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"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

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"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

jueves, 13 de mayo de 2010

Thomas

La vida entera esperando la primavera, cantaba Robe ... Y él, Thomas, moriría con y para la metáfora. Era un austriaco con quien coincidí en una de tantas veces en el hogar de Wilaiwan (www.bangpli.com), porque ya no es un hostal, es la casa de unos amigos y más que la solución a una necesidad de sueño es un pequeño placer cada vez que piso por allí y al mismo tiempo me siento como abrigado por su presencia, la de mother Wilaiwan, en el hostal, como un colega que te invita a quedarte a dormir unas horas antes de lanzarte al frenesí de Bangkok. Thomas se lanzó a por las maletas nada más aparcar el taxi, era un poco surrealista aquello, primero por el hecho, luego por el protagonista. Occidental, enjuto, alto, barba de 3 días, pelo desaliñado, moreno mediterráneo y, sobretodo, sombrio, con una cara mezcla de desgaste y desasosiego que no ocultaba ni pretendía las multiples y diversas visiones, placeres, horrores que debieron desfilar por sus pupilas oscuras al cabo de tantas horas vívidas al límite, sin temor ni resquemor hacia una existencia, la suya, tan caduca como desbocada. No entendía nada, era, sin hacerse un lio y tirando por lo más aparente, como que otro cliente de la pensión quería echarte un cable con los aperos ... eso no cuadraba. Tampoco le dí más vueltas.
Luego, al cenar, apurando Singhas, repasando el sueño, lo vivido, descontando para el "quizás pronto", la claridad de la luna trazaba esporádicamente sombras de aviones que llegaban al cercano aeropuerto sobre una impoluta mesa donde solo las tristes colillas sobre un cenicero daban un punto de color. Thomas volvió a aparecer, pidió permiso y se sentó junto a nosotros pese al gesto de contrariedad de mi hermano (y se reirá cuando lo lea ...). Su español era bastante mejor que su aspecto físico, no en vano era de padre mallorquín, donde vivió varios años tirando de la tela que generaba el hotel que regentaban sus padres en la isla. Al crecer, lo típico ... mucho, mucho mundo, eran otros tiempos, muchos porros, amores, sabores, palmeras, sadhus, clases de yoga ... Goa ... sin más preocupación que el volver a ver amanecer en Panaji o el hoy me apetece contemplar un poco más allá. Tailandia, sencillamente, no existía. Y la vida era placentera, con días que hubiera apostado lo que fuera a que 24 horas no duran, apenas, lo que un suspiro. Pero cierto día, alguien comentó de renovar el visado indio en Bangkok ... "¿dónde?" comenta nuestro protagonista ... y hay acaba India, carcomida y refugiada en el más negro recodo de su mente. Llegar, chasquear los dedos, y ya no tiene solución el asunto ... atrapado sin solución de continuidad. Lo fácil era adivinar lo siguiente ... tan difícil era errar que no lo hice ... descubrir que la pasta, como la vida, tenía límite, pero Thomas alarga como en un escorzo su sombra para la familia, su intangible pero querida presencia en corazón de sus muy mayores padres ... y el dinero, como vomitado desde la agonía parental, llega, y todo encuentra su orden ... ahora es dueño de una guest-house en Khao San, y su "Thai Rak" le promete amor eterno, sin agujeros en el alma, y la vida era barata ... no como el Khao San al que sorprende el siglo XXI (Dios, la de veces que repitió con nostalgia esta idea ... infinita, infinita nostalgia ... era como ver un espectro pálido, casi translúcido cuando volvía, volaba con la imaginación al pasado, a aquel callejón de Banglamphu ... es lo que pasa cuando el derrotado habla por el corazón). Y la vida, como un ciclón, que barre su fértil presente y, sin tiempo de parpadear, ya todo aquello es pasado ... llover sobre mojado ... factores, circunstancias, aderezadas con la mala suerte que llevaría muchas líneas comentar, pero en el fondo es la historia que todos, sin saber, imaginamos. Ahora, ahora mismo, consume cigarrillos, desempolva su español, reconforta su alma, cuenta maravillas del curry birmano (¡y yo!) y ahoga su voz para decir, explicar, como justificar porqué tiene que trabajar para Wilaiwan consecuencia de una, él quiere que muda historia que, como todo lo que has leido hasta ahora, puede ser tan previsible en alguien como él ... tan previsible como inevitable. Ya no está allí, eso seguro, se llevo su pléyade de vivencias, de amarguras, de derrotas, de vivencias y enseñanzas sobre la cruel vida ... pero tú y yo sabemos que sigue, sobrevive, en Bangkok, gente como él nunca queda a desmano. Y, por si alguien duda o se siente descolocado, sin saber o imaginar qué llevo a Thomas a servir temporalmente para Wilaiwan ... de corazón ... yo tampoco lo entendí ... creo que la vergüenza ahogó sus palabras, se transformó en neblina y difuminó, borró para nosotros ese penúltimo capítulo en cuyo apéndice apareciamos trasegando Singhas en casa de Wilaiwan, esa vergüenza le hizo, lo repito, mudo ... tampoco me importó ... me basta la certeza que tengo de haber conocido a un tipo realmente singular. Hasta la vista Thomas ... chokdi.

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