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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

lunes, 11 de octubre de 2010

Hunan

Una ruta áspera, rugosa, que no se para en flashes de cámaras Canon de 4 dígitos en euros. Retretes a la turca, arroz y verdura como plato estrella, coches destartalados, bici-carros con freno de mano en cuadros con óxido inmemorial, vendedoras de castañas atrapadas en el oscuro tinte del carbón, el anciano con su chaquetilla y gorra añil, sacada acaso de la Larga Marcha, Tsingtaos a 3,5 kuais, huevos cocidos en agua con salsa de soja, el vendedor de ratones ya aptos para la sartén y mucho pero mucho movimiento, polución y frenesí. Voces, sirenas y pitos que aquella mañana, en la montaña Tianmen, parecían demasiado lejanos, como engullidos en la densa y cremosa bruma que, ya en la espalda, en el reflejo del teleférico, parecían no haber existido nunca una vez que se descorre la cortina nebulosa y se muestra la majestuosa montaña, su impresionante corredor de casi 2 kilómetros horadado en el lateral de las cumbres, suspendido a casi 1500 metros sobre la maleza y un apacible y luminoso templo. Luego llega Dehang, uno encuentra uno de esos pocos sitios en China capaz de alterar y pausar el ritmo respiratorio, como volver el vientre materno, una balsa de aceite que a partir de las 7, sin luces ni alumbrado público, susurra sus virtudes a oscuras por cada esquina, hay muchos sitios para vivir, éste quizás sea el mejor para palidecer estasiado y morir… Dehang se ancla al espíritu como no hay otro lugar en este bello país … y el viajero empieza a notar el profundo calado de la agreste Hunan, algo que se percibe nada más aterrizar pero que con la cadencia del tiempo te envenena y hechiza. Uno siempre sabe, guiado por sus sensaciones al minuto de aterrizar, aparcar o arribar, si un destino va a ser más cómodo que otros … es raro equivocarse. En Hunan yo lo tuve claro. Sabía lo complicado que sería partir, atravesar hacia el sur al poblado Dong de Sanjiang, relegar para un largo tiempo en el fondo y oscuro cajón de la memoria las últimas vivencias en esa postal de brocha finísima que más brilla cuando se pone el sol llamada Fenghuang … y la gente, las caras, los conocimientos … una ruta áspera que siempre ofrece mucho más de lo poco que uno pueda invertir. Lo obvio queda en el magnetismo de Beijing,los neones de Shanghai o la imperial y sedosa Xian … quizás aquí también entre caminos de maleza, arrozales de color miel que abrazan a los labriegos, edificios y pagodas ribereños que derraman olores de orgullo atemporal o picos kársticos aquí poblados, allá desnudos que asombran a cada plano como en Wulingyuan … lo que se niega a los ojos y se percibe con el corazón … eso que uno siempre se pregunta cómo se parió … eso mismo es lo que se esconde detrás de unos ojos gitanos, azabaches, de una niña de 6 años que enseña a comer al hermano pequeño fideos de 3 yuanes la onza y mira asombrada al extraño que alza la mano y saluda “Nihao” y al que luego pedirá el libro que éste lee para ojear entusiasmada las fotos mientras el sol se pone con calma e inunda con rayos bermellones la curiosa estampa de el viajero, el pueblo de nombre impronunciable y la sociedad infantil que lo acoge para recordarle lo afortunado que uno debe sentirse por poder vivir ese instante infinito y, en consecuencia, hacer de la humildad y el respeto a otras culturas su más preciado don. Hunan, sus pueblos y gentes, son un bello sello para imprimir esta verdad intangible de humildad y respeto de modo que el tiempo nunca borre su legado de la conciencia del viajero.

1 comentario:

Anónimo dijo...

casi te pillo escribiendo el texto camarada botas... en fin que te gusta ese pais y sus gentes lo sabemos pero cuenta algo interesante tio que vas a lograr que me duerma joder...yo queria chinita segunda parte pero creo estas lejos de ese momento...
en fin tio hoy tenemos la eco de las 20 semanas. ya te contare. mientras cuidate y recuerda carpe diem camarada botas...
pd:tenia una piel tio...