza el contenido de su respuesta, mira a los ojos al periodista que de modo cómplice entiende que ha tocado una fibra interna.

-¿Sabes? … A ti no puedo engañarte, yo cogía la bici en Llodio y subía al caserío de Imanol, o a Baso-txiki, era feliz, la aparcaba, tomaba unos tragos de sidra con queso, y volvía a dar pedales. Era libre, tú eres de mi pueblo, mi cuadrilla, casi de mi quinta, lo sabes bien. Si hacía sol, o con nubes, cogía mi bici y pedaleaba, si llovía, quizás no me apetecía … si tenía dinero podía comprar un cuadro nuevo, renovar los frenos. Era libre, y era feliz porque esto era mi hobby. Pero ahora es mi trabajo, ahora me gano la vida con ello, mi familia depende de mi sudor, hay alguien que me paga y por supuesto me exige. Ya no decido yo mi ruta, ni si paro o continuo, ni si aprieto subiendo o me lo tomo con calma. Ahora ya no me gusta, ya no es romántico- se pone serio y obliga a humillar la mirada al amigo, al confidente ahora transformado en compadre y compañero de cuadrilla del pueblo desde la infancia. Pero es mi trabajo, y ya no tengo elección, me pagan bien por ello, no me quejo, pero la felicidad quedo atrás desde el momento que firmé mi primer contrato profesional, me tomaría unas cañas contigo ahora, como haciamos en Llodio con la bici aparcada a la puerta, pero mañana trabajo … entonces- Ahoga un pequeño suspiro y recupera el ánimo. Claro que no me gusta, pero mi familia vive de ello.

El periodista apaga la grabadora, entiende que la charla ha terminado …

-Te invito a una caña, pero solo una ¿eh?-. Sentencia el periodista, y ambos se alejan, susurrándose, confidentes, como 2 viejos amigos …

Más o menos así le narraba Jon Unzaga a Jon Rivas el día que ganó la etapa reina de la Vuelta a España de 1992 que terminó en Pla de Beret. ¿Y esto a cuento de qué? … muy sencillo, hoy leía acerca de la mucha mierda que invade blogs de viajes, escritos por parásitos subvencionados para dejar morir su alma, sacar los lápices de colores y dibujar un entorno precioso, monumental … aunque a el/la que escribe no se lo parezca. Como a Unzaga, mataron su libertad a cambio de una fracción de vil metal, su poderosa capacidad de descubrir y aprender, de vivir, de separar lo bonito de lo feo, lo correcto de lo incorrecto … se ganarán la vida, como Unzaga, pero mataron la capacidad de viajar para enrocarse en clichés de todo a cien y narraciones sin peso ni fondo … un sinsentido que, gracias a Dios, no llegará a infectarme jamás. Por que el día que así sea, ese día que quede uno de los pocos que entran por aquí a menudo para recordarme que es hora de bajar el telón a esta función internauta porque dejó de ser una ventana abierta a lo que fluye dentro de mi …

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