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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

viernes, 13 de mayo de 2011

Hoi An

Mataba el tiempo en un bochornoso día de Mayo apoyado en la barra de un bar, mi mente, para variar, navegaba al abrigo de una charla …

“Llovía a mares en Hoi An, la película húmeda transformaba en una borrosa visión de tonos apagados todo lo que ocultaba por detrás y caía con violencia y estruendo sobre el estrecho canal frente al cual se localizaba el restaurante que nos hacía de refugio. Los vietnamitas hacian uso del Nong, su sombrero tradicional, y los turistas improvisaban capuchas volteando bolsas de plástico para echar a correr buscando un alero salvador. Visto lo visto el monzón trajo un poco de frescura ante tanto bochorno. Saboreo un plato de “rosa blanca”, es la primera vez que la pruebo, delicioso, y remato con un cigarrillo mientras suspiro y rebusco en mi memoria esa secuencia de días pasados, conversaciones esclarecedoras y pálpitos con indisimulada emoción que eran el día a día en Myanmar. Allí en Vietnam todo era distinto, convivían también panorámicas de postal, de belleza cautivadora, y seres de amabilidad girada, en otro plano, distinta a la de la gente Bamar. Fijo la vista en un cuadro del puente japonés con trazos de brocha media y tonos pastel que recuerda la historia de otro momento y evoca imágenes ficticias traspasadas de otra época … igual que uno que no me habían querido vender hacía media hora. Me sonrío, rebusco en mi mochila y cuando alzo la vista solo hallo la presencia de un hombre diminuto, desaliñado, descalzo, con pantalones y camisa a juego con su pelo enmarañado, o sea, empapado … me arrastra un tubo de color crema y me pide el dinero, le invito a sentarse y tomar algo, niega con la cabeza y alarga su mano … los dong cambian de mano y el puente japonés ocupa el más preciado rincón de la mochila … “Cam On” … sonríe la misma timidez con que media hora antes me negaba mi precio y con una humildad innata fija la vista en sus pies desnudos y regresa a la tormenta …”

- Hace 20 años allí era distinto …-. Me dice la camarera de la cafetería de la facultad mientras me pone el cortado en la barra.

- Imagino-. Le devuelvo media sonrisa para que continúe, mira al techo mientras restrega sus mojadas manos sobre un delantal oscuro.

- Recuerdo que había Open buses, eso del expreso de la reunificación yo ni lo recuerdo … montabas aquí, bajabas allá, la amabilidad te perseguía y miraras donde miraras siempre había un paisaje de impresión, un arrozal, unas palmeras, verde verde … esmeralda, fresco … todo era distinto. Y la gente pura amabilidad, daba igual si eras o no norteamericano. Puteados por chinos, franceses, yanquis-. Por sus ojos se retuercen trazas de indisimulada admiración. - Increible, una sonrisa cautivadora y nada, nada, nada de rencor ... ver para creer ... ¿cómo es aquel pueblo de la matanza?-.

- My Lai ... pero puede ser Hué o ...-.

- No, no, My Lai ... ¡¡¡ qué barbaridad !!!-. Guarda un silencio demencial que pareciera un sortilegio de oración por el alma de los difuntos y yo lamento los gritos desgarrados de Chomsky y que a nadie han parecido importar jamás.

Tomo un sorbo y vuelvo a buscar sus ojos, hace un ademán como si quisiera dejar la conversación pensando que me aburre, como si se viera transformada en el abuelo batallitas tratando con un imberbe nieto a quien se le ha agotado la batería de la consola … pero quizás adivina un rastro de pasión en mis encendidos ojos …

- Y Sapa-. Prosigue emocionada. – Sapa era una pena, eso sí que parecía a ese Vietnam turístico del que me hablas. Había 2 etnias …-. Duda.

- Si, Hmong y Thais del norte-.

- Eso, pero allí los hombres estaban muy demacrados, borrachos a todas horas, y las mujeres dale que te pego, trabajaban como condenadas haciendo carreteras, trasegaban piedras de aquí para allá … ¡¡¡ Y no había ningún hombre !!! … todos borrachos, daba mucha pena verlos así, pero el paisaje allí era increíble, precioso -. Arrastra la primera o de precioso para realzar la emoción que supuso vivir aquel instante perturbador. Me mira con desdén …

- Y tú … cabronazo, cómo te lo montas, te vuelves a pirar tres meses por allí … ¿cuántas veces has pasado por Vietnam?-.

- Tres, esta será la cuarta y seguro que habrá muchas más porque conozco menos de su sociedad y de sus rincones que la primera vez que fui. El día que comprenda su sociedad y sea capaz de entender sus costumbres igual enumerar los regresos tiene algo más del significado nulo que tiene ahora para mi. Podía servir de algo sumar regresos ...-. Suspiro.

- De una de esas no vuelves-. Lo dice con una convicción que desarma.

- Eso me lo dicen a menudo … y créeme, hasta yo dudo en ocasiones ... si no tuviera el trabajo que tengo ...-. Resoplo y me arrastro al pertinaz calor mientras localizo en mi memoria ese cuadro maravilloso que refleja el puente japonés de Hoi An y que cuelga semi olvidado en un merendero de un pueblo perdido de Castilla … “pronto regreso, compañero … pronto” …

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