lunes, 20 de mayo de 2013

Kamphaeng Phet en la memoria

Lo recordé ayer, viendo empezar a amarillear el trigo por campos de Castilla mientras volvía de Burgos...

Apenas llevaba setenta y dos horas en Kamphaeng Phet y solo sabía que adoraba los arrozales que poblaban los alrededores de la ciudad. Eso lo tenía claro. Muchos lucían tapices esmeralda, con un arroz que subía de día en día. En otros, aún vírgenes, se podía ver a algunos aldeanos pasando un arado mecánico de palas enormes. Se colocaban como si estuvieran haciendo surf al manillar del cacharro, y hacían esfuerzos gigantes por mantener la verticalidad sobre el fango mientras, en derredor, corrillos de hermosas garcetas, de un blanco níveo, se apilaban hundiendo rítmicamente el pico ante lo que surgía del rotar de las palas. En los arrozales más grandes se veían, desperdigados, pequeños grupos de patos protegidos por una red, igual que un tapiz de muselina, para que no escaparan; y rústicas cañas de bambú aparecían salpicando las riberas, con los lugareños apostados junto a ellas, en cuclillas y con un aspecto entre meditativo, ensoñador y somnoliento. Todos allí, quietos, narcotizados y en calma, viendo el trabajar de las garcetas y el navegar de los patitos tal y como lo hacía yo. El sol corría despacio por el firmamento, como si también cayera hipnotizado ante lo que se le presentaba. Juro que podría haber pasado allí una vida entera mirando la escena. Me parapetaba en cualquier sendero, tiraba la bicicleta, dejaba a un lado la mochila, y me ponía a leer o escribir. Horas y horas echaba allí. Por la mañana me recorría los vestigios históricos y, después de comer, cruzaba el puente sobre el río Ping para huir pedaleando hacia los arrozales, dirección sur. Alucinaba con los cambios de tonalidad de los arrozales, un día unos eran de verde muy intenso, al siguiente verde esmeralda, al otro verde amarillento. “Igualito que un Julio en los campos de cereal en Castilla, de un día para otro mudan el color” me repetía a mí mismo constantemente. Cuando caía el sol, los pescadores improvisados, aun con el cestaño vacío, me regalaban un cálido saludo mientras los veía marchar vereda abajo, subidos en baratas bicicletas de fabricación china.

Una tarde vi como un lugareño soltaba delante de mí unos patitos por un arrozal que ya lucía unos brotes bastante crecidos. Se quedó allí, a mi lado, viendo cómo estos surcaban las aguas. Los animales, de un tono castaño, se afanaban emocionados ante la libertad recién adquirida, y dejaban ligeras ondas sobre el agua marrón que venían a morir a nuestros pies. Le pregunté el porqué de aquella suelta. El tipo, mirándome de arriba abajo, empezó a reír con ganas y dijo algo en thai acerca de que los extranjeros no sabemos nada del cultivo del arroz. Agaché la mirada, pleno de vergüenza, porque al menos en mi caso era la pura verdad. Cuando se calmó, ya con más pausa y voz baja en el habla, tal y como acostumbran a conversar los thais, le entendí que los patos se comen los bichitos que hacen enfermar al arroz, y además, al hacer sus necesidades, generan un abono que es oro molido para la tierra. Nada de lo que hace el hombre en el cultivo de los cereales es al azar, eso no varía, pises la parte del mundo que pises, solo el clima se escapa al control. Al cabo de un rato el tipo se despidió y, al ver que yo le preguntaba qué pasaba con los patos, me dijo que no había problema, que de allí no se moverían, que ya estaban acostumbrados y que volvería mañana a recogerlos. Así que nos quedamos allí los patos, parpando esporádicamente, y yo enfrascado en un ensayo de Galeano cuyo título era algo acerca de las venas abiertas de Latinoamérica. Adoraba la paz de los arrozales de Kamphaeng Phet.

Diametralmente opuestos a los campos de arroz lucían los templos de ésta que, en origen, fue una localidad destacada del reino primer reino Thai. Era un bastión defensivo, y nada más apropiado que bautizarla como “Muro de Diamante”, que es lo que significa su nombre en Thai. A semejanza de los Jemer en Phetchaburi, los Thai también se decidieron a construir santuarios en el perímetro del lugar. Exactamente los mismos que yo me animaba a visitar. Era un pequeño paseo en bici hasta alcanzarlos, y pese a que palidecen ante la gloria de los vestigios de Sukothai, eran un bello pasatiempo para los que amamos la historia de los reinos del sudeste asiático. Todos los budas en ellos lucían un aspecto desgastado por la acidez de una lluvia que, siglo tras siglo, los había modelado y pulido hasta dejarlos más como masas pétreas informes que otra cosa. Eran una singular paradoja en comparación con los hermosos y dorados Budas que uno podía encontrar por cualquier templo moderno del lugar. Así se presentaba Kamphaeng Phet, actual reducto de labradores, abandonado por las mieles de la historia...

P.S. Que de Galeano (excepcional, irreverente y clarividente autor) y su obra irá la introducción de este capítulo es algo obvio. Yo, de mientras que recuerdo, sigo montando los vídeos de Malasia y Tailandia de a finales de 2012; los mismos que visualmente, gracias a Dios, se parecen mucho a los que en algún momento del pasado hubiera soñado con poder ver. Savia nueva, savia rememorada para un optimista corazón. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Vídeo de México y Cuba

Llega con mucho retraso porque fue un viaje en Junio de 2012, pero finalmente está listo el vídeo de nuestro recorrido por el centro de México y por la isla de Cuba. Pasando en el periplo azteca por el Museo de Antropología del D.F. para luego recorrer Michoacán, disfrutar del mezcal en Guanajuato y descansar en Oaxaca aunque estas imágenes últimas no van en el montaje porque se estropeó la videocámara y no las tenía guardadas. Finalmente parada breve por Cienfuegos y Trinidad antes y después de hacer largas fondas en La Habana. Todo ello en poco más de sesenta minutos de recuerdos y sensaciones revividas.


miércoles, 8 de mayo de 2013

De futuro, vídeos, actualizaciones y demás...

Mañana con mucha seguridad remataré el vídeo de México-Cuba que, además, vendrá con la novedad (que se repetirá ya en los siguientes vídeos) de incorporar unos cuantos subtítulos en inglés, descriptivos de los lugares que se van viendo. Es un modo de probar algo diferente ya que, pese a que mi idea original era doblar los vídeos al inglés, finalmente lo he desechado por el inmenso curro (y tiempo) que supone doblar los textos de español a inglés. Ya me cuesta horrores ir sacando en castellano vídeos atrasados (éste de México-Cuba es de un viaje de Junio de 2012) como para andar con traducciones y demás... El caso es que trasteando con el programa de edición (Sony Vegas) he encontrado esta opción y, coño, pues más o menos he decidido probar a ver qué tal sale porque insertar unos comentarios escritos en inglés tampoco me cuesta tanto. He tenido muchas dudas a la hora de incorporar estos subtítulos porque siempre he creído y he creado los vídeos como un puro entretenimiento y de recuerdo personal, pero algún comentario y e-mails me han hecho pensar que quizás podrían servir a muchos anónimos de habla no española que han mostrado su interés en los comentarios que hago en ellos. En fin, los próximos tres o cuatro vídeos llevarán esta novedad y para más adelante ya decidiré si vuelvo al origen o los dejo así de modo definitivo.

Siguiendo con el asunto de los vídeos ya tengo casi montado el primero de Malasia-Tailandia, y la verdad es que viendo un poco los resultados creo que el paso a Alta Definición es algo que debí haber hecho antes... Este vídeo asiático, el primero de los dos que resumirán aquella ruta, luce muy chulo teniendo en cuenta que ambos serán completos en HD (a diferencia del vídeo de México-Cuba que aún en su apartado azteca está grabado en SD), y ya para futuros viajes espero funcionar con la nueva Panasonic HC-X800 que agencié en Praga y con la que aluciné grabando las últimas imágenes del vídeo que será de Croacia y República Checa (para Junio-Julio estará listo).

Un último tema (Ta, apunta) es el de los billetes de avión, como los últimos años, para el largo viaje (a ver si se convierte en clásico) de Asia allá por Octubre. En esta ocasión voy con la Qatar, pararé en Shanghai para hacer casi un mes por China (parques nacionales del Este, Fujian y un par de sitios y una buena amiga en Guizhou-Chongqing), del orden de tres semanas en Myanmar y dos semanas por Tai la primera quincena de Diciembre. Saliendo el 19 de Octubre y regresando el 12 de Diciembre contabilizará un total de 55 días. Sin embargo, Myanmar ahora mismo es una incógnita. Sé que quiero volver a Mandalay, más que un nombre aunque tanto Theroux como Somerset Maugham se hayan emperrado en lo contrario, y pasar por Loikaw y Mrauk-U; pero está el asunto turístico tan movido (por masificado y de precios inflados) por allí que no sé si al final cambiaré de ruta y dejaré el segundo libro para un poquito más adelante, cuando todo vuelva a la "normalidad" en la vieja Birmania. También cuento con que saldré fatigado de China, un país tan hermoso como complejo moverse por él y tras el que las carreteras birmanas pueden ser una tortura insufrible... Tiempo al tiempo, a ver cómo se desarrollan los próximos meses, a ver cuánto puedo ahorrar, a ver... 

sábado, 20 de abril de 2013

Reflexión cruzada con memoriasdelmundo.com


Reflexión original de Any

Hola

Leí esta entrada hace unos días, en Praga, pero viajando con el terremoto que es mi madre hube de quedarme con las ganas de responder hasta el regreso.

En realidad yo considero que, siendo tu frustración comprensible, este debate, en este país cainita y de blogers más preocupados del marketing que del concepto mismo de viajar, debería estar superado. Hace poco un escritor famoso de quien no recuerdo el nombre decía que el éxito en nuestros días se compone en un cinco por ciento de inspiración y un noventa y cinco por ciento de promoción (eufemismo de enchufismo y estómagos agradecidos)… yo, cuando leía blogs de viajes en español, comprobé que es verdad. 

Ahora no suelo leer blogs en castellano excepto dos o tres (uno de ellos éste, obviamente) pero puedo poner el ejemplo de la que escribe un blog desde Bangkok en un medio de difusión como es el diario “El Mundo” que es, sencillamente, patético y lleno de clichés en ocasiones muy agresivos hacia el pueblo tailandés. Y eso en un medio de tirada nacional y con muchos millones de visitas. Lo que debería ser un referente aunque solo fuera por repercusión es, lamentablemente, una triste visión distorsionada y encorsetada de algo que los que hemos tenido la fortuna de viajar por tierras tailandesas con asiduidad sabemos que está escrito con mala fe. Y, por supuesto, alguna vez que pretende hacer referencia a la sociedad tailandesa se pierde uniformizando todo en ridículos tópicos como la prostitución, el respeto a la monarquía, las relaciones extramatrimoniales y demás. Y éste es solo un ejemplo, que podría poner muchos más. En este país no hay cultura viajera, y los blogs en general son solo un ejemplo, un altavoz de lo necios, desinformados y uniformizados en ideas falsas que viajan los ciudadanos españoles a los países de los que buscan información en ese tipo de blogs y luego la calcan en los suyos. Eso, volviendo al tema, a mí me ayuda a entender porque ni Dios se para a preocuparse qué inquietudes o necesidades puede tener la población autóctona. Siempre hay mirlos blancos, por supuesto, incluso en grupos de touroperador que, por si fuera poco, tienden a reforzar aún más esta visión unidireccional. Pero, tristemente, son minoría.

Todavía hay otro factor aún más poderoso que ayuda a entender el porqué de esta nula preocupación por la cultura local que no es sino el reflejo de lo que tú lees en blogs. Me refiero a la potente subcultura que es el tipo de viaje en sí mismo en el que se busca estar rodeado, exclusivamente, de gente viajera, de bares chis de reggae, de Mcdonalds o de agencias de viaje a medida. Esto daría para una encíclica, pero voy a intentar resumirlo porque los que pasamos por este blog sabemos ampliamente de qué hablo. Todo el mundo hemos leído a gente que, antes de partir, hablaba en blogs o foros de su querencia por un contacto estrecho con la cultura local y, en consecuencia, su ruta era Khao San, Phuket y la zona de Loi Kroh en Chiang Mai. ¿Mienten? En realidad no, porque esa subcultura ha devorado la autóctona en esos sitios y ha creado un universo, la citada subcultura, para ellos. Y ciertamente es local porque está allí. El problema es pensar que esa es la cultura local y no entender que eso mismo, en la misma proporción, es lo que existe en Barcelona, Praga, Pai o Cuzco. Y existe porque ellos lo demandan, ellos han transformado la realidad local para acomodarse a lo que ellos demandan porque, mochileros o no, tienen un poder económico tan brutal que ha fagocitado y transformado lo local deseoso de lo que sale a borbotones de sus bolsillos. La guía LP dice una verdad como un templo (una de las pocas): el ochenta por ciento de los viajeros solo pisa el veinte por ciento de los sitios. Y es tal el poder de esta subcultura que ha evaporado todo a su paso. La triste realidad es que a esta gran mayoría de viajeros (y por extensión blogers) no les preocupa lo más mínimo qué suceda tres kilómetros más allá porque bastante tienen con tomar el sol, bailar reggae y comentarle al de al lado lo chulo que es el país y lo majos que son los tailandeses (¿¿¿???) sin darse cuenta de que solo conocen a los que les sirven tragos, les limpian la habitación y les organizan tours, o sea, los que están allí exclusivamente para darles servicios a ellos.

En fin, tampoco quiero aburrir porque este análisis, acertado o no, seguro que todos nos la hemos hecho más de una ocasión. Repito que para mí el asunto no tiene ni medio pase, es algo que ya ni me cuestiono. Sencillamente en ocasiones hasta me alegro porque la inmensa mayoría de viajeros no conciben un mundo, una realidad social más allá de sus guetos y eso nos proporciona a otros pocos la posibilidad de explorar mundos no contaminados.

En todo caso entiendo tu penar, Any, pero creo que no deberías pensar que esta gente actúa indiferente hacia la realidad social. Yo creo que sencillamente no la conocen porque no quieren (y cada uno viaja como quiere, por supuesto) o esa subcultura turística voraz les atrapa poniéndoles todos los vicios y caprichos al alcance de la mano para diluir las pocas inquietudes sociales que pudieran tener de antemano. Probablemente si la conocieran actuarían de un modo distinto. Yo prefiero pensar eso…

Un saludo y, una vez más, gracias por citar el blog :-)

P.S. Hubiera deseado postear esta respuesta como un comentario en memoriasdelmundo.com, pero la limitación de caracteres me lo impidió.      

martes, 16 de abril de 2013

Ceske Budejovice y el precioso Cesky Krumlov















Ya en Praga, fin de ruta. Mañana a Kutna Hora para oxigenarnos del gentío que abarrota la capital checa. Praga, por otra parte, da toda la sensación de haberse convertido en otro juguete (más) de esa subcultura que fagocita lo autóctono llamada turismo ignorante y desaforado. La misma que ha borrado casi cualquier rastro de cultura checa del centro de esta ciudad para convertirla en otro Khao San de a peso con los mismos bares (que no falten los de reggae), puestos de trenzas, retratos, artesanías donde se lee Czech por un lado y "Made in China" por otro y, en definitiva, todo eso uniformizado que se encuentra en cualquier reducto hiperturístico del planeta. Al menos la cerveza es de aquí, es barata y nos ayuda a suspirar por el paraiso dejado atrás, en Cesky Krumlov... lástima que nadie moviera un dedo mientras reconvertían el Puente de Carlos en la galería comercial de Carlos que asemeja ahora.

P.S. Ta ¡Feliz Songkran! Cesky Krumlov estaba plagado de tailandeses, me lo pasé como un enano charlando con ellos, y la Maite aburrida de hacer el wai y del sawati kha cada dos por tres, jejeje. Había montonazos de ellos, increible. A ver si dejaba de pararme a hablar con ellos me decía la tía, que menudo cariño les tenía, como para no, respondía yo, siempre me han tratado de cine en su país, como a un hijo. Y todo el mundo que si conocía Pattaya (¿¿?? mai), Phuket (¿¿¿??? maiiiii), y yo que suelo ir a Isan, a Nong Khai, Sakon Nakhon, que allí soy feliz, y muchos se reían y me decían que entonces debía tener novia allí, jejeje. Fueron unos días felices... ¿ti ni pai mai? chai, para Loy Krathong volveré a casa...   

sábado, 13 de abril de 2013

Área de Ceske Budejovice












Después de tres días abandonamos con pena el precioso Ceske Budejovice (las fotos en la próxima entrada), un lugar donde las cosas cuestan lo que valen, la gente sonríe con amabilidad y el viajero puede reencontrarse con todos esos detalles que le reconcilian con el viaje, todo aquello de lo que adolecía Croacia. La pena se ha difuminado rápido porque Cesky Krumlov no da resquicio para ello. Un pueblo precioso a cada parpadeo en el que hacemos parada y fonda por un par de días que van a ser tres con mucha seguridad. Se aproxima Praga y, con ella, el final de una ruta de hacer la goma, por momentos arriba y por momentos abajo. Toca entonar el mea culpa porque en este viaje he fallado con la planificación, sabía qué me podía deparar cada destino y aún así me quedo con la sensación de que no he distribuido bien los días. En todo caso con hambre de paisajes y gentes de la vieja Checoslovaquia no nos quedamos porque en Junio, del 12 al 28, andaremos por tierras eslovacas y del sur de Polonia.

P.S. Un cariñoso recuerdo para Roberto por su sentido e-mail acerca de los vídeos. Ese tipo de cosas son las que insuflan la vida, el ánimo para seguir colgando en la red los documentales. Los que faltan de Malasia y Tailandia están al caer, probablemente para finales de Mayo o primeros de Junio estén listos si consigo rematar un par de cosas que tengo todavía más atrasadas. 

martes, 9 de abril de 2013

Turbulento, nevado y soberbio: P.N. Lagos de Plitvice



















Ya en Zagreb, con el agradable regusto de un sitio excepcional como el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice que nos recibió desbordado y con un precioso manto níveo por doquier. Al fin un sitio que nos haya llamado la atención. Mañana rumbo a la República Checa desde un Zagreb que me ha impresionado muy positivamente pese a lo infravalorado que está. Creo que las mejores conclusiones (¡cómo si no las hubiera imaginado de antemano!) que se pueden sacar a bote pronto, aún a riesgo de equivocarme muy probablemente, son que:  

1. Cuando los turistas están en una porquería de sitio, cualquiera imaginable, pero éste, sorpresa, tiene unos gramos de arena (incluso guijarros como aquí), un agua translúcida y cuatro rayos de sol, ese sitio (voilá) es la repanocha y todos se ponen cachondos al mismo tiempo para alabar sus virtudes. Debe ser en ese punto álgido, sabroso de casi eyaculación, cuando hasta cualquier iglesia de tres al cuarto parece el Vaticano o la catedral de Siena y cualquier plaza de bellas losetas se convierte, por arte de magia, en la Plaza Roja de Moscú. La realidad, tristemente, es que Croacia en mi opinión destacará por su sol, calas, tragos y seguro que cien mil cosas más... por su patrimonio y sus gentes, bajo mi experiencia, ni para Dios. De hecho estos tipos croatas con los que hemos topado han demostrado ser hoscos y poco amistosos de un modo exagerado. Incluso entre ellos parecen comportarse de esta manera, así que creo que tampoco lo tomaré como algo exclusivo y dedicado para nosotros, circunspectos turistas.  

2.  Se cumple, una vez más y ya van no sé cuántas, el precepto de que cuanto más caro es un destino más tienden los turistas a sobrevalorarlo injustificadamente. Lo repito: Croacia es, en ocasiones, absurdo de caro, especialmente el sur de Dalmacia. Casualidad, por supuesto, la parte que más turistas recibe y que, ¡oh sorpresa! mejores críticas tiene...