LIBROS, DOCUMENTALES, FACEBOOK...

"Río Madre", primer libro que resume en leyendas e historia un viaje por la antigua Indochina, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHS0pJWmlHZ0lvZDA

"Trémula Pagoda, Corazón Esmeralda", segundo libro con apuntes y vivencias de varios viajes por Tailandia, disponible en el siguiente enlace:

http://docs.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHc3NxZVk5UUM2S3M

"El viaje es lo de menos", selección de treinta y cuatro textos, redactados en viajes por Asia y América, que conforman el tercer libro:

http://drive.google.com/file/d/0Bx3BulzM-UhHeHlaNXlDN09vaEk/view?usp=sharing

Todos los documentales subidos a Youtube:

http://www.youtube.com/user/Botitas2006

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BLOG LIBRE DE PUBLICIDAD Y PATROCINIOS Aquí no encontrarás espacios publicitarios, y tampoco se va a pretender "colocarte" un seguro de viajes, una agencia o un buscador de hoteles o vuelos. Por supuesto que no se te va a vender nada por puro interés comercial, ni encontrarás referencias a agencias -oficiales o no- de turismo. Aquí no se te va a recomendar dónde dormir o comer, ni siquiera cómo moverte porque gestionar todo eso en destino, compañero/a, es la pura esencia de viajar y ya lo sabes hacer tú solo/a. Yo no te voy a intentar adoctrinar, señalar el camino, robar lo vital: el placer de viajar y descubrir por ti mismo/a. Éste, después de años de recorrido, pretende seguir siendo solo un blog escrito de viajero a viajero/a; un blog de las emociones que, para lo bueno y lo malo, regalan la ruta y la convivencia en otras culturas, con otros seres; un blog donde todas y cada una de las experiencias que se cuentan se han financiado de mi bolsillo, han dibujado la más amplia sonrisa en mi rostro, han rodado por mis mejillas transformadas en lágrimas y siempre, siempre, han marcado el latido en mi corazón; un blog, en resumen, de viajero siempre en construcción que pretende ser tan honesto como respetuoso contigo. Sin engaños, sin publicidad.

lunes, 20 de noviembre de 2017

De Luang Prabang a Nan (actualizado noviembre 2017)

Bueno, pues sí que es posible unir estas dos ciudades en una jornada pese a que el bus que anunciaba la conexión directa ya no existe (de hecho creo que nunca lo hizo). Yo lo he hecho bajando a Sayabouri, en Laos, a un par de horas de Luang Prabang, y enlazando allí con una minivan que al cabo de tres horas me ha dejado en la frontera de Muang Ngeun. Al cruzar empezaba lo jodido porque el último bus se ha pirado a las tres de la tarde y eran las tres y cuarto cuando he cruzado. He hablado con unos tipos Lao que han cruzado conmigo acerca de alquilar un pick-up hasta Nan o Pua, pero ha sido un Thai quien me ha comentado que venían a recogerle y que él me acercaba hasta Pua para pillar allí el bus a Nan. Dicho y hecho, estilo tailandés total a bordo del remolque de un pick-up, me ha dejado en Pua y de allí a Nan en un santiamén. ¿Precio del favor? Una sonrisa y otra deuda que será saldada cuando toque. Me tiene un poco débil un catarro que he pillado pero confío poder visitar algo nuevo de este Nan que está petado de turistas locales (mañana es festivo en Tailandia, cumpleaños del difunto rey Bhumibol, y coincide puente).  

ACTUALIZACIÓN NOVIEMBRE 2017: Por fin ha echado a andar la conexión directa a Nan desde Luang Prabang. El caso es que hemos sacado un par de billetes a Sayabouri en el bus a Loei, lo que ya conocía, y, justo al ir a montar, resulta que el bus de al lado marcaba dirección Nan. En Luang Prabang ni saben que existe, y en la web de la estación de buses ni aparece esta ruta. Cambio de billetes y felicidad porque nos ahorramos los transbordos que cito arriba. Por delante ocho horas a cambio de dieciséis pavos. Todo iba bien hasta que, con la carretera mojada en el complicado tramo desde Sayabouri hasta Muang Ngeun, un tipo lao nos ha embestido de lateral y ha reventado su pick-up. Muy Thai todo aquello... Has sido tú. Que no, hombre, que has sido tú. Risas, colegueo y buenrollismo pero nadie afloja. Luego llega la poli y se la calzan (la culpa) al tailandés, obvio porque en tierra Lao funcionan igual que en tierra Thai: siempre barren para casa. Los tailandeses que ni para Dios, que ellos no se comen el marrón. Roberto y yo flipando porque lo hemos visto y ha sido escandaloso cómo se ha metido el pick-up en nuestro carril por esquivar un bache. Viene un policía y pregunta si sé hablar su idioma para que cuente mi historia. ¡Qué casualidad!, resulta que veo un uniforme y se me olvida hasta mi nombre en castellano. Yo no tengo ni idea. La poli remolonea, charla con unos y otros, vuelve a charlar, charla una vez más... y como ve que no hay tema se hace la de Pilatos y llama al seguro. Asoma un tipo desgarbado al cabo de una hora. Éste, imagina, vuelve a barrer para casa: culpa del autobús. ¿Y ahora? Ahora llevamos tres horas parados y no podemos irnos porque la poli reclama, agárrate a la silla, ¡¡¡diez mil bahts!!! (doscientos cincuenta euros al cambio) por gastos de grúa del coche siniestrado. Al parecer el seguro tailandés cubre daños a terceros pero no su remonte a un taller. ¿Y ahora? Pues a esperar que venga un conocido del conductor porque ni este ni su acompañante llevan tanta pasta encima. Y yo que pensaba que los sablazos eran deferencia para turistas... pues no, entre ellos también se la meten hasta el fondo sin ningún rubor. Al final ha llegado la pasta, nuevas risas, ni un solo mal gesto o voz elevada, muchos deseos de suerte mutua y, tras más de cuatro horas, rumbo a Nan al que hemos llegado a eso de las nueve en vez de las pronosticadas cuatro y media de la tarde. 

A veces preparas el día, como el año pasado, con más incógnitas que certezas, sin saber a ciencia cierta dónde dormirás ni cuándo llegarás a tu destino, pero te sonríe la suerte y todo casa a la perfección. Memorable. Otras sales roncando porque crees que lo llevas todo bien atado, más fácil imposible, y las circunstancias te recuerdan que eres solo un muñeco a su merced. Te roban horas de ruta y te regalan experiencias no menos memorables. Así funciona esto, y nada mejor que una barbacoa en un tugurio de Nan para celebrarlo.



domingo, 19 de noviembre de 2017

Luang Prabang (II)

Algunos de los templos más soberbios del sudeste asiático se apiñan en este Luang Prabang que, sin ser apenas consciente, se te va abriendo ante los ojos como una secuencia del pasado teñida del blanco de los frangipanis y el azafrán de las túnicas monásticas. Sí, es caro. Sí, está petado. Sí, es precioso y un lugar al que regresar con sonrisa fija sin que nada de lo demás importe demasiado. Mañana rumbo a Nan, de vuelta a Tailandia, a repetir la jugada del año pasado en que conseguí llegar en un solo día sin hacer noche por el camino. De un modo u otro lo conseguiremos. Y la sonrisa no se va porque Nan, le digo por enésima vez, es uno de los mejores destinos (y más desconocidos) de tierra Thai.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Luang Prabang (I)

En la histórica capital Lao los templos son el reclamo, está claro, pero a una treintena de kilómetros quedan las cuevas de Pak Ou que, hace casi diez años, eran un agradable lugar para escapar de Luang Prabang sin abandonar la vega del Mekong. Ya no. Aquello está descojonado por hordas de turistas que bajan en grupos y, dado que las cuevas son diminutas, hacen imposible menearse por el perímetro. Suma a eso lo caro que se ha puesto Luang Prabang (algo que comprobé hace un año), detalle que complica llegar hasta allí (pagar dieciocho pavos por songthaew de ida y vuelta es absurdo), y el cociente es un fiasco de excursión y de día que, en parte, se endulza por la belleza intrínseca de esta joya colonial francesa. De veras que Pak Ou, sin ser nada del otro mundo, era entrañable; hoy, sin embargo, solo puedo desaconsejar su visita. Mañana, obvio, templos de la ciudad.